GUADALAJARA
Entre las cenizas y la esperanza: la lenta recuperación de la Sierra Norte de Guadalajara tras el incendio de La Mierla
La primera reacción fue de incredulidad. Después llegó la aceptación. Ahora, Agustín Esteban asegura que, al igual que sobre el terreno va encontrando los primeros brotes verdes, empieza a dejar paso a la esperanza, aunque el paisaje siga recordando que algo ha cambiado y que tardará mucho tiempo en recuperar todo su esplendor.
Este fotógrafo, nacido en Alcorlo —un pueblo ahora sumergido en las aguas del embalse homónimo—, está acostumbrado a recorrer la Sierra Norte de Guadalajara, y ha vuelto varias veces a la zona afectada por el incendio de La Mierla. En sus primeras visitas encontró un monte completamente negro. En las últimas, empezaron a aparecer algunas señales todavía tímidas de que la naturaleza intenta abrirse paso.
El incendio forestal se declaró el 16 de julio en el término municipal de La Mierla y acabó convirtiéndose en el mayor de la historia de Castilla-La Mancha por superficie quemada. Las llamas afectaron a unas 34.448 hectáreas, de las que el 23% pertenecen al Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara y que comprende 38 términos municipales. Durante la emergencia fue necesario evacuar 34 localidades y confinar otras 14. El fuego no se dio oficialmente por controlado hasta el 3 de agosto y se consideró extinguido el 4 de septiembre, 51 días después de su inicio.
Durante ese tiempo, el incendio arrasó masas forestales, pastos y zonas de matorral, afectó a explotaciones ganaderas y apícolas y dañó infraestructuras rurales. También dejó al descubierto la fragilidad de una comarca golpeada por la despoblación rural y con una amplia superficie forestal que llega hasta muy cerca de los núcleos urbanos.
Un paisaje que tardará años en volver a ser el mismo
Agustín ha fotografiado la evolución del terreno desde las primeras semanas posteriores al incendio. En este tiempo ha comprobado cómo el negro más intenso ha ido dando paso a tonalidades algo más claras, a medida que el viento se llevaba parte de la ceniza y las primeras lluvias otoñales comenzaban a caer: “En mis primeras entradas, el monte era negro, pero negro, negro, negro. Luego ya, en los últimos dos meses, cuando hice las últimas fotos, el negro ya era más claro”.
Sin embargo, entre tanta oscuridad, el fotógrafo recuerda que, en una de sus últimas visitas, encontró un brote que le llamó la atención entre la extensión calcinada. Y lo fotografió, como símbolo de esperanza por el futuro.
La imagen que tomó forma parte, junto a otras instantáneas, de la exposición Las cenizas de la esperanza, que se puede visitar en la Biblioteca Pública de Guadalajara hasta el 31 de octubre, y que el fin de semana pasado hizo escala en Bustares con motivo del Día de la Sierra. Una jornada que fue organizada por la Asociación Cultural Serranía de Guadalajara y que sirvió para de homenaje a quienes colaboraron en la extinción de las llamas y como termómetro de los ánimos que sienten ahora los habitantes de estos pueblos.
Tristeza por lo perdido y esperanza por lo que pueda volver
“Había tristeza, pero a la vez esperanza”, cuenta el presidente de la asociación, Álvaro Cuevas. “Tristeza por todo lo que se ha perdido y todo lo negro que se ha quedado todo el paisaje, pero esperanza porque las lluvias ya han empezado a dejar brotes verdes”.
La solidaridad entre vecinos y trabajadores de distintos sectores fue otra de las cuestiones que el presidente de la asociación quiso destacar durante su intervención.
“Hubo mucha unión entre los vecinos y vecinas, y mi discurso estuvo lleno de agradecimientos. Al final no queda otra que agradecer y agradecer a todos los que trabajaron en la extinción y a todos los que habitan y trabajan en esta zona”.
Por fortuna, las llamas no llegaron hasta las viviendas en ningún pueblo, pero eso no significa que las consecuencias hayan sido menores para quienes viven de los recursos de la zona. Las pérdidas afectaron al monte, pero también a los pastos, las colmenas, los cultivos y la actividad turística.
La comarca se enfrenta así a una recuperación que no se limita a la superficie forestal. El futuro depende también de que las actividades que mantienen vivos los pueblos puedan continuar y de que el territorio siga ofreciendo oportunidades para trabajar y vivir en él.
La Mierla es el pueblo en cuyo término municipal comenzó el fuego aquel 16 de julio. Su alcalde, el socialista Ricardo Jiménez, explica que la recuperación avanza “poco a poco” debido a la “enorme” superficie afectada.
No obstante, su pueblo no fue uno de los grandes damnificados. Las llamas comenzaron a centenares de metros del casco urbano de La Mierla y subieron monte arriba, por lo que el municipio no tiene edificaciones ni explotaciones ganaderas que hayan sufrido daños directos por el fuego.
Por eso, Jiménez cuenta que las necesidades más urgentes tienen que ver con la reparación de los daños ocasionados durante los trabajos de extinción por la maquinaria pesada que trabajó durante semanas en caminos y fincas.
“Se deterioran caminos, se rompieron alcantarillados y también alguna tubería”. Son las principales necesidades que tienen en un pueblo que, por lo demás, ha regresado a su vida “normal”.
Los ganaderos, pendientes de las ayudas y de la recuperación de los pastos
Tras iniciarse en La Mierla, el incendio subió monte arriba, hacia el norte, calcinando todo a su paso. También los pastos que sirven de alimento para el ganado. Es la situación que viven en La Nava de Jadraque y, en concreto, Fernando Moreno, alcalde de la localidad (PP) y dueño de una explotación de 240 vacas. Parte de su actividad se desarrolla en el entorno del pantano de Alcorlo, donde los pastos desaparecieron.
“Quedaron arrasados completamente. Se quemó todo el pasto”, lamenta. Al menos, las llamas no llegaron hasta el pueblo. “No le dejamos entrar”.
La ausencia de pasto obligará a alimentar a los animales con recursos externos durante meses. Moreno cuenta que, en una primera fase, la Diputación de Guadalajara proporcionó pienso y forraje a las explotaciones afectadas, pero esa ayuda se ha terminado y Moreno espera ahora poder acogerse a las líneas autonómicas destinadas a compensar las pérdidas. Por su parte, el Gobierno de Castilla-La Mancha anunció la movilización de 3,2 millones para apoyar al sector agrario y ganadero, incluidos dentro de los 22,5 millones de euros que la Junta ha destinado para la reconstrucción de la zona afectada.
Mientras llegan esas subvenciones, él cuenta que está adelantando el dinero para dar de comer a su ganado y asegura que algunos compañeros están recurriendo a líneas de crédito para poder continuar con la actividad. Por ahora, no conoce a ninguno que haya tenido que cerrar por no poder asumir los gastos, aunque la situación sigue siendo complicada. “Vamos aguantando”, resume.
Moreno calcula que las dificultades se prolongarán hasta la próxima primavera, cuando vuelvan a crecer los pastos. Incluso entonces, la recuperación dependerá de la cantidad de lluvia que caiga para que la hierba vuelva a desarrollarse con normalidad.
En su papel como regidor, Moreno extiende su malestar a las ayudas anunciadas para la recuperación. La Diputación aprobó subvenciones de 25.000 euros por municipio afectado para reparar infraestructuras y cubrir necesidades municipales, pero el alcalde de La Nava de Jadraque afirma que todavía no las ha recibido en el momento de realizar esta entrevista.
Las colmenas quemadas y una campaña de miel perdida
El sector apícola afronta una situación igualmente complicada. Fernando Ajenjo, apicultor de la Sierra Norte de Guadalajara y presidente de la Asociación de Protección de la Abeja Ibérica, ha perdido 140 de las 370 colmenas que tenía distribuidas en varios términos municipales afectados por las llamas.
“Solo ha quedado la tapa”, lamenta, para, a continuación, explicar que la pérdida de las colmenas ha supuesto también la desaparición de la miel que contenían, con el consiguiente perjuicio económico. Ajenjo explica que normalmente dispone de reservas de miel hasta Semana Santa para poderla vender a sus clientes, pero actualmente ya la tiene “agotada”.
La valoración de las ayudas es otro motivo de preocupación. Ajenjo critica que la Junta haya fijado en 70 euros la compensación por cada colmena perdida, una cantidad que considera insuficiente para reponer el material y recuperar la actividad. Y es que, con ese dinero, el apicultor asegura que no le da “ni para la caja de madera”.
Las colmenas que han sobrevivido tampoco lo tienen fácil. La desaparición de la vegetación ha eliminado el alimento disponible en el entorno y obliga a los apicultores a intervenir para mantener con vida a las abejas.
La Diputación ha proporcionado alimento de tipo jarabe para ayudar a mantener las colonias durante estos meses. El objetivo inmediato es que las abejas sobrevivan al invierno, aunque todavía es pronto para saber cuántas podrán recuperarse cuando llegue la primavera.
Ajenjo confía en que las colonias que resistan le permitan recuperar parte de la actividad, pero advierte de que la próxima campaña estará condicionada por las necesidades de reproducción de las abejas. Y es que, en lugar de destinar las colmenas a producir miel, tendrá que emplearlas para formar nuevos enjambres y reconstruir la explotación.
“Yo tengo que coger esas colmenas y de ellas sacar otras para llegar al punto en el que estaba antes. Con lo cual, el año que viene no van a dar miel, así que será un año un poco perdido”.
El turismo trata de recuperar el ritmo
En El Ordial, las llamas tampoco llegaron al casco urbano, aunque el pueblo tuvo que ser desalojado durante varios días por precaución. En esta localidad de apenas 45 habitantes hay un centro social cuyo bar regenta Lorenzo.
Él cuenta que la economía local depende en parte de quienes se acercan a la zona durante los fines de semana, los puentes, Semana Santa y el verano. Por eso, el impacto no se mide solo en daños materiales, sino también en el número de personas que deciden pasar unos días en la comarca.
Las primeras semanas después del fuego fueron especialmente flojas, pero Lorenzo asegura que agosto trajo una recuperación que llegó a desbordar la capacidad de algunos negocios. En septiembre, sin embargo, las visitas volvieron a caer.
“Ahora mismo nos hemos quedado en el pueblo los habitantes fijos”, explica Lorenzo, que está manteniendo parte de la actividad gracias a las comidas que ofrece a los trabajadores contratados para reparar los caminos dañados durante la emergencia.
Su esperanza está puesta en las lluvias y en la temporada de setas, aunque reconoce que todavía es difícil prever cómo evolucionará el turismo en los próximos meses.
Lorenzo reclama una mayor promoción turística de la Sierra Norte, que considera una de las grandes desconocidas de Guadalajara. “Queremos que se dé más visibilidad y promoción a esta zona. Porque siempre cuando se piensa en Guadalajara, en la Sierra Norte, siempre es la Tejera Negra o el Hayedo”.
En Hiendelaencina, Isabelle Bancheraud, propietaria de una casa rural y presidenta de la Asociación de Turismo de la Sierra Norte, describe la temporada turística como “normal”. El temor inicial era que los visitantes eligieran otros destinos después del incendio, pero, al entrar en el otoño, la ocupación está resistiendo.
“Ahora que estamos entrando en la temporada alta en la sierra, el otoño, pues teníamos mucho miedo a que la gente no viniera o que eligiera otro destino. Y de momento eso no está ocurriendo. La verdad es que tenemos bastante ocupación, yo en mi caso tengo los fines de semana completos”.
Sí hubo cancelaciones durante las semanas inmediatamente posteriores al fuego, cuando la incertidumbre sobre el estado de la zona y las consecuencias del incendio llevaron a algunos visitantes a replantearse sus viajes. “La gente tenía muchas dudas. Pero ya ha pasado. Por lo que he ido hablando, la gente no se queja de falta de ocupación, ni mucho menos” cuenta Bancheraud.
El turismo de la Sierra Norte está vinculado en buena medida a la naturaleza: quienes llegan a la comarca buscan recorrer sus pueblos, conocer la arquitectura negra, hacer senderismo o visitar el Hayedo de Tejera Negra, señala la hostelera.
La prevención del fuego y el futuro de los pueblos
A salvo de las llamas quedó Tamajón, pero el incendió trastocó su vida diaria porque allí se instaló el Puesto de Mando Avanzado desde el que se coordinaron las labores de extinción. Su alcalde, Eugenio Esteban, del PP, considera que el incendio era una tragedia anunciada después de décadas de pérdida de población y de la reducción de las actividades económicas vinculadas al monte.
En una comarca con grandes masas forestales y pueblos rodeados de vegetación, la reducción de la ganadería, los aprovechamientos madereros y otras actividades tradicionales ha debilitado, a su juicio, el cuidado cotidiano del territorio. Reconoce que la Junta ha realizado trabajos preventivos en el monte, pero considera que no han sido suficientes.
“Lo que hace falta es que en el monte viva gente. Que la gente gane dinero en el monte. Que la gente pueda tener bienestar en su casa, en su pueblo. Que no se tenga que ir a Azuqueca, a Guadalajara, a Alovera o a Marchamalo”, zanja Esteban.