Ignacio Fernández, cardiólogo: “La cafeína de hasta cuatro cafés al día es beneficiosa para la salud cardiovascular”

Después de décadas arrastrando una reputación dudosa, el café ha conseguido darle la vuelta a su mala fama gracias a la evidencia científica a su favor, que cada vez es mayor. Uno de los últimos estudios de la American Heart Association concluye que el consumo moderado de café podría asociarse con un menor riesgo de algunos problemas cardiovasculares. 

“Lo publicado por la AHA es un documento de posicionamiento que analiza los efectos del café basándose en estudios estadounidenses, donde la forma de tomarlo es muy distinta a la nuestra”, explica el doctor Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). “En Estados Unidos prima el café americano muy diluido y sin filtrar, y se consume de otra manera, allí es habitual el refill o rellenado continuo, lo que propicia un consumo de unas ocho o diez tazas al día fácilmente”, matiza. 

En la traducción al contexto europeo del estudio citado, que sitúa el consumo moderado en los 400 miligramos diarios de cafeína, “este informe se queda incluso corto y resulta restrictivo”, valora el cardiólogo, que sostiene que la bebida sale todavía mejor parada al analizar los datos con el tipo de café consumido en Europa. 

La dosis idónea de café al día

La dosis idónea se sitúa, según el especialista, entre los dos y los cuatro cafés diarios: “Hasta cuatro tazas al día, la cafeína y el resto de componentes del café son claramente beneficiosos para la salud cardiovascular”. La relación, asegura, dibuja una curva en forma de ‘J’ por la que quienes consumen café de forma moderada presentan mejor salud cardiaca que aquellas que no consumen nada, y una vez superadas las seis tazas diarias se comenzaría a perder ese efecto protector. 

“Es verdad que, al tomarlo de forma aguda, la cafeína eleva ligeramente la presión arterial y acelera la frecuencia cardíaca”, detalla el doctor Fernández Lozano. “Sin embargo, en las personas que consumen café de forma crónica, esa respuesta de elevación tensional desaparece por completo al desarrollarse tolerancia”, añade, por lo que cree que uno de los motivos de su tradicional mala fama radica en la confusión entre los efectos inmediatos y la respuesta del organismo a largo plazo.

En cuanto a la preparación más saludable, el cardiólogo recomienda el filtrado frente al sin filtrar y el natural frente al torrefacto. En cuanto al descafeinado, cabe subrayar que conserva la mayor parte de las sustancias protectoras y ofrece beneficios muy similares, ya que se realiza mediante lavados que extraen la cafeína, pero los polifenoles y antioxidantes se mantienen en el grano.

Una de las claves del café es que va más allá de una bebida estimulante, junto a la cafeína, el grano de café alberga una compleja matriz de sustancias bioactivas rica en antioxidantes, polifenoles, ácido clorogénico y vitamina E, compuestos con capacidad antiinflamatoria que mejoran la función vascular y la sensibilidad a la insulina. Por esto, el especialista marca claramente la diferencia al compararlo con las bebidas energéticas, que combinan dosis muy elevadas de cafeína sintética con azúcares y aditivos como la taurina.

“Las bebidas energéticas deben evitarse desde el punto de vista cardiovascular”, destaca Fernández Lozano. “Tienen una concentración de cafeína demasiado elevada y carecen de las sustancias beneficiosas del café, lo que puede provocar arritmias agudas y picos de tensión, especialmente entre los más jóvenes”, apunta.