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“La incomodidad pesa más que las ganas de playa”: mujeres que cancelan sus planes para esconder su cuerpo en verano

“Mi relación con mi cuerpo cambia completamente en el momento en el que saco la ropa de verano”. “La playa y la piscina son los planes que más inseguridad me han generado”. “En verano soy más consciente de las cosas que me molestan de mi cuerpo”. Con la llegada del calor no solo empiezan las vacaciones y los días de playa. Para muchas mujeres también comienza una negociación constante con su propia imagen. Elegir qué ponerse, cambiarse varias veces antes de salir de casa, evitar quedarse en bikini o incluso renunciar a un plan son situaciones que tienden a hacerse más frecuentes durante los meses de verano.

Lejos de ser experiencias aisladas, estas vivencias reflejan una realidad compartida. Un informe publicado recientemente por la plataforma Bloom sobre salud e imagen femenina revela que el 51% de las mujeres —de una muestra de 800 de entre 18 y 55 años— ha pensado alguna vez en renunciar a un plan social por no sentirse cómoda con su cuerpo; casi una de cada tres reconoce haberlo hecho finalmente.

Es el caso de Carla, una joven de 26 años que, al igual que el resto de testimonios de este artículo, prefiere ocultar su identidad. Cuenta que en su círculo familiar y de amistades han sido varias las mujeres que “hemos tratado de evitar e incluso hemos cancelado planes de viajes a la playa o ir a la piscina. La incomodidad de mostrar mi cuerpo pesaba más que la satisfacción o las ganas de ese plan”.

Casi una de cada tres mujeres de entre 18 y 55 años han renunciado a planes sociales para evitar mostrar su cuerpo, según un informe reciente de Bloom

El verano no crea el problema, pero lo hace visible

Los bikinis, los vestidos, los pantalones cortos o una tarde en la piscina pueden convertirse en amplificadores de inseguridades que no habían estado tan presentes durante el resto del año. El cuerpo parece ocupar el centro de las miradas en los meses estivales. Y así lo demuestra el aluvión de anuncios y vídeos que plagan las redes en estas fechas incitando a buscar un cambio físico –siempre a través de la compra o consumo de un producto, claro– que se enmarcan en el contexto de la archiconocida operación bikini.

Irene Pareja, CEO y cofundadora de Bloom, define el verano como un “catalizador” de las inseguridades corporales. Aunque estas no nacen con la llegada de las vacaciones, sí se intensifican por dos motivos: el cambio de armario —que implica una mayor exposición del cuerpo con prendas más ligeras o ajustadas— y la ruptura de las rutinas habituales, como el ejercicio, la alimentación o los horarios de descanso. “Es cuando más difícil resulta esconderlas”, resume.

Esther, madrileña de 25 años, lo corrobora: “Quizás me siento más insegura y descontenta con mi cuerpo al llevar ropa que deja ver más de mí. Siento que necesito ‘mejorarlo’ para poder enseñarlo”. Coincide con ella Paola (26 años), para quien el verano hace evidente “si tienes tripa, tienes las piernas más gordas o más flacas… Te fijas en muchos más detalles que cuando es invierno, que puedes ir más tapada”.

Para Ana, de 28 años, probarse la ropa del año pasado es un momento incómodo: “Mi relación con mi cuerpo cambia completamente en el momento en el que saco la ropa de verano. En mi cabeza creo que me va a quedar de una forma o pienso que me va a quedar como el año anterior y a veces no es así. En invierno se disimula más”. Ana no ha llegado nunca a cancelar ningún plan por no estar cómoda con su cuerpo —sí tiene amigas que han renunciado a viajes con amigos por este motivo—, pero, aun así, reconoce estar muy condicionada: “Por ejemplo, si hay un plan de barbacoa y piscina, pues pienso en estar en bikini el tiempo justo y necesario. En el momento que salgo de la piscina me planto mi toalla, mi pareo o un pantalón y camiseta para estar más cómoda”.

Mi relación con mi cuerpo cambia completamente en el momento en el que saco la ropa de verano. En mi cabeza creo que me va a quedar de una forma o pienso que me va a quedar como el año anterior y a veces no es así

Una presión que se intensifica entre las más jóvenes

El 47% de las mujeres entre 18 y 24 años han cancelado o reorganizado planes sociales por no estar cómodas con su aspecto, según el citado informe de Bloom. Este identifica una tendencia especialmente marcada en este grupo de edad, considerado el más vulnerable ante la presión estética externa. 

Beatriz Madrid Martínez, psicóloga sanitaria, ha observado que esta problemática es más común en generaciones jóvenes que en mayores. Asegura que el problema no está en la edad, “sino en la visión que tiene la persona de sí misma”. Sin embargo, sí que advierte “momentos más críticos” en la juventud y en la adolescencia. 

Paola, según su propia experiencia, observa esa preocupación en las generaciones más jóvenes, pero no por ello cree que las adultas queden al margen del escrutinio: “No creo que sea una cosa de generaciones, creo que tiene más que ver con el género. Las mujeres estamos sometidas a muchísima presión, sin importar la edad que tengamos. Vemos a niñas pequeñas haciéndose el skin care o gente más mayor que siente que tiene que ponerse a punto para el verano”. Esther también cree que es algo transversal a todas las edades: “Diría que las mujeres mayores de mi entorno son las que más críticas son con su cuerpo, aunque creo que ninguna cancelaría planes por ello. Por poner un ejemplo, yo salgo en cortos y sin depilar y está bien, pero mi madre no llevaría cortos a no ser que estuviera depilada”.

La preocupación y la inseguridad por la imagen corporal tampoco es algo exclusivo de un tipo de cuerpo concreto. Según expone Julia Vidal, psicóloga sanitaria y directora de la Clínica de Área Humana Psicología, este “miedo y desagrado por el propio cuerpo” lo pueden sentir personas con “normopeso, sobrepeso o infrapeso. Esto no entiende de siluetas”.

Además, aunque las expertas advierten de la dureza de la presión, el juicio y las expectativas sobre el cuerpo de las mujeres, también subrayan el creciente impacto que está teniendo en los hombres. Madrid Martínez señala: “Los hombres cada vez están siendo más partícipes de los problemas de imagen; ya no se imponen estereotipos de belleza solo a las mujeres, cada vez son más los chavales que empiezan a tener una visión negativa de su cuerpo por no lograr parecerse a los modelos de hombres que se supone que deberían ser”.

Redes sociales y comparación constante

TikTok e Instagram se han convertido en el escaparate donde muchas mujeres buscan inspiración para cuidar su imagen, pero también en uno de los espacios donde más se alimenta la comparación constante. Según el informe de Bloom, cuatro de cada diez mujeres siguen de forma habitual contenidos relacionados con rutinas de belleza o transformaciones físicas y un 37% reconoce sentirse peor después de consumir este tipo de contenido. 

Marian Blanco-Ruiz, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos y experta en género, habla de cómo estas plataformas han amplificado una presión estética que ya existía y han conseguido trasladarla al día a día de millones de mujeres. Y subraya que, aunque en los últimos años también han aumentado las exigencias estéticas sobre los hombres, la apariencia física sigue teniendo un peso mucho mayor en la forma en la que socialmente se valora a las mujeres. Esa presión se mantiene incluso en un contexto en el que el discurso sobre la diversidad corporal es cada vez más visible: “Aunque se hable de body positive, las mujeres siguen inmersas en una comparación constante”.

Cuatro de cada diez mujeres siguen de forma habitual contenidos relacionados con rutinas de belleza o transformaciones físicas y un 37% reconoce sentirse peor después de consumirlos

Los referentes han cambiado pero la comparación se ha mantenido: antes las mujeres a las que aspirar eran las modelos de las revistas, y ahora la comparación se produce a través de redes con otras mujeres que parecen “iguales a nosotras”. Según explica la experta en género, esa aparente cercanía no hace más que reforzar la sensación de que sus cuerpos son alcanzables, lo que aumenta la presión por parecerse a ellos.

Paola es un ejemplo de ello: asegura que estas plataformas “afectan a la relación con mi cuerpo. He dejado incluso de seguir a muchísimas influencers y famosas porque tenían unos estándares que no se asemejan a la realidad y no me hacían bien”. Es el caso también de Ana, quien, incluso siendo consciente de que lo que se ve en redes sociales “no es una realidad”, no puede evitar compararse: “Sí que he sentido que [a través de redes] me he invitado a adelgazar, tonificar o cambiar algo de mi cuerpo, y más cuando llega el verano y la famosa operación bikini”. En este sentido, la psicóloga Madrid Martínez habla de estas aplicaciones como “una apertura al mundo” que multiplica la exposición a nuevos referentes y favorece la comparación. Esa exposición constante, explica, hace que muchas personas empiecen a percibir como carencias aspectos de su cuerpo que, sin esas plataformas, probablemente nunca habrían considerado un problema.

Sin embargo, las redes sociales no son únicamente un espacio de comparación. Para Irene Pareja existe una “dicotomía”. Por un lado, es consciente de que pueden resultar especialmente perjudiciales para las mujeres más jóvenes, que por su momento vital son más vulnerables a los contenidos sobre transformaciones físicas, rutinas de belleza o glow up. Pero por otro, sostiene que también han permitido crear comunidades donde las mujeres comparten experiencias sobre salud desde una perspectiva más realista y libre de exigencias estéticas.

He dejado incluso de seguir a muchísimas 'influencers' y famosas porque tenían unos estándares que no se asemejan a la realidad y no me hacían bien

Son muchas las usuarias y creadoras de contenido que utilizan sus redes para compartir experiencias relacionadas con la inseguridad y el impacto que esta tiene en su vida cotidiana. Un ejemplo es Mara Jiménez, influencer y activista contra la gordofobia, quien ha hablado en varias ocasiones sobre cómo la presión social condicionaba especialmente sus veranos: “Yo sé lo que es anular planes que te apetece muchísimo hacer solo por miedo a exponerme”. Sin embargo, las redes sociales también dejan espacio para mensajes positivos y de apoyo. Actualmente, Mara comparte cómo la terapia y el trabajo en su autoestima le han permitido recuperar la confianza en sí misma y anima a sus seguidoras a no dejar que la presión social limite sus vidas.

Aplazar la vida

Esperar a tener el “cuerpo ideal” para empezar a disfrutar del verano, ponerse un bikini con tranquilidad o aceptar una invitación a la playa es la realidad de muchas mujeres. Madrid Martínez explica que en consulta observa cómo muchas pacientes no rechazan planes, sino que directamente dejan de hacerlos. Cuando esa espera se vuelve constante, la vida acaba quedando en pausa mientras se persigue un ideal físico que, en muchos casos, nunca llega.

Renunciar a planes hasta “estar mejor” no es algo que deba subestimarse. Las especialistas advierten de que esta dinámica tiene un gran impacto. “Si alguien cancela un plan únicamente por su cuerpo, ya es una señal de alarma a la que habría que atender”, afirma tajante Vidal.

La idea de que no puedes mostrarte ‘imperfecta’, que tu cuerpo tiene que esconderse o que eres culpable de no cambiarlo, puede tener graves consecuencias

“La idea de que no puedes mostrarte ‘imperfecta’, que tu cuerpo tiene que esconderse o que eres culpable de no cambiarlo, puede tener graves consecuencias”, advierte la psicóloga. No salir y no relacionarse puede “hacer perder vínculos y estímulos, pudiendo dañar el ánimo e incrementando la insatisfacción corporal, entrando en un círculo cada vez más complejo de abandonar”. Alargar esta conducta puede “desarrollar desde mayor inseguridad, depresión y ansiedad hasta trastorno del comportamiento alimentario o de la imagen corporal”. 

En este sentido, la CEO y cofundadora de Bloom considera que la línea roja se cruza cuando “el autocuidado deja paso a la autoexigencia”. Y resume: “Lo importante es conocerte y cuidarte, pero sin obsesionarte”.

Porque el objetivo del bienestar, coinciden las expertas, no debería ser cumplir un ideal estético, sino dejar de renunciar a experiencias por miedo a cómo se percibe el propio cuerpo. Que ir a la playa, ponerse un bañador o aceptar una invitación deje de depender de sentirse “suficientemente bien” para, simplemente, disfrutar del verano.