Conviene empezar despejando una confusión habitual. En Paraguay, la “sopa paraguaya” no siempre es una sopa. De hecho, el plato que muchos conocen con ese nombre es un pastel salado de maíz. Pero cuando el foco está en cuchara, caldo y memoria, el protagonismo es para el vori vori, una receta que representa como pocas la gastronomía paraguaya y que ha logrado reconocimiento internacional al alzarse con el premio a mejor plato del mundo en la Feria Internacional de Turismo Gastronómico.
El sopa vori vori —porque así se le llama también— es un plato humilde, reconfortante y profundamente identitario. No hay trampas ni artificios: caldo, bolitas de maíz y queso, y una forma de entender la cocina como abrigo.
Qué es el vori vori y por qué es tan importante
El sopa vori vori es una sopa espesa elaborada a base de un caldo de carne —normalmente de pollo o vacuno— en el que flotan pequeñas bolas hechas con harina de maíz y queso paraguayo. “Vori” significa bola en guaraní, y la repetición del término no es un error, sino una forma de enfatizar: bolitas, muchas bolitas.
Más allá de la receta, el plato tradicional paraguayo tiene un valor simbólico enorme. Es comida de hogar, de infancia, de días frescos y reuniones familiares. No se sirve para impresionar, sino para cuidar. Y quizá por eso, cuando ha salido al mundo, ha sorprendido tanto.
Hablar del vori vori es hablar de mestizaje culinario, de la unión entre la herencia indígena —el maíz, el guaraní— y la influencia europea —el queso, el caldo largo— que define buena parte de la gastronomía paraguaya.
Un reconocimiento que mira a la tradición
Que una receta así haya sido premiada en la Feria Internacional de Turismo Gastronómico no es casual. En un contexto dominado por técnicas complejas y platos de autor, el vori vori destaca precisamente por lo contrario: su sencillez bien entendida. Es un plato tradicional paraguayo que no ha cambiado para adaptarse al jurado; ha sido el jurado el que ha tenido que mirarlo con otros ojos.
Ese reconocimiento internacional ha servido, además, para visibilizar una cocina poco presente en los grandes circuitos gastronómicos, pero rica en identidad y coherencia.
Cómo se hace la receta del vori vori paso a paso
La receta vori vori no es complicada, pero exige respeto por el producto y los tiempos. Primero, se prepara un caldo potente, a fuego lento, con carne, verduras básicas y sal. Ese caldo es la base de todo.
Mientras tanto, se elaboran las bolitas: harina de maíz, queso paraguayo rallado y un poco del propio caldo caliente para ligar la masa. Se amasa hasta obtener una textura firme pero tierna, se forman pequeñas bolas —ni demasiado grandes ni demasiado compactas— y se reservan.
Cuando el caldo está listo, se incorporan las bolas con cuidado y se deja cocinar hasta que estén hechas por dentro y hayan soltado parte de su almidón, espesan ligeramente el conjunto y aportan cuerpo. Ahí está la clave de la receta vori vori: no es solo una sopa con acompañamiento, es una sopa que se construye desde dentro.
El resultado es el sopa vori vori tal y como se entiende en Paraguay: caliente, denso, reconfortante y profundamente sabroso.
Un plato que explica un país
El vori vori no necesita reinterpretaciones para seguir vivo. Se cocina hoy igual que hace décadas porque sigue cumpliendo su función: alimentar y reunir. En ese sentido, es el ejemplo perfecto de plato tradicional paraguayo, uno que habla de territorio, lengua y memoria colectiva.
Que haya sido reconocido en la Feria Internacional de Turismo Gastronómico no lo convierte en algo nuevo, pero sí en algo visible. Y eso importa. Porque a veces, para entender una cultura, basta con sentarse a la mesa, coger una cuchara y dejar que el caldo haga el resto.
En Paraguay, el vori vori no es una moda ni una sorpresa. Es casa. Y ahora, también, mundo.