Un hotel de 6.000 euros la noche no señala el acceso a una “preciosa cala” en Ibiza y presume de “acceso directo”
El camino hacia una angosta playa de Portinatx serpentea desde lo alto de la carretera e involucra el paso por un aparcamiento, unas escaleras de color terracota y un restaurante de lujo. Todo ello forma parte de un hotel de cinco estrellas que abrió sus puertas el pasado mes de julio y que abarca buena parte del litoral. De hecho, el acceso a la cala, de reducidas dimensiones y sin nombre, obliga a pasar por el alojamiento, inspirado en los colores y el estilo del desierto marroquí de Agafay y cuya edificación llega casi hasta la arena.
Allí, un socorrista controla, desde una silla, el mar. Es un trabajador de una empresa externa contratada por el hotel, explica al ser preguntado por este diario. Hasta hace poco, no trabajaban en Portinatx —continúa—, pero este verano la compañía tiene socorristas en tres alojamientos de alto standing de la zona vacacional. Uno de ellos es el Barceló Portinatx, ubicado a unos 20 metros de la playa.
La mayoría de los turistas que están en la cala frente al Nômade son clientes del establecimiento de lujo. Entre ellos, David, un parisino que viaja junto a su mujer y su hijo pequeño. Han venido a pasar sus vacaciones primero en una villa que han alquilado junto a unos amigos y ahora pasan cuatro días en el hotel, aunque les ha “decepcionado” un poco el servicio por el precio que han pagado.
La mayoría de las reseñas que acumula el hotel en la plataforma Booking —donde apenas alcanza una nota de cuatro puntos sobre diez— son negativas, a pesar de su alta categoría. El aparcamiento del alojamiento es exclusivo para clientes y cuenta con vigilancia —está dentro de la servidumbre de protección de Costas, que incluye algunos terrenos privados—. Sin embargo, hay que cruzarlo para llegar hasta la cala, que no cuenta con señalización pública.
Dos noches para dos personas en el Nômade Temple Ibiza, ubicado entre Cala Xarraca y Portinatx, rondan en pleno mes de agosto los 2.600 euros, eligiendo la opción de habitación más barata. En el caso de las suites con mejores vistas, el alojamiento se encarece hasta casi los 6.000 euros por pareja. A pesar de que los precios descienden levemente en temporada más baja, sobre todo a finales de septiembre, siguen estando por encima de los 1.600 euros.
Una filosofía vinculada al “crecimiento personal”
La cadena fue impulsada por el empresario argentino Antonio de la Rúa —hijo del expresidente argentino Fernando de la Rúa y expareja de la cantante Shakira— después de desarrollar complejos turísticos en Tulum y Holbox (México) y ha elegido Eivissa y Madrid para iniciar su desembarco en Europa.
Su propuesta va mucho más allá del alojamiento. En la capital ocupa un edificio histórico reconvertido en hotel de cinco estrellas, mientras que en el territorio insular se ha instalado en Portinatx con un establecimiento donde la experiencia gira alrededor del bienestar, la naturaleza y la espiritualidad.
Meditación, baños de hielo, sesiones de DJ, gastronomía, programas de bienestar e incluso una lista oficial de reproducción en Spotify forman parte del universo que comercializa la marca. En su propia presentación, Nômade asegura que busca que el visitante “no solo descubra un destino, sino que emprenda un viaje de transformación personal”.
El discurso conecta con una filosofía turística muy similar a la que desde hace años utilizan numerosos establecimientos de alta gama en Eivissa y que pasa por vender una experiencia asociada a un estilo de vida muy concreto, vinculado a un hippismo cada vez más glamuroso. Nômade Temple no ha respondido a la consulta de elDiario.es. El Ayuntamiento de Sant Joan tampoco ha contestado a las preguntas de este periódico antes de la publicación de este reportaje.
En su primera temporada en funcionamiento, una asfixiante mañana de agosto, los empleados suben y bajan por las escaleras —de color tierra, que pretenden integrarse lo máximo posible en el entorno natural que las envuelve— que serpentean desde la piscina de grandes dimensiones hasta el chiringuito que precede a la recóndita cala. El camino pasa por el spa —abierto a turistas de fuera del hotel— y también por el restaurante, bautizado como 4 Fuegos y con su propio concepto.
Un camarero coloca unos cojines de grandes dimensiones en el suelo arenisco de una terraza de piedra que se alza sobre la playa. Otro trabajador acaba de recoger los mats que acaban de utilizar los huéspedes para unirse a la clase de yoga impartida por la mañana. La siguiente actividad es nocturna: un baño conjunto a la luz de la Luna, detalla a elDiario.es otra empleada.
La existencia de una propiedad privada alrededor de una playa no está prohibida por sí misma. Puede haber terrenos privados colindantes con el dominio público marítimo-terrestre. Lo que no puede hacer el propietario es convertir de facto la playa en un espacio inaccesible al público. El impedimento de privatizar una playa —como ocurre en lugares como Cuba o la Riviera Maya— está regulado en España por la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas, a través de su artículo 33.1.
La existencia de una propiedad privada alrededor de una playa no está prohibida, pero el propietario no puede convertir de facto la playa en un espacio inaccesible al público
La normativa establece la servidumbre de acceso público y gratuito al mar y obliga a prever accesos suficientes y señala que estos deben estar “señalizados y abiertos al uso público”, recoge. Algo que no se cumple en el caso de la recóndita cala del Nômade, que explica lo siguiente en su página web: “El hotel ofrece acceso directo a una preciosa cala”.
La transformación de Portinatx
Portinatx es, desde hace casi una década, un enclave entregado a los hoteles ‘Adults Only’ —solo adultos— cada vez más lujosos, una tendencia que empezó en los años 2000 y que desde entonces ha ido in crescendo. Anteriormente, el enclave estaba enfocado principalmente al turismo familiar, sobre todo a familias del norte de Europa, pero progresivamente se fue reconvirtiendo en un área más pensada para establecimientos hoteleros de alta categoría. En los últimos años, comerciantes y pequeños empresarios de la zona han lamentado el giro —que además es general en la isla— hacia el lujo y la pérdida de visitantes de clase trabajadora.
Portinatx estaba enfocado principalmente al turismo familiar, pero progresivamente se fue reconvirtiendo en un área más pensada para establecimientos hoteleros de alta categoría
El éxito de este modelo se refleja, por lo menos en esta punta de Eivissa, en que la ocupación ha mantenido buenas cifras en todo lo que va de temporada. En otro hotel de elevada categoría ubicado detrás del Nômade —más antiguo que el mismo, vinculado a un concepto de sostenibilidad, pero erigido igualmente a escasísimos metros de la costa— un trabajador explica a elDiario.es que lo mismo: las habitaciones han estado durante el verano llenas de clientes.
La pequeña península que dibuja sobre el mapa parte de Portinatx —con la torre defensiva en el extremo, mirando hacia la costa catalana— ha sufrido una metamorfosis drástica en menos de un siglo. En 1956, antes de que las Pitiusas detonaran en un boom turístico, este territorio septentrional solo albergaba vegetación autóctona y en el mar no se divisaba ninguna embarcación.
Los primeros turistas de sol y playa
“Portinatx está situado en una zona muy estratégica, alrededor de tres playas: s’Arenal Gran, s’Arenal Petit i es Portitxol, que antes servía para exportar productos de los campos agrícolas hacia Mallorca y la ciudad”, explica el experto en Turismo Maurici Cuesta.
Además de para estas exportaciones, el puerto de Portinatx sirvió para el contrabando hasta que en los años 50 empezaron a llegar los primeros turistas, que sobre todo eran valencianos y catalanes que viajaban desde la Península, pero también extranjeros.
Fue entonces cuando empezaron a emerger los primeros quioscos —como se denomina a los chiringuitos de playa en las Pitiusas—, que más tarde se convirtieron en restaurantes con apartamentos en las plantas superiores hasta que en los años sesenta empezaron a construirse los primeros hoteles.
En ese momento, hubo un aumento considerable del número de plazas turísticas en Eivissa que se ocupaban de la mano de touroperadores europeos que fomentaban en la isla el turismo de sol y playa, que requería servicios como hamacas y sombrillas. Empresarios con terrenos agrícolas de la costa con poco valor encabezaron el cambio, que financiaron con el que se denominó crédito turístico, impulsado por el Estado.
Fue un momento en que peninsulares que se habían trasladado empezaron a construir pequeños chalets en el centro de Portinatx. Entonces era una localidad prácticamente aislada, con escasas conexiones de transporte público con la ciudad de Eivissa y unos lazos con el exterior que dependían de la vida burocrática y escolar.
“La construcción de la vía permitió que se desarrollara el litoral, también en los alrededores turísticos de la bahía de Cala Xarraca y Cala Xuclar”, señala Cuesta. El experto recuerda que cerca, en Cala d’en Serra, se proyectó el macrocomplejo turístico diseñado por el arquitecto catalán Josep Lluis Sert, que terminó abandonando y sobre el que ahora pesa una orden de demolición.
A mediados de los ochenta —como plasma el visualizador del Catastro, con datos sobre crecimiento urbanístico— se apreciaban numerosos barcos en la bahía y las primeras construcciones destinadas a la industria hotelera en las que invirtieron los residentes y los hoteleros locales. Entre ellas, se edificaron los antiguos apartamentos que más tarde se convirtieron en el complejo de lujo que ahora forma parte de la cadena de De La Rúa.
A pesar de que el área turística —la más importante del municipio de Sant Joan de Labritja, incluida en el Plan de Ordenación Turística (POT)— es hoy logísticamente más accesible, cada vez está más vinculada a nuevos poderes económicos. Un cambio que ya ha transformado, por otro lado, otros puntos homólogos de la isla como, por ejemplo, es Canar, en Santa Eulària. “Hasta no hace mucho, los negocios eran aún de familias de Portinatx, algo que sigue sucediendo en el caso de los servicios de playa”, observa el experto turístico. Pero hay “otros monstruos” —como los hoteles de lujo— que han engullido la costa.
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