Por qué nos fascina Elizabeth Holmes, la estafadora que ya tiene su serie de ficción y el documental más esperado del año
El primer encuentro de David Agus con Elizabeth Holmes, durante una conferencia sobre salud, resultó toda una sorpresa. La Elizabeth Holmes que conoció en la sala de espera era una persona agradable y cercana; la Elizabeth Holmes a la que entrevistó sobre el escenario era, en cambio, alguien totalmente distinto.
“El acento cambió: una voz muy grave, muy seria”, recuerda Agus, oncólogo médico, por teléfono desde Los Ángeles. “Fue como si hubiera conocido a una persona y, acto seguido, entrevistado a otra completamente diferente. Esa transición, de la sala de espera al escenario... nunca había vivido algo así”.
Holmes no es como tú o como yo. Era aún una adolescente cuando fundó Theranos, promocionando una tecnología capaz de realizar análisis médicos utilizando solo unas pocas gotas de sangre. Cultivó una imagen muy característica: cabello rubio, una mirada fija que no parpadeaba, una voz ronca y un jersey negro de cuello alto, a modo de homenaje a Steve Jobs, cofundador de Apple.
Holmes cautivó a inversores y miembros de su consejo de administración, entre ellos Rupert Murdoch, Larry Ellison, Carlos Slim y los exsecretarios de Estado Henry Kissinger y George Shultz. Se convirtió en la multimillonaria hecha a sí misma más joven de Estados Unidos. Pero todo era una ilusión, una estafa basada en el engaño. La brillante carrera de Holmes terminó en desgracia y prisión.
Margaret O’Mara, profesora de historia en la Universidad de Washington en Seattle y autora de The Code: Silicon Valley and the Remaking of America, afirma: “Esto no se puede inventar. Si un guionista hubiera intentado crear algo así de la nada, la gente habría dicho: ”No, es una historia inverosímil“. Sin embargo, es real. ¿Quién es la verdadera Elizabeth Holmes? Es una pregunta que aún no tiene respuesta”.
Quizás la respuesta se encuentre en You Can See Everything, un documental que desafía la realidad —estrenado en Estados Unidos este viernes y que Avalon traerá a los cines de España el 12 de febrero de 2027—, en el que Holmes se enfrenta cara a cara con el comediante del absurdo Nathan Fielder (How To with John Wilson, Los ensayos), quien codirige la obra junto con Lance Oppenheim. El documental fue filmado durante los 34 días previos a su ingreso en el campo penitenciario federal de Bryan, en Texas, para comenzar a cumplir una condena de 11 años por fraude electrónico y conspiración.
Ese destino parecía impensable en 2003 cuando, a los 19 años, Holmes abandonó la Universidad de Stanford y fundó Theranos, con la promesa de revolucionar la multimillonaria industria de los análisis de sangre mediante el uso de microfluídica para realizar cientos de pruebas a partir de unas pocas gotas de sangre.
Encontró un público receptivo entre los inversores que deseaban que Silicon Valley ofreciera algo más que “amigos de Facebook”. O’Mara explica: “Su ascenso destaca por ser el de una mujer emprendedora en una época dominada por hombres; además, estaba desarrollando una tecnología que parecía tener el potencial de cambiar el mundo”.
“El rechazo hacia el sector tecnológico —el techlash— aún no se había gestado, pero cuando surgían críticas contra Silicon Valley, el planteamiento era: ”Oigan, tienen a todas estas personas brillantes, ¿y lo único que hacen es crear aplicaciones? ¿Por qué no hacen algo con más sentido?“. O bien: ”Tienen a todas estas personas brillantes, pero resulta que todas son hombres“”.
O’Mara añade: “Ella desafiaba las expectativas de género; además, para convertirse en una especie de ”Steve Jobs femenino“, adoptó una imagen menos femenina y aparentó ser mayor de lo que era”.
Holmes dirigía la empresa junto a Ramesh 'Sunny' Balwani, un empresario 19 años mayor que ella, mientras mantenían su relación sentimental en secreto. Juntos lograron recaudar 945 millones de dólares (unos 844 millones de euros). Theranos no había publicado ningún dato validado por la comunidad científica, pero Holmes se mostraba carismática y persuasiva en las salas de juntas.
Agus, profesor de medicina y director ejecutivo del Ellison Medical Institute, comenta: “¿Sabes cuando entras en una sala, hay diez personas sentadas a una mesa debatiendo y, de repente, alguien toma la palabra y todos los demás dicen: ”Sí, vamos en esa dirección“? Ella tenía esa capacidad”.
“Vi cómo era capaz de influir en los demás. Esa cualidad es excelente si eres un Steve Jobs, pero resulta muy problemática en el ámbito sanitario, donde las decisiones deberían basarse en datos, no en la influencia de ciertas personalidades”.
Para 2014, Theranos estaba valorada en 9.000 millones de dólares (unos 8.040 millones de euros). A los 30 años, Holmes fue nombrada la mujer más joven en convertirse en multimillonaria por méritos propios en Estados Unidos, con un patrimonio neto de 4.500 millones de dólares. Fue aclamada en portadas de revistas y en listas de personas influyentes.
La revista The New Yorker escribió: “Aunque es capaz de citar a Jane Austen de memoria, ya no dedica tiempo a las novelas ni a sus amigos; no tiene citas, no posee un televisor y no ha tomado vacaciones en diez años. Su refrigerador está prácticamente vacío, ya que realiza la mayor parte de sus comidas en la oficina. Es vegana y, varias veces al día, consume una mezcla triturada de pepino, perejil, col rizada, espinaca, lechuga romana y apio”.
El ambiente embriagador sedujo a figuras políticas veteranas como Shultz, quien había servido de puente entre Washington y Silicon Valley durante la era de Ronald Reagan. A pesar de no contar con conocimientos especializados en diagnóstico de laboratorio, se unió a la junta directiva de Theranos en 2011, cuando ya tenía más de 90 años. O’Mara comenta: “Le atrajo la idea de que había una joven brillante intentando hacer algo con más sentido que simplemente crear una aplicación. Pero no se realizó la debida diligencia necesaria”.
En su biografía In the Nation’s Service, el periodista Philip Taubman describe cómo el entorno de Shultz temía que su entusiasmo se hubiera mezclado con un afecto personal hacia Holmes. Shultz hablaba con ella por teléfono casi a diario y la invitaba a las cenas familiares de Navidad. Holmes fomentaba esa atención, acercándose mucho a él cuando estaban sentados juntos.
Shultz incluso animó a su nieto, Tyler Shultz, a realizar unas prácticas de verano en Theranos antes de incorporarse a la empresa a tiempo completo. Con el tiempo, Tyler llegó a la conclusión de que Holmes estaba exagerando las capacidades de su tecnología. Trasladó sus preocupaciones al Wall Street Journal, cuya investigación sobre la empresa resultó fundamental para desentrañar su red de engaños.
Holmes sospechó que Tyler estaba detrás de las revelaciones. Sus abogados fueron tras él y fue sometido a vigilancia. Aterrorizado, buscó la protección de su abuelo. Sin embargo, George Shultz se negó a romper su relación con Holmes. Según Taubman, intentó —sin éxito— mediar entre ambos en lugar de apoyar a su nieto. George Shultz falleció en 2021, a los 100 años.
Los científicos también albergaban dudas sobre las grandilocuentes promesas de Holmes. Agus recuerda: “El problema con la sangre es que se coagula y, cuando trabajas con sistemas de microfluidos, estos se obstruyen. Ella nunca me dio una explicación de por qué eso no suponía un problema para su tecnología. Para mí, esa fue la primera señal de alerta. La situación era como la del cuento del emperador desnudo: o bien ella era extremadamente reservada, o bien sus explicaciones carecían de sentido”. John Ioannidis, profesor de medicina e investigación sanitaria en la Universidad de Stanford, trabajaba casualmente en un edificio que anteriormente había albergado la sede de Theranos. En 2015, publicó un comentario en el Journal of the American Medical Association (JAMA) en el que señalaba la llamativa ausencia de pruebas revisadas por pares que respaldaran las afirmaciones de Theranos.
Él relata: “Querían que me retractara, que me reuniera con Elizabeth Holmes y que, tal vez, escribiéramos juntos un nuevo artículo para JAMA en el que yo dijera que 'había visto la luz'”. Cuando Ioannidis les instó a publicar datos de validación, Theranos aludió a más de cien solicitudes de patentes. “Analicé esas patentes y, en su mayoría, carecían de sentido. Una de ellas tenía un título parecido a 'Cómo realizar investigación clínica': era vago y poco específico. Nada de eso cubría el vacío sobre lo que realmente se estaba haciendo”.
Sin embargo, al evaluar las motivaciones de Holmes, Ioannidis ofrece una perspectiva matizada: “No creo que nadie pueda saber qué pasaba por su mente. Mi interpretación más probable es que ella creía que iniciaría esa ola —atraer capital, fondos, talento, experiencia— y convertiría esto en realidad”.
“No creo que fuera una simple charlatana. Estaba impulsada por el deseo de poder, pero en Silicon Valley hay muchísima gente así. Ella entendió que, para lograr su objetivo, primero debía obtener poder y, después, atraer a las personas y la tecnología necesarias para materializarlo”.
Holmes dejó su puesto como directora ejecutiva en 2018, año en el que la empresa colapsó. El juicio contra ella culminó en 2022 con una condena a más de 11 años de prisión por fraude y conspiración. El escándalo fue documentado en un libro, varios podcasts y la miniserie biográfica The Dropout, protagonizada por Amanda Seyfried.
You Can See Everything ofrece una mirada íntima, y a menudo desconcertante, a la vida doméstica de Holmes junto a su pareja, Billy Evans, y sus dos hijos pequeños durante los 34 días previos a su ingreso en prisión, en mayo de 2023.
Los micrófonos de solapa captan hasta la más mínima respiración de Holmes mientras lee cuentos a sus hijos antes de dormir, a veces durante 12 horas al día. Por su parte, Evans aparece en pantalla desnudo en la ducha y batiendo huevos mientras corrige la forma en que ella cocina. Ambos se obsesionan con los perfiles que los medios publicaron en el pasado, argumentando que los periodistas inventaron la imagen pública que ella proyectaba.
La revelación más importante ocurre fuera de cámara: incluso mientras se preparaba para entrar en prisión, Holmes y Evans planeaban activamente una nueva empresa de tecnología médica. En 2025, dos años después del inicio de su condena, Evans buscó una financiación de 18,5 millones de dólares (unos 16,5 millones de euros) para Haemanthus, una compañía que supuestamente posee patentes de un dispositivo capaz de analizar muestras de sangre, orina y saliva mediante láseres.
¿Engañado una vez, la culpa es del otro; engañado dos veces, la culpa es mía? En un momento en que Silicon Valley invierte sumas sin precedentes en inteligencia artificial, O’Mara sostiene que las lecciones de Theranos van mucho más allá de la propia Holmes. “Esta historia sirve como advertencia y, a la vez, como una lección moral más amplia sobre Silicon Valley: el peligro de depositar tanta confianza y poder en manos de una sola persona joven o de un círculo reducido de individuos”.
“La cultura de los fundadores y la obsesión de Silicon Valley —que contribuyeron a convertir a Elizabeth Holmes en quien fue— siguen vivas, coleando y más fuertes que nunca. Nunca habíamos visto el poder y la riqueza tan concentrados en tan pocas manos. Ni siquiera durante la 'Edad Dorada' de Estados Unidos habíamos presenciado algo así”.