Fragoso se apunta al trío

La escena en la que Francisco Javier Fragoso da una rueda de prensa en la sede de Ciudadanos anunciando que por fin va a ser alcalde mientras es ‘vigilado’ por una imagen a tamaño gigante de Albert Rivera es la mejor metáfora para saber qué papel van a tener los populares y los naranjas esta legislatura en el Ayuntamiento de Badajoz.

Fragoso va a seguir mandando, pero ahora hay un partido supervisor que a pesar de contar con la menor representación en el Consistorio pacense (2 concejales), es quien paradójicamente tiene la potestad de decidir si el PP sigue disfrutando de los privilegios del poder o se pasa al oscurantismo de la oposición.

Con el viento a favor desde Madrid, Luis García-Borruel, el candidato pacense de Ciudadanos, ha sido el gran beneficiado de lo que implica la fuerza de una marca. Sabe perfectamente que tiene una llave mágica en su mano y se ha dejado querer por todos jugando al despiste.

Veamos lo que ha pasado en Badajoz desde el 24M:

La noche de las elecciones la ciudad vivió un momento histórico. Después cinco mayorías absolutas seguidas (20 años de poder), el PP perdía su hegemonía en un bastión hasta el momento ‘propiedad’ de los populares. De 17 concejales pasaban a 13. E incluso hubo momentos de verdadero pánico cuando casi al cierre del escrutinio bajaron a 12. El PSOE se quedó a 100 votos de obtener el concejal número 10, lo que hubiera complicado aún más las cosas.

No obstante, y aunque la lista de Fragoso fue la más votada, el PP de Badajoz se enfrentaba a una situación inédita, un nuevo escenario que obligaba a abrir el capítulo de las negociaciones para poder seguir con el bastón de mando.

Y empezó el juego. La misma noche de las elecciones, el candidato socialista, Ricardo Cabezas, ya dejó claro que iba a intentar como fuera arrebatarle la alcaldía a los populares argumentando que los pacenses habían votado por el cambio. Para ello, era necesario un tripartito entre PSOE, Podemos (que tiene 3 concejales) y Ciudadanos. El acercamiento entre PSOE y Podemos estaba más o menos claro (aunque este último debía consultar a las bases), pero Ciudadanos jugó a tontear con todos. Hasta llegó a decir, según cuentan en Podemos, que formaría parte de ese tripartito si el candidato que se presentaba era Remigio Cordero en vez de Cabezas.

Fragoso, por su parte, aseguró que no estaba dispuesto a ser alcalde a cualquier precio y que si él era un impedimento para el funcionamiento de la ciudad, que se quitaba del medio. Pero fueron declaraciones más bien con la boquita chica.

La prueba es que al final Ciudadanos no pactará con PSOE y Podemos, y se abstendrá en la votación de Fragoso para que éste pueda ser primer regidor a cambio de una serie de acuerdos con los que, hasta ayer, no estaba nada de acuerdo.

Un ejemplo: El Campillo. El actual alcalde en funciones afirmó y reafirmó que no habría marcha atrás en el proyecto de construir unifamiliares y que el mismo se había diseñado después de consultar con las asociaciones y colectivos que pudieran tener implicación. Es más, aseguró que lo que les pasaba a algunos es que les había molestado “que no los contrataran a ellos como arquitectos o arqueólogos”. Ahora se replanteará el futuro de esta zona del casco antiguo.

Otro ejemplo (y quizás el más relevante): la polémica de los concejales liberados, los asesores externos y el personal de confianza. Fragoso se negaba a reducirlos asegurando que todos ellos eran fundamentales para el buen funcionamiento del Gobierno local. Ahora parece que ya no hacen tanta falta, puesto que ha aceptado reducir los ediles liberados a seis (más el alcalde), eliminar esos asesores externos e ir suprimiendo el 50% de los cargos de confianza.

La conclusión es que Luis García-Borruel estará en un segundo plano pero con la capacidad de cambiar el Ayuntamiento si quiere. Y dice con mucho orgullo que no entra en el Gobierno porque el mensaje que le han mandado los ciudadanos es que ellos han de estar en la oposición de vigilantes. Ahora habrá que ver si el PP cumple lo acordado con Ciudadanos y si en unos meses, cuando se celebren las generales (en torno a noviembre), no hay un cambio de parecer en el partido naranja.

Lo cierto es que un día antes de las elecciones, los populares pacenses no esperaban para nada perder esa mayoría absoluta de la que gozaban desde que gobiernan en Badajoz. Y mucho menos pensaron que su futuro político dependería de Borruel (antiguo compañero de la extinta Alianza Popular, por otra parte).

Afirmaba Fragoso días antes de los comicios que “20 años no es nada” si la relación funciona. Y le daba al vínculo entre el alcalde y los ciudadanos una intimidad al nivel del matrimonio. “Aunque lleves ese tiempo con tu mujer, si estás bien, no quieres cambiar de pareja”. A estas palabras respondía el candidato socialista argumentando que “muchas veces, aunque el amor y la pasión se acaban, uno no cambia de pareja por miedo, por pereza o por no querer salir de ese supuesto estado de confort”.

Al final Fragoso ha tenido que acudir al trío con Ciudadanos para salvar su relación con los pacenses.