Cinco euros al año y mucho ruido para taparlo
Que esta campaña electoral va a ser despiadada y va a estar plagada de insultos, descalificaciones, bulos y desinformación es algo más que evidente. Si en esta legislatura hemos normalizado el insulto, acuérdense del «me gusta la fruta» y de los cánticos que la muchachada ultra dedica al presidente del Gobierno como si de un himno de fútbol se tratara, no quiero ni imaginar hasta dónde podemos llegar en campaña electoral.
Esta semana, sin ir más lejos, una servidora ha sido víctima y protagonista de un vídeo del PP extremeño que la señora Guardiola ha tenido la gentileza de compartir. En él se manipulaban mis palabras para hacer creer que insultaba a la presidenta e incluso que la menospreciaba por maquillarse. Esto último tiene su gracia, porque parece que quien escribe no se acicala cada mañana antes de salir de casa.
Qué piel más fina tienen algunas. Ese mismo día tuvimos que escuchar a un diputado del PP decir que las diputadas del PSOE están “calladas como puertas”. No sé ustedes, pero yo esa frase hecha me la sé con otro final. Ahí tienen la doble vara de medir y el grado de degradación al que está llegando el PP, mientras a mí me acusan de insultar con un vídeo manipulado, ellos insultan sin ningún rubor y a pleno pulmón.
Pero no quería escribir hoy sobre la zafiedad ni sobre el lodazal de bulos en el que se está convirtiendo la política. Porque creo que la señora Guardiola difundió ese vídeo para realmente tapar y no contestar a la pregunta que le estaba haciendo con una denuncia muy concreta.
Le pregunté si las pensiones extremeñas están garantizadas con el sistema actual. Su respuesta fue salirse por peteneras. Y no es una cuestión sobre la que se pueda responder con evasivas, especialmente después de que algunos de sus compañeros de filas hayan cuestionado el sistema y de que sus explicaciones hayan dejado la sensación de que el PP tiene un plan que prefiere no desvelar antes de las elecciones por miedo a que le pase factura en las urnas.
Quienes sí hablan abiertamente de lo que quieren son sus compañeros de pupitre, los señores de Vox, que reconocen sin pudor su intención de privatizar las pensiones y ponen como ejemplo sistemas como el suizo. El problema es que no somos Suiza. Ni nuestros salarios ni nuestra capacidad de ahorro se parecen a los de ese país. Y mucho menos los de una comunidad como Extremadura, que se encuentra entre las que tienen los salarios más bajos.
No escucharán a ningún diputado o diputada de Vox en Extremadura reconocer que un modelo basado en la capitalización individual puede dejar desprotegidas a miles de personas que no han podido ahorrar lo suficiente durante su vida laboral. En una tierra con salarios bajos y empleos precarios, eso supone condenar a muchas personas a la pobreza en la última etapa de sus vidas. Pero reconocer que las decisiones políticas pueden ser injustas con nuestro territorio no parece estar muy de moda.
Quizá por eso ha tenido tan buena acogida la rueda de prensa en la que las portavoces de Unidas por Extremadura explicamos por qué no habrá una papeleta de unidad en nuestra comunidad. Pero esa es otra historia y dará para otro artículo.
Volvamos a lo importante. Mi denuncia a la señora Guardiola era muy concreta: la Junta tiene competencias para mejorar las pensiones no contributivas más bajas mediante un complemento autonómico y ese complemento es hoy una auténtica miseria. Ante la subida de los precios de la cesta de la compra y de los carburantes, la gran respuesta de la presidenta para ayudar a quienes menos cobran ha sido subirlo cinco euros al año. Sí, han leído bien, cinco euros al año. Un céntimo y pico al día.
A mí me parece indigno y humillante. Y todavía más cuando sabemos que alrededor del 80% de quienes perciben estas pensiones son mujeres.
Ahí está la verdadera cuestión. La señora Guardiola habla mucho de feminismo y le encanta engalanarse para acudir a actos donde se premia a mujeres que han conseguido romper techos de cristal. Pero se olvida sistemáticamente de las que siguen atrapadas en los suelos pegajosos de la precariedad y la pobreza.
Lo vemos en sectores profundamente feminizados, como las técnicas de educación infantil o las limpiadoras de los hospitales y centros públicos. Y lo vemos también en las mujeres mayores que sobreviven con pensiones no contributivas. Mujeres que han trabajado dentro y fuera de sus hogares, que han sostenido familias y comunidades y que hoy tienen que hacer malabares para llegar a fin de mes.
Son ellas las que quedan fuera de ese feminismo de escaparate. Las mismas a las que una presidenta que se proclama feminista ofrece cinco euros más al año mientras abre de par en par las puertas del Gobierno a quienes llevan el machismo por bandera. Las mismas mujeres a las que se falta al respeto desde su propio partido, con diputados que se permiten gritar a otras representantes públicas que están “calladas como puertas”.
Como ven, la hipocresía no entiende de límites, se manipulan mis palabras para fingir una ofensa mientras se toleran insultos reales, se presume de feminismo mientras se condena a las mujeres más vulnerables a seguir viviendo en la precariedad y se evita responder a preguntas incómodas mientras se intenta que la polémica ocupe todo el espacio.
Si ya teníamos mentiras, cinismo, hipocresía y zafiedad, no sé qué nos deparará esta campaña electoral. Lo que sí parece claro es que el nivel no va a subir.
Y mientras unos se dedican a fabricar vídeos y a repartir insultos, hay mujeres en Extremadura que tienen que decidir si este mes pueden llenar la nevera o pagar la factura de la luz. A ellas no se las ayuda con propaganda, ni con cinco euros al año, ni con discursos de feminismo de escaparate.
A esas mujeres es a quienes debería responder la señora Guardiola. Y no con un vídeo, sino con hechos.
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