Talento sin etiquetas o cómo se construye una compañía de personas que protegen personas
En un mundo en el que la tecnología está cada vez más presente y es cada vez más sofisticada, sigue siendo el factor humano el que marca la diferencia. Las empresas las construyen personas, por lo que el talento no puede entenderse únicamente como una cifra en una plantilla, sino que debe concebirse como la suma de una cultura corporativa sólida, oportunidades reales de desarrollo profesional y la capacidad de construir equipos diversos, capaces de responder a las necesidades de una sociedad igualmente diversa.
Este desafío es hoy especialmente relevante ya que el mercado laboral atraviesa una profunda transformación que está obligando a las empresas a replantearse cómo quieren atraer, desarrollar y fidelizar a sus profesionales. Tras décadas en las que la carrera profesional se entendía como una progresión casi natural dentro de una misma organización o sector, en la actualidad, las nuevas generaciones tienen expectativas distintas. Según el informe Workmonitor 2026 de Randstad, casi dos de cada cinco profesionales ya no buscan una trayectoria lineal, sino la posibilidad de explorar distintos tipos de empleo y adquirir experiencias diversas. Paralelamente, el 72% de los empleadores considera que la tradicional escalera profesional ha quedado obsoleta y que el crecimiento ya no se mide únicamente por los ascensos, sino también por el aprendizaje continuo, la adquisición de nuevas competencias y la capacidad de encontrar sentido al trabajo desempeñado.
A su vez, los profesionales más jóvenes valoran cada vez más factores como el desarrollo personal, el bienestar, el equilibrio entre vida profesional y personal, además de la posibilidad de contribuir a un propósito que trascienda los resultados económicos. En resumen, la retribución, como no, continúa siendo importante, pero ya no es el único elemento que determina la elección de una empresa ni para trabajar en ella, ni para quedarse.
Igualdad e inclusión en las empresas
A esta evolución de las expectativas laborales se suma un marco regulatorio que sitúa la igualdad y la inclusión en el centro de la gestión, lejos ya de ser cuestiones exclusivamente vinculadas a la reputación corporativa. La pregunta ya no es si una empresa apuesta por la diversidad, sino cómo lo hace. Cómo selecciona, promociona y forma a sus profesionales y, una vez están dentro, cómo escucha sus necesidades y garantiza que todas las personas dispongan de las mismas oportunidades para desarrollar su carrera.
Verisure España representa un ejemplo de esta evolución. La compañía cuenta con más de 10.000 profesionales repartidos por toda la cadena de valor con una amplia presencia territorial y funcional que la convierte en uno de los grandes empleadores del país además de en una organización donde conviven perfiles muy diferentes. Por eso su cultura interna se resume en una idea sencilla: personas que protegen a personas. Aunque la tecnología desempeña un papel fundamental en la seguridad moderna, la intervención humana sigue siendo decisiva y son los profesionales quienes interpretan la información, toman decisiones en momentos críticos, acompañan a los clientes y aportan el valor diferencial que no puede proporcionar una máquina por sí sola.
Precisamente por ello, la gestión del talento ocupa un lugar estratégico dentro de la compañía. El objetivo no es únicamente incorporar profesionales cualificados, sino crear las condiciones necesarias para que puedan desarrollarse, crecer y permanecer en la organización. Esto implica trabajar sobre aspectos como la formación, el liderazgo, el bienestar y la creación de entornos inclusivos donde cada persona pueda aportar valor desde su propia experiencia.
Plantillas diversas y escucha activa
Los datos a cierre del 2025 reflejan esta apuesta por la diversidad. En la plantilla de Verisure España conviven profesionales de 57 nacionalidades diferentes, las mujeres representan el 43% del total de personas trabajadoras. Además, el 42% de las nuevas incorporaciones correspondieron a menores de 30 años y el 12% a personas mayores de 50 años. Esta combinación refleja la voluntad de incorporar nuevas capacidades sin renunciar a la experiencia acumulada, favoreciendo equipos intergeneracionales capaces de enriquecerse mutuamente.
Pero la diversidad no se queda en los procesos de selección. Requiere escucha constante. La compañía impulsa herramientas como encuestas de compromiso, foros internos o programas de embajadores que permiten recoger la voz de los equipos y adaptar las iniciativas a sus necesidades reales.
La diversidad en el día a día
Más allá de los datos, el reto está en convertir esa diversidad en algo vivo y cotidiano.
En este sentido, la celebración de la Semana de la Diversidad —una iniciativa europea impulsada por Naciones Unidas tras la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO— supone un buen ejemplo de cómo trasladar ese compromiso a la práctica. Este marco, orientado a promover el respeto, el diálogo intercultural y la inclusión, encuentra su reflejo en compañías que integran estos principios en su día a día.
Es el caso de Verisure España, donde recientemente se ha conmemorado esta semana con distintas actividades orientadas a sensibilizar y generar conversación en torno a la diversidad. No se trata solo de visibilizar la diversidad en momentos puntuales, sino de incorporarla de manera sostenida en la organización.
Desde programas de desarrollo como She Leads, centrado en el impulso del talento femenino, hasta iniciativas como el Plan Afloramiento, enfocado en discapacidad, la compañía impulsa un entorno de apoyo cercano y tangible. A través de estos programas, promueve espacios seguros en los que las personas puedan expresar sus necesidades y recibir acompañamiento en distintos momentos de su vida personal y profesional. Este acompañamiento incluye también el respaldo a profesionales en procesos de transición de género, facilitando durante todo su proceso la actualización de su nombre elegido (preferred name) en los sistemas internos y en los entornos de trabajo, para que su identidad esté correctamente reflejada en su día a día.
Porque fomentar espacios donde cada persona pueda mostrarse tal y como es no es solo una cuestión de cultura corporativa, sino también una manera de cuidar. Y, en última instancia, de construir organizaciones más representativas, más resilientes y mejor preparadas para entender a las personas a las que sirven.