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Vuelve la mano negra

Isaac Rosa

Los manifiestos no tienen derecho de admisión: lo dejas en la mesa y lo firma todo el que quiere, sea o no bienvenido. Lo mismo pasa con las manifestaciones: uno es convocado para una buena causa, y cuando llega se encuentra con pancartas, banderas o cánticos que le avergüenzan.

No sabemos si esto es lo que ha pasado con el “manifiesto por la lengua común”, del que algunos ya quieren borrarse para no ser compañeros de viaje de los mamporreros que una vez más se han puesto a la cabeza de la manifestación. Habrá quien vea la trampa desde su origen. Y habrá quien considere que los promotores iniciales han funcionado como tontos útiles para el aprovechamiento de quienes buscan réditos políticos o económicos (la crispación vende periódicos, ya saben).

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