Castilla-La Mancha Opinión y blogs

Sobre este blog

Cuidar a quienes educan es cuidar nuestro futuro

0

Cada 5 de octubre celebramos el Día Mundial de los Docentes. Este año, bajo el lema 'Apoyar al personal docente: 60 años protegiendo la profesión, promoviendo su condición y configurando nuestro futuro', la fecha debería servir para algo más que para una celebración.

Después de más de cincuenta años dedicados a la educación, habiendo ejercido la docencia en distintos niveles, participado en numerosas investigaciones y publicaciones, sigo convencida de algo que hoy necesitamos recordar con más fuerza que nunca: no hay transformación social posible sin educación. Y no hay educación de calidad sin docentes bien formados, reconocidos y apoyados.

Al profesorado le estamos demandando mucho. Le pedimos que enseñe contenidos, eduque en valores, atienda la diversidad, detecte dificultades, prevenga el acoso, acompañe emocionalmente, forme ciudadanos críticos y, ahora también, que sepa utilizar la inteligencia artificial. Todo ello en aulas cada vez más complejas y diversas.

La pregunta no es si los docentes están preparados. La pregunta es si les estamos dando las condiciones para hacerlo.

La tecnología puede ser una gran aliada, pero nunca debería hacernos olvidar que educar es una tarea esencialmente humana. Una máquina puede ofrecer información o generar textos. Pero enseñar a pensar, despertar la curiosidad, acompañar ante una dificultad o transmitir confianza cuando un alumno o alumna está a punto de abandonar solo lo pueden hacer las personas.

Y aquí aparece una de las grandes cuestiones de nuestro tiempo: la desigualdad.

La escuela recibe cada día las desigualdades de la sociedad. No todos los niños y las niñas nacen en las mismas condiciones ni tienen las mismas oportunidades. Pretender que todos lleguen al mismo punto partiendo de situaciones muy distintas es ignorar la realidad.

La educación no puede eliminar por sí sola las desigualdades, pero sí puede contribuir decisivamente a que el lugar de nacimiento, la situación económica o el nivel cultural de una familia no determinen de antemano el futuro de un niño o una niña. Para eso necesitamos docentes.

Necesitamos docentes con una formación sólida, pero también con tiempo para preparar, coordinarse, innovar y atender individualmente a sus alumnos. Necesitamos reducir una burocracia que resta tiempo a lo esencial. Necesitamos equipos de orientación y apoyo especializado. Necesitamos acompañar a quienes empiezan y reconocer la experiencia de quienes llevan décadas en las aulas. Y necesitamos, sobre todo, recuperar el reconocimiento social de la profesión.

La autoridad docente no se decreta. Se construye desde la competencia, el respeto y el reconocimiento.

Con demasiada frecuencia, las reformas se diseñan lejos de las aulas. Nadie conoce mejor las dificultades y las posibilidades del sistema que quienes cada día trabajan en él. Escuchar a los docentes no es un gesto de cortesía: es una necesidad.

Apoyar al profesorado no es defender privilegios. Es defender el derecho de toda la ciudadanía a una educación de calidad. Invertir en docentes es invertir en cohesión social.

En este Día Mundial de los Docentes deberíamos preguntarnos con honestidad: ¿Estamos cuidando suficientemente a quienes queremos que cuiden de nuestros hijos?

Cuidar al profesorado significa mejorar sus condiciones de trabajo, ofrecer formación útil y actualizada, reducir la burocracia, fortalecer la orientación, favorecer la colaboración con las familias y volver a colocar la educación en el centro de nuestras prioridades colectivas.

Mi experiencia y mi activismo en defensa de una educación pública de calidad me dan la autoridad para asegurar que la educación transforma vidas. He visto alumnos y alumnas superar dificultades, descubrir capacidades que desconocían y encontrar en la escuela una oportunidad que quizás no hubieran tenido en otro lugar. También he visto cómo las desigualdades se convierten en barreras enormes cuando faltan los apoyos necesarios.

Consecuentemente, sigo creyendo en la escuela pública, en sus profesionales y en su capacidad para construir una sociedad más justa. Pero, precisamente porque creo en ella, creo también que debemos exigir más: apoyos, recursos donde más se necesitan, formación, reconocimiento y políticas educativas estables que miren a largo plazo.

No podemos pedir a la escuela que resuelva todos los problemas de la sociedad. Pero sí podemos pedir que sea uno de los lugares donde empecemos a resolverlos.

Porque cuidar a los docentes es cuidar la educación. Cuidar la educación es combatir las desigualdades. Y combatir las desigualdades es, en definitiva, cuidar nuestro futuro. Este debería ser, más allá de cualquier celebración, el verdadero significado del Día Mundial de los Docentes.