Pulso firme y mano tendida
Jesús Eguiguren
“Ser español no es nada del otro jueves”, dijo Azaña, y se le echó encima toda la derecha. Mucho antes, Cánovas del Castillo dijo que “era español el que no podía ser otra cosa”, y se le echaron encima todos los liberales. Yo me siento muy orgulloso de ser español, pero viendo el panorama nacional dan ganas de decir algo parecido. Después de décadas en que España ha sufrido por la herida sangrante del País Vasco, ahora que se atisban pasos decisivos en la pacificación, la política española en vez de hacer un ejercicio de responsabilidad y prudencia ante lo que ocurre, está alardeando de la peor política imaginable.
Por una parte, la derecha y los recursos mediáticos y de otro tipo que posee parecen empeñados en que la experiencia fracase. ¿Por qué? ¿Qué es lo que temen? No puede ser electoralismo. Porque lograr la paz, se sabe que sale muy caro y los Gobiernos que lo consiguen más que premio reciben cierto castigo en las urnas. Si no es electoralismo, ¿qué es? Sinceramente creo que es falta de patriotismo. No puedo calificar de otra forma que ante una cuestión de Estado, en vez de callar o ayudar se utilice el tema para las pequeñas miserias de la oposición sin cuartel al Gobierno.
(...) ¿En qué país de Europa o del mundo a un ministro del Interior qué está terminando o ha terminado con un problema que se creía irresoluble, en vez de darle el sostén y el agradecimiento de todos, se sea de derechas o de izquierdas, se le convierte en un personaje al que combatir o destruir? ¡Solo en España!
¿En qué país a un presidente del Gobierno que apostó por la paz y la va a lograr no se le reconoce ni siquiera ese mérito de alcance histórico? Y además se le descalifica por lo hecho en la legislatura anterior, como si lo que ocurre ahora no fuese una especie de epílogo de lo que ocurrió entonces, del trabajo de entonces, y no algo caído del cielo? ¡Solo en España!