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Fundación Ruy López: veinte años construyendo comunidad

La Fundación Ruy López de Almendralejo ha cumplido 20 años. En la imagen, limpiando una pintada racista en la fachada de su sede el pasado abril

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Este pasado viernes celebramos el cumpleaños de la Fundación Ruy López de Almendralejo. Hay lugares que son mucho más que un edificio, lugares que terminan convirtiéndose en casa, en refugio, en punto de encuentro, en una pequeña comunidad dentro de la comunidad, lugares como la Fundación Ruy López.

Resulta especialmente hermoso pensar en cómo empezó todo: en este caso fue alrededor de un tablero de ajedrez. Un espacio para aprender a jugar, para pensar varias jugadas por delante, para descubrir que a veces ganar no es lo más importante y que, sobre todo, cada partida comienza poniendo al otro frente a ti como un igual.

Pero la Fundación pronto entendió que su tarea podía ser mucho más grande. Que alrededor de aquel tablero había niños y niñas con necesidades, familias que acababan de llegar a Almendralejo, adolescentes que necesitaban apoyo, deberes que hacer, idiomas que aprender y, sobre todo, personas que necesitaban sentirse acompañadas. Y así, poco a poco, la Fundación Ruy López fue creciendo hasta convertirse en algo que trasciende con mucho al ajedrez.

Durante estos 20 años han pasado por allí cientos de niños, niñas, adolescentes y familias. Han encontrado profesionales y voluntarios dispuestos a echar una mano, a explicar un ejercicio, a enseñar una palabra, a compartir una partida o, sencillamente, a estar.

Y estar es mucho más importante de lo que a veces pensamos.

Porque cuando una familia comienza una vida nueva en un lugar que todavía le resulta extraño, encontrar un espacio seguro puede significarlo todo. Saber que hay una puerta que puedes abrir, que alguien te espera, que tus hijos pueden hacer los deberes, jugar, aprender y relacionarse sin sentirse diferentes.

Estoy convencida de que la Fundación Ruy López se ha convertido en una prolongación del salón de muchas casas de Almendralejo. Y ocurre algo maravilloso cuando después de muchas partidas, muchos deberes y muchas tardes compartidas, las diferencias dejan de ser una barrera.

La Fundación no se limita a enseñar ajedrez: la Fundación acompaña y eso tiene un valor enorme porque vivimos en sociedades diversas. Almendralejo es hoy una ciudad en la que conviven personas de más de 60 nacionalidades y ante esa realidad tenemos dos opciones: podemos resignarnos a vivir unos junto a otros, pero separados, o podemos construir una comunidad en la que nos conozcamos, convivamos, colaboremos y nos reconozcamos como iguales. Y por eso, espacios como la Fundación Ruy López son tan importantes. Son herramientas que nos ayudan a construir sociedades sanas y fraternas donde nos relacionemos de igual a igual independientemente del idioma que se hable en nuestra casa, la religión que profesemos o las circunstancias personales de cada uno. Y eso se construye cuando dejamos de hablar de “los otros” y empezamos a hablar de nuestros vecinos.

Por desgracia, los discursos de odio y antiinmigración están a la orden del día. Esta misma semana hemos tenido que escucharlos en la Asamblea. Discursos cargados de prejuicios contra las personas migrantes, con afirmaciones que criminalizan la migración y que, en mi opinión, deshumanizan a quienes llegan buscando una vida mejor.

Llegar hasta el extremo de decir que las personas migrantes que se encuentran en Ceuta deberían volver a nado, en flotador o como pudieran no es simplemente una diferencia política sobre cómo gestionar las fronteras o las políticas migratorias: es algo mucho más grave. Porque detrás de esas palabras hay personas, personas que tienen frío, personas que tienen hambre, personas que han perdido a alguien por el camino, que huyen de guerras, de la pobreza o de situaciones que consideran insoportables. Personas que, como cualquiera de nosotros, quieren vivir. Y no podemos olvidar que en julio murieron 150 personas intentando llegar a territorio español.

Hace unos meses, la fachada de la Fundación amaneció con una pintada racista. Esa misma tarde éramos allí casi un centenar de personas para borrarla y convertir ese acto en una fiesta, en un abrazo colectivo, en una manera de decir que ante su odio nuestro amor es infinito y que frente a los que odian somos muchísimos más los que queremos vivir juntos y en paz.

Hay que agradecer profundamente a todas las personas que durante estos 20 años han hecho posible la Fundación Ruy López: a quienes estuvieron al principio, a quienes siguen estando, a los profesionales, a los voluntarios, a las familias y, sobre todo, a tantos niños y niñas que han pasado por allí y que son la mejor demostración de que merece la pena construir espacios donde nadie quede atrás.

Quiero que la Fundación siga siendo hogar para mucha gente durante muchos años más. Que siga habiendo niños jugando al ajedrez, haciendo los deberes, aprendiendo y haciendo amigos. Que siga siendo ese lugar donde alguien que acaba de llegar a Almendralejo descubre que aquí también puede sentirse en casa.

Feliz cumpleaños y por muchos años más demostrando que, frente al odio, siempre hay una respuesta mucho más poderosa: construir comunidad.

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