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Nostalgia, crítica y revisión generacional: qué queda del fenómeno ‘Amélie’ 25 años después de su estreno

Juanjo Villalba

23 de abril de 2026 21:47 h

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Si usted es una de esas personas que cada vez que rompe el azúcar tostado de una crema catalana, se acuerda de cierta chica que vivía en Montmartre, es posible que le interese este artículo. 

Para aquellos que no estén tan familiarizados con Amélie, la película de 2001 dirigida por Jean-Pierre Jeunet y protagonizada por Audrey Tautou y Mathieu Kassovitz, en el párrafo anterior hacía referencia a uno de los momentos más recordados del filme; cuando el narrador nos revela que una de las cosas que más disfruta en la vida la protagonista, aparte de meter la mano en los sacos de legumbres, es romper el azúcar endurecido de, en su caso, la crème brûlée. 

Sin duda alguna, Amélie marcó a toda una generación, en especial mujeres, que vieron en el personaje una forma distinta de habitar el mundo, más mágica, más imaginativa y aparentemente al margen de las reglas que dictaban cómo debía ser una chica. Un modelo que legitimaba la sensibilidad, la rareza y cierto repliegue hacia lo propio como un espacio desde el que construir la identidad, el deseo y el relato personal.

Pero no solo les pasó a las chicas. Gerard, de 35 años, resume así el impacto que tuvo Amélie en su vida: “Me ha influido un montón, porque hizo que París y Montmartre se convirtieran en mi lugar favorito”, confiesa. “He ido cuatro veces y siempre intento hacer el recorrido de los sitios icónicos de la peli. Pero quizá en lo que más me ha influenciado ha sido en mi amor por el arte y en concreto por el arte impresionista francés. Hoy en día, soy maestro de arte en una escuela de primaria y creo que, en parte, las propuestas que hago a mi alumnado están bañadas por la influencia de la película”.

Amélie marcó a toda una generación, en especial mujeres, que vieron en el personaje una forma distinta de habitar el mundo (...) Un modelo que legitimaba la sensibilidad, la rareza y cierto repliegue hacia lo propio

La educación sentimental de los 2000

Como vemos en este ejemplo, y en otros que aparecerán a continuación, para muchas personas que crecieron a principios de los años 2000, Amélie fue mucho más que una película, casi una educación sentimental.

Elo, de 43 años, también la recuerda con pasión: “Yo la vi en octubre de 2001, que fue cuando se estrenó. Y ese año fue para mí superimportante porque cumplí 18 años y empecé la universidad… Fue la primera vez que lloré después de una película, porque me sentí muy, muy identificada”, recuerda. 

“Luego vino ya pues lo de cortarte el pelo como ella, vestir como ella, tener el póster en la habitación. Eso sí, en japonés. No sé, fue un auténtico shock encontrar a un personaje que sentía tan parecido a mí”, añade. Durante un tiempo abundaron las Amélies. 

Victoria, de 21 años, cree que, “para las niñas que hemos crecido más hacia dentro que hacia fuera, Amélie constituyó un icono en el que reconocernos y sentir que esa soledad medio soñadora y medio evitativa del mundo real, era posible en el cine”. 

El peso del tiempo

Con el paso del tiempo, esa identificación se ha ido mezclando con una nostalgia más compleja. Virginia lo formula de manera bastante melancólica: “La verdad es que Amélie me genera mucha nostalgia y algo de pena”, confiesa. “El mundo en el que transcurre la película, ya no existe. Leí una vez que hoy esa historia duraría cinco minutos: Amélie encontraría un álbum, lo publicaría en redes sociales, encontraría a Nino y fin de la historia”.

Las cabinas telefónicas, los fotomatones, incluso el tiempo para perderse por las calles, para bajar a la tienda de abajo, para aburrirse, para espiar a los vecinos e imaginar planes locos, han desaparecido casi completamente. “Son tiempos difíciles para los soñadores”, sentencia Virginia.

Pero si esa nostalgia podría haber jugado a favor de la película, el paso del tiempo y, sobre todo, la magnitud de su éxito terminaron operando en su contra. La sobreexposición convirtió a Amélie en un cliché reconocible al instante, reducido a una estética y a una actitud fácilmente caricaturizables. 

La sobreexposición convirtió a Amélie en un cliché reconocible al instante, reducido a una estética y a una actitud fácilmente caricaturizables

En ese proceso de simplificación, y quizá también de olvido de la propia película, el personaje quedó atrapado en una imagen de dulzura e ingenuidad que, leída desde los códigos actuales, empezó a generar rechazo. En plena expansión de los discursos feministas más críticos con ciertos arquetipos, muchas espectadoras comenzaron a cuestionar esa feminidad aparentemente frágil, silenciosa y volcada en los demás. 

Charas Vega, creadora de contenido y que escribe sobre cine en su cuenta @charcastrolofilm, lo plantea con claridad: “Desde la perspectiva feminista y generacional, Amélie ha sobrevivido un poco regular ya que se la ha asimilado a términos como pick me girl o manic pixie dream girl o a una construcción atravesada por la mirada masculina”.

Lo que en su momento funcionaba como refugio o identificación pasó a interpretarse, para algunas personas, como un modelo limitado o incluso problemático, dejando a Amélie más como un estereotipo superado que como icono generacional.

Volver a verla, volver a pensarla

Tengo que decir que, en mi caso, volver a ver Amélie después de tantos años me produjo un efecto inesperado. La recordaba más ingenua, más encapsulada en una estética de postal. Sin embargo, la sensación fue otra. La película resulta hoy mucho más moderna de lo que yo recordaba, más compleja en su construcción de personajes y menos complaciente de lo que el recuerdo colectivo sugiere.

Desde la perspectiva feminista y generacional, 'Amélie' ha sobrevivido un poco regular ya que se la ha asimilado a términos como 'pick me girl' o 'manic pixie dream girl' o a una construcción atravesada por la mirada masculina

El visionado me hizo pensar que quizá hemos simplificado demasiado a Amélie con el tiempo. Quizá la hemos reducido a una estética, a un peinado, a una serie de imágenes, y en ese proceso hemos dejado fuera otras capas más ricas que estaban ahí desde el primer momento.

Mi lectura coincide en lo básico con la opinión de María Castejón, profesora, especialista en representaciones de género en el audiovisual y en historia de mujeres y autora de Rebeldes y peligrosas de cine (Lengua de trapo, 2021). “Creo que lo más importante de Amélie es el propio protagonismo de ella. Su personaje es el que maneja toda la película”, explica. “Quizá chirría un poco el tema del amor romántico. Pero a la vez es una mujer súper, superindependiente. En ningún momento es una Bridget Jones que cree que si no está con un hombre su vida es un fracaso”.

“Es una mujer muy poderosa, una mujer muy libre y ese tipo de personajes nos gustan desde el feminismo”, añade. “Y además que no está todo el rato empoderándose, algo que también resulta bastante cansino”.

Un imaginario que resiste

Resulta interesante cómo el personaje sigue generando debate hoy en día. Para algunas personas, representa una feminidad que ya no encaja. Para otras, sigue siendo reconocible y válida.

María Castejón insiste en esa complejidad: “Es una persona muy sensible, muy soñadora, muy empática. Muy de ayudar a todo el mundo, muy tímida, pero a la vez una mujer muy fuerte. Entonces creo que ese tipo de feminidad está muy presente también en la actualidad, no ha caducado absolutamente nada. Ni el de ella ni el de todas las mujeres que tiene alrededor, que también son muy interesantes, como la dueña del bar, la vecina, la del estanco… En definitiva, creo que es un personaje muy actual”. 

Quizá chirría un poco el tema del amor romántico. Pero a la vez es una mujer súper, superindependiente. En ningún momento es una Bridget Jones que cree que si no está con un hombre su vida es un fracaso

Vista hoy en día, hay algo en Amélie que sigue funcionando. Aunque puede que no sea exactamente lo mismo que en 2001. En opinión de Elo la película sigue siendo “deliciosa, perfecta”. Y señala algo clave: “Creo que reflejó muy bien el sentir de 2001. Fue un año muy complicado. La estrenaron como un mes después de las Torres Gemelas”. 

Quizá el mensaje final de este artículo debería ser: vuelvan a ver Amélie. Cosa que no es sencilla, por cierto, porque aunque parezca sorprendente, hoy en día no está disponible en la suscripción de ninguna de las plataformas de streaming que operan en nuestro país. 

Es posible que, con motivo de sus 25 años, vuelva a las pantallas, quizá incluso al cine. Aprovechen, vuélvanla a ver y saquen sus propias conclusiones, porque quizá en los últimos años la hemos mirado con demasiada condescendencia.