Trump necesita que alguien le diga que está ganando la guerra en Irán (aunque sea mentira)
Lara Lea Trump entrevistó el domingo a su suegro en la Casa Blanca para Fox News. Después de enseñarle el ring que está montando en su jardín para los combates de artes marciales mixtas; el proyecto de un Arco del Triunfo “como el de París, pero más grande”; las obras del polémico salón de baile, “la mayor instalación de este tipo jamás construida”; y la reforma de la piscina reflectante del monumento a Lincoln, tocaba hablar de cosas serias.
Sentados frente a un cuadro con Trump levantando el puño y la sangre recorriéndole el rostro tras el atentado que sufrió en campaña, el presidente decía a su nuera: “Irán está en una posición muy mala. No tienen ejército y todo lo que tienen es buena palabra y la prensa falsa, que probablemente es su mayor baza”. “Hemos eliminado su ejército, su armada, su fuerza aérea. Todo. Hemos eliminado su cúpula dos veces y media y estamos hablando con la otra media. Son más razonables y, por cierto, se puede decir que eso es un cambio de régimen. Podrían levantar la bandera blanca de la rendición y el New York Times diría que Irán ha derrotado a EEUU. Consigues una gran victoria en la batalla y dicen que has perdido”, lamentaba el presidente.
Washington ha caído en la trampa de la falacia de la guerra corta, centrándose excesivamente en el poder de sus medios y perdiendo de vista cómo alcanzar sus fines
Lo que Trump no entiende es que la guerra no la gana quien lanza más bombas, mata a más gente y hunde más barcos. La victoria militar tiene poco que ver con la victoria estratégica y, mientras el presidente dice que Irán está desesperado por llegar a un acuerdo, la agencia Tasnim, cercana a la Guardia Revolucionaria, anunciaba este lunes que Teherán ha suspendido las negociaciones ante las violaciones constantes del alto el fuego en Líbano, donde Israel ha tomado un castillo en su mayor incursión en el país en 26 años.
Cualquier opción es mala para EEUU, incluido firmar un acuerdo. Trump solo puede elegir la salida menos mala, defienden Jennifer Kavanagh y Rosemary Kelanic, del think tank estadounidense Defence Priorities, en un artículo publicado en Foreign Affairs. “Llegar ahora a un acuerdo limitado y duradero que saque a Estados Unidos del atolladero actual y evite futuras rondas de conflicto entre EEUU, Israel e Irán es el mal menor para Trump, aunque ello requiera concesiones incómodas por parte de Washington. Por desgracia, esas concesiones son el precio de una guerra fallida que ha dejado a Estados Unidos en peor situación que cuando comenzó”, señalan las autoras.
Cuando EEUU lanzó la guerra en febrero mientras negociaba con Teherán, Trump pensaba que podía lograr por la fuerza un acuerdo mejor del que podría salir de la mesa diplomática. Su obsesión era lograr un acuerdo nuclear mejor que el alcanzado por Obama en 2015 y del que Trump se retiró unilateralmente en 2018. Sin embargo, “Trump se enfrenta ahora a una preocupación de mayor prioridad: la reapertura del estrecho de Ormuz. Tal y como están las cosas, Washington no está en condiciones de alcanzar un acuerdo que satisfaga ninguno de estos objetivos”, señalan las analistas. “Las concesiones nucleares que Trump esperaba conseguir al lanzar inicialmente un ataque contra Irán no se vislumbran en el horizonte por la sencilla razón de que la posición negociadora de Estados Unidos es ahora peor que antes de la guerra”.
“Las exigencias de Estados Unidos son incompatibles con el equilibrio de poder, que se ha inclinado de manera decisiva a favor de Irán desde que comenzó la guerra. EEUU no ha derrotado a Irán y, por lo tanto, no puede dictar las condiciones del vencedor ni esperar la capitulación total de Irán. Irán tampoco ha ganado la guerra, pero quiere, con razón, un acuerdo definitivo que refleje su posición negociadora más fuerte, es decir, que ahora cuenta no con una, sino con dos fuentes de influencia: su programa nuclear y su control del estrecho”, sostiene el artículo.
La falacia de la guerra corta
Durante la entrevista con su nuera, Trump decía que estaba “muy cerca de un buen acuerdo”. “Si no, empezaremos con el Departamento de Guerra, que ha sido muy exitoso. Has visto lo ocurrido en Venezuela, que fue una victoria de un día”. Pero Irán no se convertirá en el protectorado de EEUU en el que se ha convertido Venezuela, donde los ingresos generados por la venta y explotación de sus recursos naturales ya están yendo directamente a cuentas del Gobierno de EEUU, que administra ese dinero en nombre del nuevo Gobierno venezolano. Si Delcy Rodríguez quiere gastarse ese dinero, tiene que pedírselo a Marco Rubio, quien autoriza o rechaza la operación.
Trump ha caído de lleno en la “falacia de la guerra corta”, es decir, “la convicción de que las ventajas militares y tecnológicas permiten a un Estado derrotar a un enemigo con la velocidad, dirección y crueldad de un ataque inicial”, explica Lawrence Freedman, profesor emérito de estudios de guerra en el King’s College de Londres. Las grandes potencias asumen demasiado a menudo que su absoluta superioridad militar abrumará rápidamente a sus oponentes. Que se lo digan a Rusia en Ucrania. “Washington ha caído en la trampa de la falacia de la guerra corta, centrándose excesivamente en el poder de sus medios y perdiendo de vista cómo alcanzar sus fines”. Por eso no es capaz de entender que no va ganando en lo que él llama la “excursión iraní” (para intentar justificar que no está durando tanto como otras guerras pasadas de EEUU).
Irán, mientras tanto, no tiene prisa por aceptar la oferta. “Los funcionarios estadounidenses achacan la obstinación de Teherán a su liderazgo fracturado, pero si hay división en Teherán es sobre la conveniencia de confiar en el Gobierno de EEUU. Al fin y al cabo, Irán ha tenido una experiencia amarga al negociar con Trump, quien echó por tierra el acuerdo nuclear de 2015 y ha lanzado dos veces ataques militares contra Irán durante negociaciones”, escribe Vali Nasr, analista de Irán, en un artículo para el Financial Times.
Las exigencias de EEUU son incompatibles con el equilibrio de poder, que se ha inclinado de manera decisiva a favor de Irán desde que comenzó la guerra. EEUU no ha derrotado a Irán y, por lo tanto, no puede dictar las condiciones del vencedor ni esperar la capitulación total de Irán. Irán tampoco ha ganado la guerra, pero quiere, con razón, un acuerdo definitivo que refleje su posición
Lo que busca Irán es un acuerdo que garantice que EEUU e Israel no le atacarán de nuevo y, según los detalles filtrados del borrador actual, eso no se cumple. Según Nasr, la opinión predominante en todo el espectro político de Teherán es que, dado el historial de Trump, la promesa de un alto el fuego para crear las condiciones para un acuerdo diplomático más amplio más adelante “podría, en realidad, aumentar la amenaza de guerra”. “Las concesiones aparentemente generosas de Washington se interpretan como demasiado buenas para ser verdad. Su objetivo es adormecer a Irán para que baje la guardia mientras Estados Unidos se prepara para terminar el trabajo”, escribe el analista sobre la creencia dominante en Teherán.
“Irán sospecha que EEUU no busca una paz duradera, sino libertad de acción para mantener a Irán aislado y débil, controlando sus actividades nucleares y de misiles con misiones periódicas para ”cortar la hierba“, explica Nasr. Este es precisamente el enfoque israelí, que cada cierto tiempo arrasa Líbano para contener a Hizbulá. Se parece también al acuerdo en Gaza, donde se acordó un alto el fuego temporal y, cuando tocaba pasar a la segunda fase y la retirada definitiva israelí, el pacto se diluyó como un azucarillo mientras Israel sigue asesinando a civiles en la Franja. ”Ante tal perspectiva, lo único que importa es la disuasión. E Irán la busca en tres frentes: Ormuz, el expediente nuclear y haciendo que Estados Unidos pague un precio [por la guerra].
Pero Trump tiene un plan infalible: “Simplemente siéntense y relájense, al final todo saldrá bien ¡Siempre es así!”, escribía este lunes en su red social.
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La tarta del presidente, de Hasan Hadi. Lamia, una niña de 9 años, recibe en el colegio la misión de preparar una tarta con motivo del cumpleaños de Sadam Husein y el encargo le cambiará la vida. Mi compañera Laura García Higueras entrevistó hace unos meses al director, que recordaba perfectamente como cada mes de abril, cuando era pequeño, el profesor entraba en clase y hacía un sorteo para ver a quién le tocaba hacer la tarde por el cumpleaños del dictador. Una historia increíble que salió premiada de Cannes y candidata al Oscar internacional.
Gracias por llegar hasta aquí.
¡Hasta la semana que viene!