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La economía social de Castilla-La Mancha reivindica su 'plus': fijar población, emplear a mujeres y jóvenes y cuidar el entorno

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La economía social no es un bloque homogéneo, sino un mosaico de familias muy distintas: cooperativas agroalimentarias, de enseñanza, de transporte, de trabajo asociado o de crédito, centros especiales de empleo, empresas de inserción, sociedades laborales o la propia red de economía solidaria. Coordinar esa diversidad, darle una voz común y prestarle servicios es la tarea de la Confederación de Asociaciones de Empresas de la Economía Social de Castilla-La Mancha, que hoy agrupa a diez entidades asociadas.

A todas ellas las une un mismo rasgo diferencial: la aspiración de aportar a la sociedad algo más que beneficio económico. Y en ese “algo más”, la sostenibilidad medioambiental y la igualdad de género no funcionan como añadidos de última hora, sino como dos dimensiones de un mismo modo de entender la actividad económica, uno que sitúa a las personas y al territorio por delante de la cuenta de resultados. Cómo se traduce esa declaración de principios en el día a día de un tejido formado, en buena parte, por entidades pequeñas y arraigadas al medio rural es una de las grandes claves del sector en la región.

Sobre ello conversamos con Pilar Calonge, técnica de la Confederación de Economía Social de Castilla-La Mancha.

¿Qué iniciativas están llevando a cabo las entidades de la Confederación para implantar medidas relacionadas con sostenibilidad e igualdad de género?

Partimos de la base de que la sostenibilidad ambiental y la igualdad están integradas en nuestra definición estatutaria de la propia Confederación y en nuestra hoja de ruta nuestras entidades asumen este compromiso explícito. Tienen que promover la igualdad de oportunidades y también la sostenibilidad socioambiental.

Por ponerte un ejemplo, el sector agroalimentario promueve sin duda la economía circular porque usan en sus instalaciones energías renovables, reutilizan residuos y buscan la eficiencia energética. Te podría decir también que la Red de Economía Alternativa y Solidaria, que opera en la agroecología y la gestión de residuos, o los centros especiales de empleo de iniciativa social y ASEIRCAM (Asociación de Empresas de Inserción de Castilla-La Mancha), que también generan empleo protegido para mujeres que están en riesgo de exclusión social en situación de vulnerabilidad o personas con algunas mujeres con algún tipo de discapacidad.

¿Por qué es tan importante contemplar y practicar estos dos valores?

Son uno de los principios y de los valores que nos diferencian del resto de estructuras. Somos economía social precisamente por esto, porque aportamos algo más a la sociedad. Aportamos un valor que no es tangible, no es económico, no tiene cifras y se refleja muy bien en la igualdad de género, que ya no es solo igualdad retributiva, sino en la participación de la mujer en la toma de decisiones, que también es uno de nuestros puntos estatutarios.

¿Es complicado integrar estas dos áreas dentro del día a día y de los proyectos de las familias que forman la Confederación? ¿Qué dificultades existen para lograr esos objetivos?

Sí es complicado porque gran parte de este tejido de la economía social en Castilla-La Mancha está formado por pequeñas entidades que no tienen recursos financieros o personal técnico suficiente para asumir por ellas mismos los costes de la transición ecológica, por ejemplo.

También existe un desconocimiento de la economía social que está extendido tanto en las ventanillas públicas de emprendimiento como en las gestorías privadas o asesorías. Y eso complica el acompañamiento, porque para nuestras entidades es difícil elaborar por sí mismas un plan de igualdad o una memoria de sustentabilidad porque son empresas pues pequeñas.

Por no hablar de la brecha digital, ya que la mayoría están ubicadas en zonas en riesgo de despoblación. También nos encontramos con un hándicap que es la competencia desleal porque hay empresas de capital que adoptan conceptos de sostenibilidad, pero solo lo hacen de puertas afuera, mientras que nosotros tenemos esos valores en nuestros estatutos y los tenemos que cumplir porque, de lo contrario, no seríamos economía social.

¿Cómo se pueden superar estas dificultades?

El apoyo de la administración es fundamental. Ya existe alguna convocatoria estable para algunas ayudas muy limitadas, pero debería haber un apoyo más continuado y más fuerte.

Otro punto que también hablamos mucho en las reuniones es hacer un acceso preferente en las licitaciones públicas, a través de cláusulas sociales y reservadas con las que financiar todas estas necesidades de profesionalización de estructuras.

¿Hay potencial para crear empleo en entidades que aplican estos criterios de sostenibilidad y de igualdad de género?

Este tema lo hablamos mucho en nuestras juntas directivas. Nosotros pensamos que las empresas de economía social contribuyen a fijar población porque las grandes empresas tienden a ubicarse en grandes ciudades, en entornos urbanos... Y, sin embargo, nuestras empresas de economía social permanecen en el territorio rural y además de generar riqueza pues contribuyen a la generación de empleo en puestos de trabajo para mujeres y para jóvenes en especial.

Sin ir más lejos, las cooperativas agroalimentarias están ubicadas en casi todos los pueblos en los municipios de castilla la mancha muchos de ellos no tendrían estos servicios muchos servicios como tiendas de cercanía, desde gasoil si no existieran las cooperativas agroalimentarias.

También hay que destacar la labor de los centros especiales de empleo o de las empresas de inserción, porque están profesionalizando la economía de los cuidados y crean puestos de trabajo que ocupan en su mayoría mujeres del medio rural.

¿Cómo te gustaría que evolucionase el sector de la economía social en Castilla-La Mancha en los próximos años?

Pensando a largo plazo como si fuera el sueño que todos tenemos cuando nos vamos a la cama, pensando cómo vería a la economía social, sería como referente, como una empresa con valores que genera un valor a la sociedad.

En este punto, me gustaría destacar que en la Confederación hemos creado un certificado que precisamente tiene este lema: valores que suman valor, y que pretende certificar a las empresas de economía social dándoles un sello que las identifique por su manera distinta de hacer las cosas, de pensar en la igualdad y en la sostenibilidad

Es un sello al que estamos dando difusión y que hemos lanzado en el mes de junio, pues queremos que nuestras empresas se certifiquen precisamente para llegar a esa visión de futuro, de ser empresas referentes en la economía social de Castilla-La Mancha.