Los ganadores del Premio Luis Valtueña reivindican la importancia del periodismo humanitario

Europa Press

Los ganadores del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña han reivindicado el papel de las fotografías y del periodismo para ayudar a paliar la violencia y la exclusión de quienes sufren en lugares como Siria, azotada por la guerra desde hace tres años, a los inmigrantes en México y el norte de África, o los que tratan de abandonar el mundo de la droga y el crimen, temas de las series fotográficas premiadas por Médicos del Mundo en esta XVII edición del premio.

Además, el periodista sueco secuestrado en Siria hasta el pasado 8 de enero y ganador del premio, Niclas Hammarström, ha pedido que el galardón que reconoce sus trabajos sirva para que “mucha gente vea las fotos y no se olvide nunca” a quienes se encuentran en esta coyuntura, y específicamente a la población siria.

Junto con él, han recibido el reconocimiento como finalistas, en primer lugar, el fotógrafo italiano Fabio Cuttica, por ilustrar la “senda tenebrosa” de miles de inmigrantes latinoamericanos hacia México y EE.UU.; en segundo lugar, la reportera birmana, Wai Hnin Tun, por la serie fotográfica de 'La Casa de la Buena Vida' en Málaga' y el español Mingo Venero, que ha obtenido la tercera posición por su serie de instantáneas sobre la “silenciosa espera” de los inmigrantes africanos hacia Europa.

Uno de los impulsores del galardón, José Félix Hoyo, miembro del jurado y amigo del cooperante y fotógrafo español asesinado en la región de los Grandes Lagos que da nombre al premio, Luis Valtueña, ha explicado a Europa Press que, pese a que en esta edición se presentaron más de 200 series fotográficas “al final casi todos los miembros del jurado estaban de acuerdo sobre quienes debían ser los ganadores”.

El ganador, secuestrado

Además, ha asegurado que la elección se hizo “sin que el jurado supiera quién era el autor de las fotografías” por lo que ha indicado que “fue una sorpresa” cuando fueron a llamar al ganador, Hammarström, para comunicarle la noticia.

“No había manera de localizarle. Al final la embajada sueca nos dijo que estaba secuestrado”, ha indicado Hoyo, que ha señalado que esa es la razón por la que este año se ha retrasado el anuncio de los ganadores, a fin de respetar el protocolo ante situaciones de secuestro.

“No podíamos anunciar que había ganado un premio con una dotación económica de 6.000 euros”, ha aclarado.

En este sentido, se ha mostrado esperanzado en que la coincidencia sirva para “reclamar la memoria de los que ya han muerto --como Luis Valtueña-- y para reclamar a los periodistas que en este momento están secuestrados, algunos de ellos españoles”, como Marc Marginedas, Ricardo Espinosa y Ricardo García Vilanova.

Agradecido por su liberación

Por su parte, Hammarström ha enviado un videocomunicado a la organización asegurando que “lamenta mucho” no poder ir a recoger el premio y que se siente “muy agradecido por poder volver a estar con su familia y con sus tres hijos”.

“Hubo momentos en Siria en los que pensé que no les volvería a ver”, ha indicado el fotógrafo, que ha señalado sentirse también “muy honrado” por recibir el reconocimiento y ha pedido que sirva para que “mucha gente vea las fotos y no se olviden nunca de la población siria”.

Los otros tres finalistas del certamen fotográfico sí han podido acudir a la entrega de premios, que se celebra este martes en el Palacio de Cibeles de Madrid, donde las series de fotografías ganadoras estarán expuestas hasta el próximo 2 de febrero.

Finalistas

El primero de ellos, Fabio Cuttica, ha indicado sentir “una gran alegría y satisfacción” por el reconocimiento, al trabajo “también de las personas y organizaciones que le han ayudado”. Según ha explicado, el trabajo de los periodistas y fotógrafos que trabajan en el corredor centroamericano “ha ayudado a que se den algunos pasitos hacia que el viaje de los inmigrantes sea un poco más seguro, en medio de lo peligroso que se ha vuelto durante los últimos años” debido al recrudecimiento de la violencia de los carteles de la droga.

“México es el corredor de inmigración más importante del mundo, por el que pasan unas 400.000 personas cada año haciendo viajes que van desde las dos semanas hasta los dos meses --ha recordado-- y donde desde hace años los inmigrantes se volvieron una riqueza económica para los carteles de la droga, que aumentaron sus secuestros, extorsión y asesinato”.

En este sentido, ha explicado que, desde que comenzó a salir a la luz la situación, los activistas, periodistas y las ONG empezaron a acercarse a las vías del tren y los albergues de inmigrantes, haciendo las rutas un poquito más seguras“.

“Gracias al periodismo se puede conseguir que se hable de ello, y eso asusta a la criminalidad, que reduce la violencia”, ha asegurado.

La segunda finalista del certamen, Wai Hnin Tun, ha obtenido además una mención especial por una de las fotografías de su serie, que ilustra la vida de una comunidad de exdrogadictos en Málaga, que vive conjuntamente en 'La Casa de la Buena Vida', donde acogen además a inmigrantes sin recursos.

Por su parte, el español Mingo Venero ha mostrado su “sorpresa” por el reconocimiento a la serie en la que muestra la espera y la situación en la que permanecen los inmigrantes que llegan a Marruecos, a la espera de tener una oportunidad para alcanzar Europa, y durante las que a menudo sufren abusos, violaciones y peligros de toda clase, según ha indicado.

“Algunos de ellos contaban que habían estado a punto de morir cuatro veces solo para llegar a Marruecos, y eso era solo la anécdota, sin que contaran las cosas menos graves”, ha señalado.

Por ello, se ha mostrado esperanzado en que el reconocimiento servirá para que más gente pueda ver las fotografías y “para que en sus países de origen otros modos de salir adelante, porque ellos no les cuentan lo mal que lo han pasado”, asegura.

Por otra parte, ha denunciado también que, en los países de destino, “a veces se olvida que son personas y hay muchos prejuicios”, algo que retrata en otra serie de fotografías acerca de la vida de los inmigrantes que tratan de “sobrevivir en el paraíso”, en la ciudad de Barcelona, donde vive el fotógrafo.