Cerrado por vacaciones
Cuando era pequeña no me gustaba mucho el mes de agosto porque empezaba a notar la decadencia del verano. Me producía el mismo efecto que un domingo, notaba como los días se iban acortando y en cierto modo comenzaba la cuenta atrás para la vuelta al colegio. Pero quizás lo más aburrido de esos agostos ochenteros y noventeros era que todo estaba cerrado por vacaciones. Había menos gente por las calles, los comercios del barrio y los bares echaban el cierre por unos días y la vida parecía detenerse alternando los calurosos días de primeros de agosto con las tormentas de finales de mes que me recordaban aún más que la vuelta a la rutina estaba al caer.
Ya en mis años universitarios, haciendo las prácticas de Periodismo, agosto me seguía pareciendo un mes insulso, la agenda política era bastante relajada, los políticos querían disfrutar de sus “merecidas” vacaciones, y yo me quedaba cubriendo las olas de calor (el calentamiento global ya empezaba a hacerse notar), las plagas de cucarachas y el elevado coste de organizar una boda en verano.
Una vez entré de lleno en el mundo laboral perdí esa noción del tiempo y aunque el mes de agosto lo pasaba trabajando, seguía siendo un mes anodino en el que me parecía que la vida se detenía y se nos daba un respiro en el ajetreo cotidiano. Las noticias eran ligeras, sin grandes sobresaltos en la esfera política nacional e internacional, ya vendría septiembre para retomar los problemas o crear unos nuevos.
Sin embargo, a partir de la pandemia del COVID, tengo la sensación de que agosto ha dejado de ser un periodo tranquilo de terrazas y helados. Recuerdo ese mes de agosto de 2020 teletrabajando a destajo desde el salón de mi casa, pensando que toda esa carga laboral venía dada por los meses anteriores de incertidumbre por la pandemia. Ese mismo mes de agosto explotaban dos mil setecientas toneladas de nitrato de amonio en el puerto de Beirut, dejando centenares de muertos, heridos y personas sin hogar.
De la pandemia a los extremismos
La pandemia llegó a su pico más alto superándose los 25 millones de contagios a nivel mundial y en la selva Amazónica se contabilizaron más de 10.000 incendios antes de la primera quincena de agosto, lo que suponía el mayor número de los registrados en la última década.
A partir de aquí (o quizá es que yo he empezado a ser más consciente), agosto ha venido acompañado de noticias malas, injustas o tristes. El 15 de agosto de 2021, tras la retirada de las tropas estadounidenses, los talibanes volvieron a tomar Kabul, restableciendo un régimen caracterizado por la inexistencia de derechos humanos, especialmente para la mujer.
Apenas un año más tarde, el 12 de agosto de 2022, el escritor de origen indio Salman Rushdie, autor de la polémica obra 'Los versos satánicos' que le costó una fatwa del Ayatolá Jomeini por considerarla una blasfemia, era apuñalado múltiples veces durante una conferencia en el estado de Nueva York. Como consecuencia del ataque terrorista Rushdie perdió un ojo y la movilidad en un brazo y sufrió daños graves en el cuello y el abdomen. El incidente no ha privado al autor de seguir escribiendo, pero ese mes de agosto se volvió a poner sobre la mesa los atentados contra la libertad de expresión.
Agosto de 2023, las chicas de la selección española de fútbol ganaban el Mundial Femenino, pero la celebración se vio ensombrecida por el beso que el entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, dio a la centrocampista Jenni Hermoso durante la entrega de trofeos. El hecho tuvo repercusión internacional, enfrentamientos entre defensores y detractores de Jenni Hermoso y Luis Rubiales y la renuncia en masa de las jugadoras a la selección nacional española, entre otras cosas. El 'caso Rubiales' sobrepasó el mes de agosto, pero eclipsó un paso deportivo muy importante para el fútbol femenino.
En agosto de 2024 se produjo el atentado terrorista más mortífero de la historia de Burkina Faso. El ataque perpetrado por el grupo yihadista JINIM, vinculado a Al-Qaeda, acabó con la vida de algo más de cuatrocientas personas entre militares y civiles.
He cruzado los dedos toda la primavera para tener un agosto tedioso, aburrido, en el que las noticias más interesantes fueran mirar en televisión el elevado precio de las bodas o que la gente prefiere casarse en invierno. No los he cruzado bien
Un año más tarde, en agosto de 2025 una oleada de incendios forestales arrasó grandes superficies en Castilla León y Galicia, más de treinta mil personas fueron evacuadas y hubo cuatro fallecidos. Además, a finales de mes, Naciones Unidas publicaba un informe en el que alertaba de la terrible situación de hambruna en Gaza donde el 90% de la población sufríainanición, situación que se cebaba especialmente con los niños.
Y llegamos a agosto de 2026. He cruzado los dedos toda la primavera para tener un agosto tedioso, aburrido, en el que las noticias más interesantes fueran mirar en televisión el elevado precio de las bodas o que la gente prefiere casarse en invierno. No los he cruzado bien. Agosto comenzó con una crisis migratoria entre España y Marruecos sin precedentes. Más de 40.000 migrantes marroquíes llegaron a Ceuta a nado o en flotadores bordeando el espigón de la playa de El Tarajal. El hecho ha abierto crisis a nivel político, geopolítico y social salpicando no solo a Marruecos y España, sino a toda la Unión Europea y sacudiendo una vez más los cimientos del acuerdo Schengen.
Por otro lado, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sigue con su tira y afloja en el conflicto que inició hace ya unos meses con Irán. Y un terremoto de gran magnitud ha sacudido el oeste de Colombia. En el momento de escribir estas líneas la cifra de muertos supera los doscientos a lo que hay que añadir los centenares de heridos y los miles de desaparecidos.
Mientras tanto, cierro el periódico con desazón, escucho cantar a la chicharra y vienen a mi mente esos carteles de los agostos de antaño, cuando el mundo me parecía “más amable, más humano, menos raro”, en los que se leía por todas partes “Cerrado por vacaciones”. Y fantaseo con cerrar el mundo todo el mes de agosto para ver si se arregla algo y los problemas se calman como se calma en septiembre el canto de la chicharra.