‘Turandot’ aclamada en Les Arts
El 25 de abril de 1926, hace ahora poco más de cien años, Arturo Toscanini dirigió el estreno en La Scala de Milán de la última ópera de Puccini, Turandot, con el tenor español miguel Fleta en el papel de Calaf. El compositor había muerto el 29 de noviembre de 1924 sin acabar el último acto, que fue completado por Franco Alfano. Toscanini llegó hasta el coro Liù… Bontà!, lo último que escribió Puccini, detuvo la interpretación y se dirigió al público para decir: “Aquí concluye la ópera, porque en este punto murió el maestro”. Fue la única vez que lo hizo, porque en las demás representaciones incluyó el final de Alfano. El dictador Benito Mussolini quiso asistir, pero finalmente no lo hizo, al negarse Toscanini a interpretar, antes de la representación, el himno fascista Giovinezza.
El Palau de les Arts ha presentado para cerrar la temporada 2025-26 una nueva producción, procedente de Tokio y dirigida por Àlex Ollé, responsable de la que ofreció Les Arts de Tristan und Isolde en 2023, con dirección musical de James Gaffigan. Muy diferente de la de Chen Kaige que Les Arts ha ofrecido en cuatro ocasiones, la de Ollé, con escenografía de Alfons Flores, iluminación de Urs Schönebaum y vestuario de Lluc Castells, es oscura, con predominio de negros y blancos, y unos juegos de escaleras a izquierda y derecha que recuerdan los cuadros de Max Escher. Una plataforma central que baja y sube contiene el palacio del emperador y Turandot.
El movimiento escénico es interesante y la plataforma, efectiva para realzar las figuras de Turandot y el emperador. Ese elemento, junto con las escaleras laterales, contribuye a fijar el interés en el centro del escenario, donde se desarrolla la acción principal. La escenografía resulta plásticamente atractiva, aunque puede que excesivamente oscura. Hay, sin embargo, algún elemento de la producción, como el hecho de que Turandot se quite la vida al final, en contra de lo que indica el libreto, que me parece francamente desafortunado. No deja de ser sorprendente que, en la época del máximo respeto a las partituras de ópera y al texto cantado, los directores de escena sigan caminos que en ocasiones atentan contra el sentido de las obras. La libertad artística para hacer producciones creativas e innovadoras debería ser compatible con el respeto al sentido de la historia original que se representa.
Puccini dispone una orquesta tímbricamente muy rica, con amplia y variada percusión, dos arpas y teclados, que Mark Elder dirigió con precisión y atención al detalle, siempre al servicio de las voces. El director musical de Les Arts demuestra a sus 79 años una excelente forma artística y la orquesta sonó espléndida. Magníficos también los coros, tan importantes en Turandot.
En cuanto a los cantantes, el tenor estadounidense Gregory Kunde, exhibió a sus 72 años unas condiciones vocales extraordinarias, con potencia, impecable línea de canto y muy redondos agudos en el papel de Calaf. Si el diálogo de los enigmas con Turandot en el segundo acto fue emocionante, el celebérrimo Nessun dorma, al principio del tercero, arrancó un encendido aplauso del público. La mezzosoprano bielorrusa Ekaterina Semenchuk, que ya ha hecho la Turandot en el Liceu, cantó con potente voz carnosa, en un rol habitualmente interpretado por sopranos, al que dota de una energía que casa bien con la caprichosa princesa de hielo que consigue deshelar Calaf. Deliciosa la Liù de la soprano boliviano-albanesa Carolina López Moreno, de muy bello timbre, magnífica línea de canto, con espléndidos agudos y dominio del volumen. Emocionante en Signore, ascolta, del acto primero, y en el dramático tercer acto. Josep Fadó hizo un noble emperador Altoum y Liang Li, un adecuado Timur, padre de Calaf, en un elenco todo él de gran calidad. El público aplaudió con calor y entusiasmo.
Un siglo después del estreno póstumo de Turandot, la última obra de Puccini muestra una gran vitalidad, pues sigue atrayendo a los públicos de todo el mundo. No solo por la música, también por el texto poético de la extraña historia de la princesa de hielo que hace decapitar a sus pretendientes si no aciertan el juego de las adivinanzas: “Los enigmas son tres, la muerte es una”.