El semáforo que ayuda a distinguir los síntomas de una deshidratación, agotamiento o golpe de calor y cómo reaccionar
La exposición prolongada a altas temperaturas puede provocar distintos efectos en el organismo, desde molestias leves hasta situaciones de mayor gravedad si no se actúa a tiempo. Reconocer las primeras señales y saber cómo responder en cada caso resulta clave para evitar complicaciones, sobre todo durante episodios de calor intenso o jornadas en las que el cuerpo permanece expuesto durante muchas horas.
Para facilitar esa identificación, los síntomas pueden organizarse en distintos niveles de alerta asociados a colores. Este esquema permite entender de forma clara cómo puede evolucionar el problema y qué medidas conviene adoptar en cada fase. Desde los primeros signos de deshidratación hasta el riesgo de desvanecimiento, cada nivel requiere una respuesta concreta y adaptada a la situación.
Verde: sequedad en la boca y los ojos, y sensación de sed intensa
El nivel verde actúa como primer aviso. En esta fase, pueden aparecer sequedad en la boca, molestias en los ojos y una sensación de sed más acusada de lo habitual. No implica necesariamente una situación urgente, pero sí indica que el cuerpo necesita rehidratarse y alejarse del entorno que está provocando ese malestar. Mantenerse al sol, continuar con actividad física o retrasar la ingesta de líquidos puede hacer que la situación empeore.
La respuesta inicial debe ser simple: detenerse, buscar sombra o un espacio fresco y beber agua en pequeños sorbos. No es recomendable ingerir grandes cantidades de golpe, sino apostar por una hidratación progresiva y constante. También resulta útil refrescar la cara, el cuello y las muñecas, así como aflojar la ropa ajustada si la hay. En caso de sequedad ocular, pueden emplearse lágrimas artificiales; para estimular la saliva, son útiles caramelos o chicles sin azúcar.
En este punto conviene evitar el alcohol y la cafeína, ya que pueden agravar la deshidratación o aumentar la sensación de sequedad. Tampoco es buena idea esperar a tener más sed para beber, porque esa sed ya es una señal de alerta. Si aparecen mareos, debilidad, náuseas o dolor de cabeza, es posible que el cuadro esté avanzando hacia el siguiente nivel y se deba actuar con mayor precaución.
Amarillo: agotamiento por calor, dolor de cabeza, respiración acelerada y pulsaciones altas
El nivel amarillo corresponde al agotamiento por calor. Suele aparecer cuando el organismo deja de compensar adecuadamente la exposición a altas temperaturas. En esta fase son habituales el dolor de cabeza, el cansancio, las náuseas, el mareo, la sudoración, la respiración acelerada y el aumento de las pulsaciones. También puede presentarse piel fría, pálida o húmeda, sensación de debilidad y dificultad para continuar una actividad con normalidad.
La medida principal es trasladar a la persona a un lugar fresco, con sombra y, si es posible, con aire acondicionado. Es recomendable retirar la ropa innecesaria para facilitar la pérdida de calor. También pueden aplicarse compresas frías o paños húmedos en zonas como la frente, el cuello y las axilas. Si se utiliza hielo, debe envolverse en una tela o toalla para evitar el contacto directo con la piel.
La hidratación debe hacerse a pequeños sorbos, siempre que la persona esté consciente, responda con normalidad y pueda tragar sin dificultad. El agua fresca es la opción más segura. No se deben consumir bebidas alcohólicas ni azucaradas, ni ingerir grandes cantidades de líquido de una sola vez si hay náuseas. Además, es aconsejable sentar o tumbar a la persona con la cabeza ligeramente elevada para facilitar la respiración y ayudar a estabilizar el pulso.
Si los síntomas empeoran, aparecen vómitos o existen enfermedades crónicas, es necesario buscar atención sanitaria. También se debe extremar la precaución en personas mayores, menores pequeños o con movilidad reducida. El agotamiento por calor puede mejorar si se actúa a tiempo, pero también puede evolucionar si no se consigue enfriar el cuerpo.
Rojo: riesgo de desvanecimiento
El nivel rojo indica una situación de mayor gravedad. Puede existir riesgo de desvanecimiento, pérdida de conciencia, confusión, pulso fuerte y acelerado, respiración rápida, piel caliente y enrojecida o una temperatura corporal muy elevada. Ante estas señales, la prioridad deja de ser esperar una recuperación espontánea y pasa a ser solicitar ayuda urgente.
En este caso se debe llamar al 112 de inmediato. Mientras llegan los servicios de emergencia, la persona debe permanecer en un entorno fresco y se debe intentar reducir su temperatura de forma segura. Pueden colocarse compresas frías en la frente, el cuello, las muñecas o las axilas, además de abanicar suavemente. También puede mojarse la piel con agua fresca si es posible, evitando maniobras bruscas si la persona está desorientada o muy afectada.
La hidratación en este nivel requiere especial precaución. Si la persona está plenamente consciente, responde con claridad y puede tragar, puede beber agua fresca poco a poco. Sin embargo, no se le debe obligar a beber ni ofrecer grandes cantidades de golpe, ya que podría provocar vómitos. Si presenta confusión, somnolencia, desmayo o no responde con normalidad, nunca se deben administrar líquidos, debido al riesgo de atragantamiento.