Por qué la tolerancia al alcohol cambia con la edad, según un investigador: “Incluso pequeñas cantidades pueden ser un riesgo”

Cuando alguien comenta que ya no aguanta el alcohol como cuando tenía veinte años o que sus resacas son cada vez peores, se suele asumir como una percepción subjetiva o un recuerdo nostálgico del paso del tiempo, pero en realidad hay un trasfondo fisiológico profundamente documentado que lo explica.

“A medida que aumenta la edad, la tolerancia al alcohol va disminuyendo”, confirma Iñaki Galán, investigador científico del Centro Nacional de Epidemiología. “Se toleran peor las cantidades altas de alcohol y lo lógico es que se vaya disminuyendo el consumo”, añade el experto, que describe este proceso biológico como “inevitable”.

La explicación para este aumento de la vulnerabilidad hacia el alcohol reside en dos pilares fisiológicos. “Uno es que se pierde mucha masa muscular, que está compuesta en parte por agua, por lo que hay una cantidad menor de agua para que el alcohol se diluya y eso hace que se metabolice eh peor”, explica Galán.

A esto, se suma el desgaste natural de los órganos: “El funcionamiento del hígado también es peor, por el deterioro fisiológico natural, y no metaboliza el alcohol como cuando se es más joven, lo que hace que la gente pueda tolerar peor cantidades que de joven pues toleraba mejor”.

“Hay que tener en cuenta que el alcohol tiene dos metabolizaciones muy concretas: se metaboliza a un producto que se llama acetaldehído, una toxina, que es lo que genera la resaca. En esta metabolización actúa una enzima, la alcohol-deshidrogenasa (ADH) y, después, para eliminar el acetaldehído, hay otra enzima que es la aldehído deshidrogenasa (ALDH2), que transforma el acetaldehído en ácido acético”, expone el especialista sobre el proceso por el que el etanol pasa convertirse en ese inocuo ácido acético.

El problema surge cuando este trabajo en cadena de enzimas se ralentiza con el paso del tiempo. “Si no se transforma en ácido acético, porque con la edad el metabolismo de la alcohol-deshidrogenasa no es igual que en la población más joven, se acumula mucho este paso intermedio anterior, el acetaldehído, que es la toxina que produce todos los efectos negativos del alcohol a nivel de la resaca, como el dolor de cabeza, las náuseas o la sensación de mal cuerpo”, aclara Galán. Así, la intoxicación etílica se vuelve más severa y prolongada, por un sistema de metabolización menos eficiente.

Esta pérdida de tolerancia no tiene por qué ser forzosamente negativa, ya que funciona como un mecanismo de defensa poblacional, apunta el científico. “Una alta tolerancia significa beber mucha más cantidad para tener los mismos efectos, eso es peligrosísimo porque es un primer paso a la dependencia”, contrapone, lo oculta un daño orgánico silencioso. “El consumo de riesgo se va moderando generalmente a medida que se toleran peor esas ingestas excesivas”, señala el investigador.

No hay una edad a partir de la que todo cambia, estos cambios se notan de forma gradual, destaca Galán, que apunta que los datos de salud pública en España muestran una curva de consumo de riesgo en forma de ‘U’ invertida, alcanzando el pico en la mediana edad para después descender notablemente.

“El Ministerio de Sanidad considera un consumo regular de riesgo cantidades que están por encima de 20 gramos de alcohol en hombres y de 10 en mujeres”, detalla, aunque advierte de que “no hay ningún consumo exento de riesgo, el consumo seguro es un consumo cero”.

“Incluso pequeñas cantidades de alcohol pueden ser un riesgo para desarrollar, por ejemplo, un cáncer de colon o de mama, los más frecuentes. Se estima que unos 100.000 casos de cáncer al año en el mundo se deben a consumos considerados de bajo riesgo o moderados”, concluye el investigador.