El acento universal de la tierra: Samuel López-Lago, el creador emeritense que proyecta la creatividad extremeña al mundo
Existe una forma de mirar el mundo que no entiende de compartimentos estancos ni de fronteras geográficas. Una mirada que es capaz de conectar el barro húmedo de un taller de alfarería tradicional en Extremadura con los pasillos tecnológicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) o los debates sobre el futuro de la humanidad en la World Academy of Art and Science. Esa es la mirada de Samuel López-Lago (Mérida, 1991), un creador multidisciplinar cuya trayectoria transita con asombrosa naturalidad entre el diseño, el arte, la literatura, la tecnología y el bienestar.
Su labor, entendida como un servicio público que imagina y transforma la realidad, acaba de ser reconocida a nivel global: López-Lago ha sido galardonado con el Premio Internacional a la Creatividad en los Global Business Awards 2026 de The European. Un hito que coincide con su reciente nombramiento como embajador mundial de las artes de la World Academy of Art and Science (en su vertiente X-Art), una institución histórica de la que formaron parte mentes de la talla de Albert Einstein o Bertrand Russell.
Hablamos con el creador emeritense sobre su trayectoria, sus siete libros publicados, la necesidad de reivindicar las raíces y su particular manera de entender la creatividad no como un adorno, sino como una infraestructura indispensable para el futuro.
Un puente entre el MIT y las ruinas de San Albín
Para entender la cartografía creativa de Samuel López-Lago hay que viajar a su infancia. Específicamente al barrio emeritense de San Albín. “Habiéndome criado frente a los Columbarios y la Casa del Mitreo, y teniendo como espacios de juego las ruinas romanas de la calle Vía Ensanche y los talleres de verano del Museo Nacional de Arte Romano, es difícil no pensar en la ciudad romana como un contexto en el que desenvolverme”, evoca.
Ese sustrato de piedra, memoria clásica y tiempo lento modeló una curiosidad innata que, años más tarde, le llevaría a cruzar el Atlántico para formarse en el MIT. De Extremadura a Massachusetts. “Esa formación me ayudó a comprender que la intuición necesita estructura académica para desplegarse”, explica López-Lago. “Aprendí a pensar en sistemas, a diseñar con intención y a transformar una idea sensible en un proceso capaz de dialogar con la tecnología, las personas y el futuro”.
Esta capacidad para habitar diferentes disciplinas —el arte, los negocios, la tecnología— se traduce en sus responsabilidades internacionales. Como consejero de UNESCO Body and Mind Wellness y miembro de la World Academy of Art and Science, asume sus roles desde la “escucha y el servicio”. Su nuevo papel como embajador mundial de X-Art es, para él, una oportunidad de “llevar una voz extremeña a una conversación verdaderamente global”, concibiendo el arte como un lenguaje planetario capaz de unir sensibilidad, pensamiento y acción.
El asombro como hilo conductor: de la arcilla al papel
Con siete libros a sus espaldas, la producción literaria de López-Lago es tan poliédrica como su propia carrera. Abarca desde cuentos infantiles como Ítaca. El pequeño Ulises hasta ensayos metodológicos como el Vademécum de métodos de diseño. Sin embargo, bajo esa aparente disparidad, subyace un mismo latido: el asombro. “Todos mis libros intentan abrir una puerta para mirar de nuevo, recuperar presencia y recordar que crear también es una forma de habitar”, confiesa.
Sus proyectos editoriales funcionan a menudo como libros-objeto o experimentos de bienestar. En Brusselaxation, el autor propone una experiencia contemplativa de la capital belga a través de poemas y mandalas, buscando su dimensión más íntima lejos de la frialdad institucional.
Por su parte, en Clayfulness, funde la meditación con el modelado en arcilla, una práctica que sus lectores han abrazado como un refugio frente al ruido contemporáneo. “La arcilla nos devuelve al cuerpo. Hay algo muy antiguo en tocar, respirar y modelar sin prisa. El bienestar no aparece pensando más; aparece bajando las manos a la materia con presencia”, reflexiona el creador.
Esa misma defensa de la lentitud y la libertad se traslada a su trabajo con la infancia, un territorio que exploró activamente en el Festival Iceberg del Instituto Cervantes y en Galería de lo imposible donde celebra la imaginación como herramienta para cambiar el mundo. Para López-Lago, “cuidar la creatividad de un niño es proteger una inteligencia profunda, libre y valiente”, precisamente porque la infancia aún no ha aprendido a obedecer los límites de lo que los adultos consideran “posible”.
“La creatividad no ofrece soluciones mágicas, pero transforma la manera de formular las preguntas. Frente a problemas complejos, imaginar distinto ya es empezar a cambiar”.
'Ars Fatum': la raíz viva en Dubái y Osaka
Si hay un proyecto que sintetiza a la perfección la filosofía de López-Lago es Ars Fatum. Desarrollada en colaboración con el taller Terracota Mérida, esta obra ha sido la punta de lanza de la identidad extremeña en las vitrinas internacionales más importantes del planeta, formando parte del Pabellón de Extremadura tanto en la Expo Dubái 2020 como en la reciente Expo Osaka 2025. Un viaje global que ha contado, además, con el apoyo incondicional del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
“Significa honrar una raíz sin convertirla en reliquia”, afirma con rotundidad cuando se le pregunta por el orgullo de exportar el sello de su región. “Ars Fatum nace de Mérida, de la tierra, la artesanía y la memoria clásica, pero viaja al mundo como una forma viva, contemporánea y emocional de cultura extremeña”.
Esta itinerancia internacional le otorga una perspectiva privilegiada para lanzar un mensaje a las nuevas generaciones de creadores de la región: “Les diría que no intenten borrar su origen para parecer internacionales. Que conserven su acento: el lingüístico y el estético. Lo más universal suele nacer de lo más propio. La raíz no es una frontera”.
La creatividad como infraestructura de futuro
Aunque reconoce que en Extremadura existe sensibilidad, iniciativas y avances institucionales importantes en materia artística, López-Lago va un paso más allá y reclama un cambio de paradigma en la gestión del talento: “Debemos cultivar más la idea de entender la creatividad como infraestructura de futuro. No es un adorno cultural: es educación, economía, identidad, comunidad y una forma poderosa de proyectar la región al exterior”.
Mirando hacia los años 2026 y 2027, el creador extremeño se encuentra inmerso en nuevos proyectos editoriales junto a Experimenta Editorial, en lo que describe como un año “muy activo en cuanto a la exploración”.
Al ser preguntado sobre el horizonte de su carrera, el emeritense huye de los fuegos de artificio de la vanguardia tecnológica vacía. Su brújula apunta hacia una dirección mucho más humana: “Dirijo mi trabajo hacia una creatividad más esencial, menos ruidosa y más vivida. Quiero seguir construyendo puentes entre arte, bienestar, educación y pensamiento para imaginar formas más humanas de vivir, crear, aprender y relacionarnos con el mundo”. Y todo ello, sin perder el acento, con los pies en la tierra de Mérida y la mente en el infinito.