Un estudio avisa del impacto negativo para las aves de retirar los árboles quemados en los incendios
Un estudio de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) sobre el comportamiento de las comunidades de aves tras el primer megaincendio que sufrió Galicia, en 2022, determina el “enorme valor” que tienen para los pájaros los árboles quemados que permanecen en pie en el bosque tras un incendio, pues se convierten en estructuras donde anidar y refugiarse. Avisa de que eliminar estos troncos, que es algo habitual para aprovechar la madera, tiene un “enorme impacto” sobre estos animales.
El estudio, firmado por un equipo de investigadores de la USC y de la Misión Biológica de Galicia del CSIC, analiza cómo respondieron las aves al enorme incendio -casi 13.000 hectáreas- que afectó en el verano de 2022 al Courel, durante la temporada de cría posterior. La severidad del fuego fue el principal factor negativo: con más intensidad, menos riqueza de especies de aves. Pero, en los casos en los que las llamas dejaron tras de sí un “mosaico de zonas con distinto grado de afectación”, eso favoreció la diversidad de aves. En estos escenarios, se crean microhábitats en los que coexisten especies con necesidades ecológicas distintas, según explica Fernando García, primer autor del trabajo e investigador de la USC y la Misión Biológica.
Cuando los fuegos son muy severos y sus efectos resultan más homogéneos, la comunidad de aves se empobrece y se reduce su capacidad de reorganizarse tras el incendio, agrega. El estudio llega a la conclusión, tras analizar datos de 2.928 aves de 56 especies, de que tras el fuego los árboles quemados que siguen en pie resultan ser estructuras de enorme valor para estos animales, en especial para las aves forestales y las que nidifican en cavidades. Les sirven de refugio, posadero, zona de alimentación y también para hacer sus nidos. Por lo tanto, avisa de los efectos que tiene en contra de estos usos la práctica habitual de retirar los troncos que han ardido.
Hay, según el texto, un “efecto paradójico de gran relevancia conservacionista”, que es que las aves de espacios abiertos aparecieron, tras el incendio, solo en las zonas quemadas, en las que se habían generado terrenos despejados en zonas que antes eran de vegetación demasiado densa para ellas.
Estas y otras especies ligadas a ambientes agrícolas tradicionales “son las que enfrentan mayores problemas de conservación en Europa, en buena medida porque el avance de la vegetación arbustiva derivado del abandono rural las fue expulsando del territorio”. “El fuego les abre, por lo menos de forma temporal, una ventana de oportunidad que el paisaje abandonado les niega”, recoge el estudio, que indica que O Courel perdió en torno al 75% de la población desde 1970 y el 80% de la cabaña ganadera. Ese proceso de abandono cambió el paisaje, en el que lo que eran campos y prados se transformó en zonas colonizadas por vegetación. Eso aumentó la carga de combustible y la continuidad espacial -lo contrario del paisaje en mosaico que los expertos citan como elemento que ayuda a hacer frente a los fuegos-. A todo esto se suma el cambio climático, con sequías más intensas y olas de calor, como ocurrió en 2022.
El estudio también indica que la respuesta de las aves no depende solo de las características del incendio, sino también de cómo era el ecosistema antes. “El ecosistema no parte de cero tras el fuego”, expone García, que destaca la relevancia de la estructura previa de la vegetación y de los elementos que resisten. Los investigadores señalan que es necesario seguir analizando la evolución a largo plazo.