Ajedrez electoral
El anuncio del presidente del Gobierno, convocando elecciones generales para el 29 de noviembre acaba de agitar el tablero. Hasta el punto de que muchas de las piezas, las más numerosas del contrario, están a punto de caer. No se puede jugar al ajedrez sin contrincante. Y las elecciones van a ser como una partida de ajedrez, con dos jugadores que aspiran a ganar.
Nada hay en la política más diferencial que la lucha por conquistar el poder. Nadie quiere hacer tablas. Al objetivo de ganar, al de alcanzar el poder, se supeditan todos los demás. Sabido es que Pedro Sánchez es un auténtico maestro de la estrategia, y la decisión de convocar elecciones ahora y no antes ni más adelante, parece, desde mi punto de vista, muy acertada para dar la batalla y aspirar a ganar.
La oposición de Junts a convalidar los reales decretos sobre la vivienda, ahora, en este momento de gran sensibilidad social, es un gesto de extraordinaria deslealtad. Con el gobierno, por supuesto, después de una legislatura de tiras y aflojas exasperantes; y con los ciudadanos que, en un país desarrollado como el nuestro, se encuentran, sobre todo los más jóvenes, sin poder acceder a una vivienda, no ya en propiedad, sino ni siquiera en régimen de alquiler.
Y si no va a haber apoyos para sacar adelante algo tan importante, como ayudar a los ciudadanos de a pie, a los más vulnerables, a la clase obrera y a la menguante clase media, en la difícil tarea de disponer de una vivienda digna, es mejor disolver las Cortes. Y, desde el punto de vista de la estrategia, también. Las manifestaciones en las calles, las acampadas de los jóvenes por toda España son un inmenso e ilusionante soplo de aire fresco, que, sin duda, va a movilizar a la izquierda.
Será difícil revertir lo que anuncian las encuestas, pero estoy seguro de que hay partida. Mucho más ajustada de lo que parecía. Como dijo el presidente al anunciar la convocatoria de elecciones, quedan muchas cosas por hacer desde una visión progresista, reduciendo las terribles desigualdades sociales, garantizando servicios públicos y el acceso a la vivienda. Y será la izquierda quien lo haga.
Nos jugamos mucho. Más que en otras ocasiones. En un mundo complicado, con guerras, conflictos de todo tipo, auge de la ultraderecha y renuncia al humanismo, a los valores y a los derechos humanos, es más necesario que nunca un gobierno de izquierdas.
Vamos a ganar la partida.