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La realidad es cosa de rojos

Ya se sabe que para los que van ciegos de fe la ciencia tiene más peligro que un taburete quieto. Como estamos en verano, que es tiempo de prensa ligera que se revela como tal (a diferencia de los diez meses restantes del año, en que se emboza) vamos a traer a colación una bonita historia de la América delirante: la Conservapedia, la hermana cristofundamentalista de la anarcocapitalista Wikipedia, afirma que la teoría de la relatividad es una conspiración de la izquierda atea. 28 contraejemplos demuestran que no es válida. Entre ellos, la acción a distancia ejercida por Cristo, descrita en Juan 4:46-54, tan válida para negar la teoría de la relatividad como Josué 10:13 para negar que la tierra gire en torno al sol.

Ahora ustedes harán unos cuantos chistes en los comentarios y se echarán unas risas, como se las echaron en el blog donde leí acerca de este tema por primera vez, se meterán con algún troll y algún fake que busque una oportunidad en Red Liberal, y acaso incluso Jesús Se digne a aparecer entre nosotros para iluminarnos con Su verbo. El literalismo extremo del fundamentalismo protestante estadounidense es indefendible por, entre otras cosas, su incoherencia y falta de aplicación sistemática: ningún evangélico cree que la luna sea una estrella o que lo fuera algún día, a pesar de que Dios durante la Creación puso dos luces en el cielo (Gen. 1.16). Eso no significa que este literalismo típicamente protestante no sea peligroso, como la larga historia del creacionismo (y el diseño inteligente, una mutación mejor adaptada al medio) vs. la teoría de la evolución demuestra. Hay estudiantes universitarios que resoplan ante un comentario tan banal como el que los primeros grupos humanos llegaron a las Américas en torno al 15.000 a.C, ya que todo el mundo sabe (o debería saber) que el mundo tiene solamente 6.000 “y pico” años. La letra de la Palabra de Dios (mal traducida, leída y comentada) antes que nada, pase lo que pase, a diferencia de otros fundamentalismos con al menos un pie en la tierra. A José Stalin no le hacía ni pizca de gracia la mecánica cuántica, que apestaba a idealismo burgués, pero había una guerra fría que ganar (o no perder) y nadie iba a comprometer la ciencia soviética de verdad por un quítame aquí unas pajas materialista-dialécticas. Al fundamentalismo protestante estadounidense, por contra, le da todo igual porque, a fin de cuentas, el fin de los días está a la vuelta de la esquina. Ríanse, ríanse, sí. Y cuando estemos dentro de seis años hablando de la necesidad de explicar la importancia para la física cuántica del milagro de las bodas de Caná, recuerden que lo leyeron aquí antes que en cualquier otro sitio. Las maravillas de la blogosfera, siempre dando una plataforma a nuevas voces para que nos revelen lo que los grandes medios ocultan y no quieren que veamos.