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“Ser temporero ya no es viable”: cuando la crisis de la vivienda trastoca la economía

Santiago Torrado

Menorca —
27 de septiembre de 2026 22:40 h

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Batuel Bayarri es de origen valenciano. Lleva trece años viviendo en Menorca y los últimos seis y medio trabajando en hostelería, siempre en cocina, a pesar de tener una amplia trayectoria en el ámbito de las Bellas Artes. Es pintor de formación con varias becas importantes a sus espaldas y un máster en Arte y Creación por la Complutense de Madrid. Ha expuesto en salas y galerías de todo el Estado. Hoy, la posibilidad de compatibilizar el arte con el trabajo que le sustenta está en una delgada línea roja. 

“He tenido que ir asumiendo responsabilidades cada vez mayores para poder adaptarme al aumento del coste de vida en la isla, eso significa dedicar más horas al restaurante y menos a la pintura”. Según señala, el encarecimiento de la vivienda ha sido otro factor clave en los últimos años para decidir hacer más horas de cocina y fogón que de talleres y óleos. “En los dos últimos años me he tenido que mudar tres veces. Cada vez que cambias de casa tienes que volver a montar el estudio y eso afecta a la producción y a lo creativo”. 

Posa junto al grafiti de una cocina. Bajo el reloj que marca las horas, los turnos, los pases de servicio, hay —pintado con rotulador— un dibujo sobre el azulejo. Cada día que pasa, los trabajadores del hotel dibujan una nueva cifra. Hoy dice: “Quedan 40 días”. Mientras el reloj cuenta turnos, el grafiti cuenta las jornadas que quedan para que termine la temporada 2026. Todos los años, la llegada del otoño marca una desaceleración en la vida cotidiana de Menorca; es el ritmo de la estacionalidad.

Con una diferencia de pocos días, la isla pasa de la ocupación desbordante al vacío turístico. De la agitación del verano a la quietud otoñal. De la apertura y el frenesí, a la calma y el sosiego y —también, claro— a la desaceleración económica. En las primeras semanas de septiembre, decenas de hoteles, bares, restaurantes y chiringuitos de playa dan inicio al operativo de cierre hasta el año que viene. El dato del paro de los últimos tres años es ilustrativo en este sentido: con la llegada de octubre el desempleo ha subido alrededor de un 10% cada año en los últimos dos años —un 9,5% en 2024 y un 9,4% en 2025, según datos publicados por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE)—. Todo parece indicar que este año no será una excepción. 

En las primeras semanas de septiembre, decenas de hoteles, bares, restaurantes y chiringuitos de playa dan inicio al operativo de cierre hasta el año que viene

“Cuando termina el contrato es un cambio abrupto”

Tras sus lentes de marco grueso, los ojos miopes de Batuel cuentan los días que faltan para el final de su temporada número 8 como jefe de cocina mientras espera con ansias el regreso a los bastidores y las acuarelas. “Cuando termina el contrato es un cambio bastante abrupto. Pasas de nueve meses pensando en pedidos, platos y clientes a parar de golpe”. Según explica, el arte es el cable a tierra para conectar con un ritmo menos exigente y más creativo. “Utilizo esos cuatro meses para trabajar mi obra y mis proyectos. Es la manera que tengo de subsistir en la isla”.

Utilizo esos cuatro meses [de paro] para trabajar mi obra y mis proyectos. Es la manera que tengo de subsistir en la isla

A pesar de todo, este valenciano de 38 años confiesa que la posibilidad de abandonar la isla ha estado presente en distintos momentos de los últimos años. “Me lo he planteado muchas veces”, admite. Sin embargo, asegura que la paternidad cambió por completo esa perspectiva. “Ser padre es lo que ha hecho que me quede en Menorca”. Con el tiempo, explica, ha aprendido a valorar aspectos de la vida en la isla que antes pasaban más desapercibidos. “Ahora disfruto mucho más de Menorca porque he asumido que voy a vivir aquí. Pero si no hubiera tenido una hija, probablemente me habría marchado hace cinco o diez años”.

Ahora disfruto mucho más de Menorca porque he asumido que voy a vivir aquí. Pero si no hubiera tenido una hija, probablemente me habría marchado hace cinco o diez años

“Durante seis meses generas todo el dinero”

Similar a la de Batuel es la historia de Aleix Solá García, quien lleva once años trabajando como cocinero en Menorca, aunque este barcelonés vive exclusivamente de los ingresos que obtiene entre primavera y otoño. Asegura que, tal y como está, el modelo estacional cada vez es más difícil de sostener: “Los primeros seis o siete años se podía vivir bastante bien, pero desde hace unos tres años he tenido que alargar las temporadas uno o dos meses más para poder cobrar el paro y llegar a la siguiente temporada”.

Con la llegada del invierno, Aleix depende de los meses cotizados, del paro y de una gestión muy ajustada de sus ahorros. “Durante seis o siete meses generas todo el dinero del año. Si no te organizas, puede llegar marzo o abril y no llegas”. En algunos momentos ha necesitado apoyarse en la devolución de la renta o en ayuda familiar para cubrir los últimos meses antes de volver a trabajar.

Según explica, la estacionalidad condiciona por completo su forma de vida. “El contraste es muy grande. En verano no tengo tiempo para nada porque trabajo muchísimo. En invierno tengo tiempo, pero no tengo dinero. Es difícil equilibrar”. Pese al cambio de condiciones laborales, Aleix no se plantea marcharse de la isla. “Prefiero vivir en Menorca todo el año. Lo que me gustaría es que mi profesión fuera más estable, poder trabajar de lo que me gusta sin tener que depender exclusivamente del turismo”, explica, al tiempo que reconoce que el aumento del coste de vida y de la vivienda está poniendo en cuestión la viabilidad del trabajo de temporada. “Yo puedo seguir porque tengo un cargo de responsabilidad, pero si no asumes ciertas responsabilidades o no tienes unos ingresos más altos, ser temporero ya no es viable”, comenta.

El contraste es muy grande. En verano no tengo tiempo para nada porque trabajo muchísimo. En invierno tengo tiempo, pero no tengo dinero. Es difícil equilibrar

Un paro históricamente bajo

A pesar del fuerte contraste social y económico que impone el cambio de estación en la isla, Menorca mantiene tasas de paro históricamente bajas. La población desempleada se situó, hacia el final del cuarto trimestre de 2025, en 1.873 personas, lo que implica una reducción del -3,1% interanual y una caída acumulada del -59,5% respecto a 2019, según datos del Observatorio Social y Ambiental de Menorca (OBSAM).

Con todo, el OBSAM señala que uno de los principales retos de la economía insular sigue siendo la concentración temporal de la actividad turística y la falta de diversificación. La combinación de estacionalidad, falta de vivienda asequible y dificultades para captar mano de obra aparece señalada como uno de los principales límites para el crecimiento futuro de la isla en el Informe de Coyuntura Económica de Menorca que elabora cada año el instituto. 

Pero no todos los empresarios deciden resignarse a mandar a sus trabajadores al paro y profundizar la brecha entre alta actividad y cierre total. Patricia y Daniel son una pareja de emprendedores que, a diferencia de buena parte de la restauración menorquina, apuestan por mantener su negocio abierto durante los doce meses del año. “No fue una decisión premeditada. Se fue dando. Cuando empezamos a gestionar el local nos dimos cuenta de que, por la ubicación en el centro de Maó y por el tipo de negocio que tenemos, era viable abrir todo el año”, explican.

Con el tiempo, la elección también adquirió una dimensión más personal. “Nos gusta poder aportar algo a la gente que vive aquí. Que no sea un negocio que solo abre cuando llega un montón de turistas y cierra cuando se van”, cuenta Patricia. Aunque reconocen que económicamente es más sencillo concentrar la actividad en los meses de verano, consideran que mantener la persiana levantada durante el invierno tiene un valor que va más allá de la rentabilidad inmediata.

Entre las ventajas destacan la posibilidad de atraer trabajadores que buscan estabilidad laboral y la oportunidad de construir una relación más sólida con la clientela local. “Abrir todo el año es un plus a la hora de encontrar personal. Hay mucha gente que quiere trabajar durante toda la temporada, pero también mucha que busca un empleo estable”. Además, sostienen que el invierno permite desarrollar una propuesta gastronómica diferente. “Es una época mucho más íntima, más tranquila. A nivel de producto, otoño, invierno y primavera son estaciones muy interesantes para cocinar”.

Abrir todo el año es un plus a la hora de encontrar personal. Hay mucha gente que quiere trabajar durante toda la temporada, pero también mucha que busca un empleo estable

Mantener el negocio abierto todo el año exige, sin embargo, una capacidad constante de adaptación. “Son prácticamente dos negocios distintos. No tiene nada que ver servir 150 comensales en pleno agosto que atender 35 o 40 personas en invierno”. La gestión de plantillas, horarios, compras y oferta gastronómica cambia por completo según la época del año. “Tienes que ser imaginativo y adaptarse continuamente a las necesidades de cada momento”, afirma ella.

Otra variable cada vez más común entre el sector empresarial de Menorca a la hora de garantizar una plantilla estable es ofrecer vivienda además de trabajo –temporal o no– a sus empleados. Los “temporeros” como Daniel Poleo –treinta años, venezolano y chef ejecutivo– finalmente deciden quedarse en la isla por posibilidades como esta: “Yo llegué a Menorca en 2021 para cubrir una suplencia de verano. Venía de trabajar en Barcelona en condiciones precarias y la diferencia fue inmediata”.

Explica que aquel verano post pandemia fue la primera vez que le pagaron bien. Finalmente, un acuerdo con sus actuales empleadores que incluye una vivienda a pocos metros de su puesto de trabajo inclinó la balanza a favor de Menorca, a pesar de la estacionalidad. “Poder trabajar ocho meses y que eso me permita vivir doce me da la vida. Aunque julio y agosto son especialmente duros, el balance sigue siendo favorable. Me quedo aquí”, concluye.