Pepe Barro, diseñador gráfico: “A mi generación le tocó superar los fantasmas del cambio tecnológico. La cabeza es la que rige”

Daniel Salgado

Santiago de Compostela —

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La del diseñador gráfico es una tarea con más responsabilidades de las que aparenta. A él corresponde inventar las formas visuales en que una sociedad se comunica. Dotarlas de lógica y coherencia. Hacerlas bellas según los consensos, o no, de la época. Provocar que hablen. En el caso de Pepe Barro (Pontedeume, A Coruña, 1955) esa sociedad es Galicia y las formas, desde los carteles de oposición a la finalmente no construida central nuclear de Xove en los 70 a la renovación de la Casa da Matanza -el museo de Rosalía de Castro-, de las cajas de huevos de una pequeña empresa rural a la maqueta del único diario en papel redactado en gallego, Nós Diario. “Trabajamos en un lenguaje internacional y en una koiné gráfica internacional”, sostiene Barro, “pero pasaba igual en el Románico. Lo había en Santiago y en Alemania”. Con acentos singulares, sin duda. Los de este artista gráfico, clave en el desarrollo de la disciplina en la comunidad desde la restauración democrática, los recoge ahora O libro de Barro (Didac, 2026), unas memorias gráficas de 400 páginas que concentra “lo esencial” de su trabajo y de su idioma.

Hace tres años, Barro envío a amigos y conocidos uno de esos libritos autoeditados con que los obsequia de vez en cuando. 1973. O ano decisivo, se titulaba. “Estudiaba Filosofía y Letras en la Universidade de Santiago y ese año hice dos o tres carteles para la asociación cultural O Galo”, relata elDiario.es, “me fui enredando y me decanté hacia el diseño. Abandoné la carrera y hasta hoy”. O libro de Barro, que recoge en una vistosa edición la síntesis del archivo del diseñador depositado en la Fundación Didac, de cuadernos manuscritos a reportajes fotográficos de sus labores museográficas, de bocetos de carteles a un catálogo de símbolos y anagramas, arranca con ese primer diseño: un cartel para la Homenaxe a Castelao organizada por O Galo, una de las agrupaciones de referencia en la resistencia cultural antifranquista. “En los años 70 nadie sabía lo que era el diseño en Galicia”, asegura en la entrevista con David Barro que abre el volumen. Fue su generación, de la que formaban parte Xosé Diaz -hijo de Isaac Díaz Pardo- o Lía Santana, la que lo remedió. En su caso, de la mano de Ventura Cores (Cee, 1931- Pontevedra, 2015), pintor e interiorista al que reconoce como maestro.

“El diseño gallego se fue desarrollando en paralelo a la construcción de su mercado”, explica, “cuando yo era joven, los diseñadores éramos pocos, y el mercado estaba reducido a la industria cultural. Ya no. La sociedad ha madurado y comprendido la necesidad de nuestro trabajo”. Barro vivió esa profesionalización durante los 80 y los 90 en solitario o integrado en despachos como BC&D, Grupo Revisión Deseño o Barro Salgado Santana. Pero antes, los años pioneros. Fue cuando Pepe Barro se hizo cargo del diseño de A Nosa Terra, cabecera histórica del nacionalismo gallego resurgida a finales de los 70 con un enfoque izquierdista y moderno, dirigida entonces por la periodista, escritora y cineasta Margarita Ledo. También trabajó para la industria cultural, por ejemplo para la recién constituida editorial Xerais, quizás la pieza clave del libro gallego en la etapa autonómica. A ese mundo ha seguido vinculado, sobre todo a través de las cubiertas para las obras del escritor Suso de Toro, amigo personal, de Caixón desastre (Xerais, 1983) a Terra de sacrificio (Xerais, 2025).

A Nosa Terra no fue la única experiencia periodística de Barro. En 1987 formó arte de la sala de máquinas de Diario de Galicia, un diario progresista y fugaz cuya dirección recayó en Xosé Antonio Gaciño. La subdirección, en Manuel Rivas. “Fue uno de los primeros periódicos del Estado en usar ordenadores para el diseño”, asegura. El cambio tecnológico es otra de las constantes en las reflexiones de Pepe Barro, quien recuerda algunas de las transformaciones con las que ha lidiado su oficio: la fotocopiadora que ampliaba o reducía, “un avance brutal”; la fotocopiadora a color; la fotografía digital. No sale de casa sin tres objetos, de los que nacen no pocos de sus proyectos: un cuaderno, una pluma y su teléfono móvil. “A mi generación le tocó aprender de nuevo a trabajar con la popularización de la informática”, considera, “y vencer el miedo a la homologación, a que todo iba a ser igual hecho por ordenador. No fue así, superamos los fantasmas del cambio tecnológico. La cabeza es la que rige, está claro”.

Tampoco le asusta la llamada -numerosos expertos critican la denominación- inteligencia artificial. “Es otro fantasma que va a ser dominado y una herramienta maravillosa para nosotros”, dice, “veo el problema de si le pides, no sé, el cartel para las fiestas de Pontedeume. Lo hace, pero saqueando nuestro trabajo. Quizás funcione a un nivel popular, pero para el trabajo serio va a seguir confiándose en la cabeza de los diseñadores”. No por nada Pepe Barro asegura que lo que más le interesa de su profesión, cincuenta años después, son los “nuevos retos”. “Tengo que pasarlo bien trabajando, si no, no me sale bien”, afirma divertido. Pero no solo del futuro inmediato vive el artista gráfico.

Historia de las formas gallegas

O libro de Barro recoge además algunas de sus investigaciones sobre la simbología nacional gallega. Las agrupa bajo el epígrafe de Divulgación. La historia de la actual bandera de Galicia es una de sus obsesiones. Según su tesis, la tela blanca con franja azul claro de izquierda a derecha en sentido descendente la ideó el historiador Manuel Murguía, marido de Rosalía de Castro, por encargo del Centro Gallego de La Habana, que le habría solicitado un estandarte para sustituir el de la Cruz de Santiago en el último cuarto del siglo XIX. “Hasta ahora teníamos una descripción del estandarte de Murguía, pero el investigador Sixto Gómez Echemendia ha encontrado una imagen del mismo”, revela. La teoría hasta ahora más aceptada sitúa su origen en la enseña de la provincia marítima de A Coruña, que a finales del XIX eliminó una de las dos aspas azules cruzadas en diagonal para evitar confusiones con otras. Según el diseñador, esto sucedió un mes después del traslado de los restos de Rosalía de Castro a Bonaval, en Santiago de Compostela, el 25 de mayo de 1891. En esa ceremonia habría ondeado la bandera de la franja azul, ideada por Murguía y cosida por Alejandra Murguía de Castro. Barro desarrolla su argumentación en un ensayo publicado en el Boletín da Real Academia Galega.

“Siempre me ha interesado desvendar la historia y los significados de la simbología patriótica gallega, desde el punto de vista político y desde el cultural”, apunta. Aunque insiste en defender que el diseño gráfico es un lenguaje internacional, también sabe que “hay formas que tiene carga simbólica”. Menciona, por ejemplo, los motivos de inspiración celta, que en el caso de Galicia sufrieron una transición, del dolmen o anta como figura principal al trisquel y las representaciones solares. Dos libros “a medio hacer” le servirán para seguir ordenando sus indagaciones al respecto. Porque si un elemento ha caracterizado el medio siglo de trayectoria como diseñador es el pensamiento sobre el propio oficio. Él mismo se lo pregunta al final de esta conversación con elDiario.es: “¿Por qué tiene interés un diseño una vez que su mensaje ha caducado? ¿Por qué tiene interés la imagen de una virgen? No por la representación teológica, sino por cómo está pintada, por esa carga poética”. “Encontrar su expresión es lo que todavía me motiva cada vez que me encargan un trabajo”, concluye.

Barro presentará O libro de Barro en el Museo de Belas Artes da Coruña acompañado de Mónica Maneiro, de la Fundación Didac, y del escritor Suso de Toro el jueves 28 de mayo.