⁠Tarta de queso y pistacho sin horno: el postre fácil que te sorprenderá por su sabor y textura

En los últimos años, la tarta de queso, en sus infinitas versiones, se ha convertido en uno de los postres más populares, independientemente de la estación del año en la que nos encontremos. Su textura, versatilidad y la posibilidad de elaborarla tanto con horneado como sin él han conquistado los recetarios caseros y las cartas de numerosos restaurantes. Sin embargo, su éxito actual no significa que se trate de una elaboración reciente. Sus orígenes se remontan a la Antigua Grecia, donde ya se preparaban elaboraciones consideradas precursoras de la tarta de queso actual. Consistían en una mezcla sencilla de queso fresco, harina y miel que, según algunas referencias históricas, se consumía también entre los atletas de los Juegos Olímpicos por su valor nutritivo.

Con la expansión del Imperio Romano, las preparaciones elaboradas con queso se difundieron por buena parte de Europa y fueron evolucionando con el paso de los siglos. Cada territorio adaptó la receta a los productos autóctonos y a sus propias tradiciones culinarias, dando lugar a una gran variedad de versiones que todavía perduran en la actualidad. Siglos más tarde, la aparición del queso crema marcó un antes y un después en la historia de este postre.

Fue en Estados Unidos donde nació la célebre tarta de queso al estilo neoyorquino. La receta estadounidense se dio a conocer como New York Cheesecake y, hoy es un referente de la gastronomía del país. Esta adaptación se diferencia del clásico pastel frío de queso en que se hornea durante varias horas, a muy bajas temperaturas y al baño maría. En cuanto a los ingredientes, este postre lleva huevo en vez de gelatina, y se suele presentar con una crema agria decorando la superficie. La popularidad de este plato impulsó nuevas formas de elaboración, tanto horneadas como sin horno, que hoy conviven como las dos variantes más conocidas

La tarta de queso admite prácticamente cualquier combinación de sabores. Chocolate, café, frutas, caramelo o galletas son algunos de los ingredientes que habitualmente se incorporan al postre. No obstante, uno de los sabores que mayor protagonismo ha adquirido en los últimos años es el pistacho. Con un toque ligeramente dulce y tostado, unido a su intenso color verde, se ha convertido en uno de los frutos secos más utilizados en repostería, protagonizando desde helados y cremas hasta cruasanes, bombones y todo tipo de dulces.

Precisamente, el pistacho encuentra en las tartas de queso sin horno uno de sus mejores aliados. Al no someterse a altas temperaturas, conserva gran parte de su aroma y ese característico matiz tostado que lo diferencia de otros frutos secos. Otra de las grandes ventajas de esta receta es que es perfecta para preparar durante el verano. Al prescindir del horno, se evita aumentar la temperatura de la cocina en los días de más calor. Basta con preparar la base de galleta, mezclar el relleno y dejar que el frigorífico haga el resto del trabajo.

Para poder disfrutar de este maravilloso y sencillo postre en los días de verano sin necesidad de usar el horno, necesitarás los siguientes ingredientes:

  • 140 gramos de galleta maría
  • 60 gramos de mantequilla
  • 500 gramos de queso crema
  • 200 gramos de nata para montar
  • 2 hojas de gelatina
  • 100 gramos de azúcar
  • 100 gramos de pasta pura de pistacho
  • Pistachos tostados
  • Mermelada de fresa
  • Canela
  • Sal

Una vez tengamos todos los ingredientes en nuestra encimera, veamos cómo hacer la receta paso a paso:

  1. Comenzamos preparando la base de la tarta. Lo primero que tenemos que hacer es sacar la mantequilla de la nevera, cuanto más tiempo esté sin refrigerar menos nos va a costar mezclarla con el siguiente ingrediente. Vertemos en el vaso de la licuadora los 140 gramos de galletas y trituramos durante tres minutos.
  2. Añadimos una pizca de sal, espolvoreamos canela encima de la galleta triturada y batimos durante dos minutos más. Añadimos la mantequilla y volvemos a repetir el mismo proceso. Si creemos que no se va a integrar con facilidad podemos darle un golpe de calor en el microondas, o, en su defecto, al baño maría, pero no debe derretirse del todo.
  3. A continuación, vertemos la mezcla en un molde para tarta y la distribuimos de manera uniforme con ayuda de una cuchara o espátula. Es importante que la base quede uniforme y que la mezcla cubra aproximadamente la mitad de la altura de los bordes del recipiente.
  4. Antes de seguir debemos de guardar la tartera en el frigorífico para que la base quede compacta. Una vez hecho esto ponemos las hojas de gelatina en un bol con agua fría durante cinco minutos.
  5. Mientras tanto calentamos los cien gramos de nata en el microondas durante 30 segundos. Cuando esté caliente, escurrimos bien las placas de gelatina y las añadimos en el mismo recipiente. Debemos remover hasta que ambos ingredientes se hayan integrado a la perfección.
  6. En un bol más grande vertemos el queso crema, el azúcar, la pasta de pistacho y el resto de la nata. Mezclamos con delicadeza con ayuda de una cuchara o unas varillas eléctricas. Cuando los componentes se hayan fusionado, añadimos la mezcla anterior. Y volvemos a remover durante unos minutos o hasta que la mezcla sea homogénea.
  7. Cuando la crema tenga una textura aparentemente suave y delicada, sacamos la base de galleta de la nevera y la vertemos sobre ella. Debemos de esparcir bien la mezcla, hasta que quede uniforme.
  8. Reservamos la tarta en el frigorífico durante cuatro horas antes de servir. Cuando vayamos a emplatarla podemos decorarla con pistachos troceados o picados, o incluso, mermelada de fresa.