Rajoy, de alfeñique a líder carismático
Juan Carlos Escudier
La política es tan cambiante que en el plazo de un mes Rajoy ha pasado de ser, a ojos de sus partidarios, un pusilánime con barba al que había que jubilar a toda prisa, a convertirse en un líder carismático al que le huele la axila a Moncloa. El de Pontevedra ha cogido tanto aire tras su triunfo en las elecciones gallegas y el ocaso de sus dos posibles recambios -víctima de las mirillas, ella; de los trajes de alpaca, él- que ahora va de perdonavidas, contando a Zapatero el tiempo que le queda. “No aguanta más de medio año”, le ha dicho, lo que en política se traduce por dos telediarios o así.
En cualquier caso, estamos posiblemente ante la primera ocasión en que Rajoy se ha convencido de que puede, aunque para ello deba imponerse en las europeas de junio.