Por qué el Mar Negro se ha vuelto a convertir en una zona de desestabilización global
La estrategia de llevar la guerra al interior de Rusia por parte de Ucrania fue respondida por el Kremlin con una campaña de bombardeos para cerrar las exportaciones ucranianas por el mar Negro, que tuvo su respuesta desde Kiev. Durante el verano, el Mar Negro se convirtió en “el escenario más mortífero para la navegación”, según el servicio internacional de información sobre el transporte marítimo, Lloyd’s List. Con la llegada del otoño, esta zona sigue siendo un campo de batalla más en la guerra de desgaste entre Ucrania y Rusia, con duras repercusiones para los mercados globales de cereales, que están incrementando los precios. Antes de la invasión, Rusia y Ucrania representaban un tercio de las exportaciones mundiales de trigo y el 20% de las de maíz.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha indicado que los precios de los cereales en septiembre habían aumentado en un 18% respecto al año anterior. La razón de este incremento “se debió en gran medida a las restricciones logísticas en la región del mar Negro, que llevaron a los países importadores a recurrir a proveedores alternativos”, según explica la FAO.
Caitlin Welsh, directora del Programa de Seguridad Alimentaria del Center for Strategic and International Studies (CSIS), explicó a la cadena CBC que “ahora ya no es solo Rusia la que ataca a Ucrania, sino que Ucrania también ataca a Rusia, y ambas cosas están ocurriendo al mismo tiempo. Los precios ya están subiendo y creo que podemos esperar que los precios de los cereales, especialmente los del trigo, sigan aumentando”.
Tom de Waal, analista de Carnegie Europe, comenta que “en agosto, la guerra aérea redujo en dos tercios las exportaciones de cereales y productos agrícolas tanto de Rusia como de Ucrania. La falta de ese grano en los mercados mundiales pone a varios países africanos en riesgo de hambruna, mientras que los precios mundiales de los cereales, ya encarecidos por el cierre del estrecho de Ormuz, podrían subir todavía más”.
En 2022, tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, con la intermediación de Turquía se consiguió firmar en julio la Iniciativa de Granos del Mar Negro, un pacto firmado por Rusia, Ucrania, Turquía y Naciones Unidas que permitió la exportación segura de grano, alimentos y fertilizantes desde los puertos ucranianos en el Mar Negro (Odesa, Chornomorsk y Yuzhny) para aliviar la crisis alimentaria mundial.
“Rusia rechaza la propuesta de alto el fuego en el mar Negro”
Sin embargo, en esta ocasión el Kremlin se ha negado a llegar a un acuerdo. Yevgeniya Gaber, investigadora del Atlantic Council, explica que “Rusia ha vuelto a rechazar las propuestas de alto el fuego marítimo en el mar Negro. En agosto, Moscú descartó la oferta de Ucrania de suspender los ataques contra objetivos civiles en el mar como una 'medida a medias'. Más recientemente, Rusia rechazó otra propuesta de tregua limitada en el mar Negro, presentada por Turquía y Naciones Unidas, alegando que los 'acuerdos parciales' no pueden acercar a Rusia y Ucrania a una solución de paz”.
“Los ataques rusos han tenido como objetivo sistemático las infraestructuras y los activos económicos de Ucrania para debilitar su economía y su moral. Los puertos ucranianos del mar Negro han sufrido daños de tal magnitud que las exportaciones de Ucrania a través de esta vía marítima han quedado, a todos los efectos prácticos, paralizadas, lo que está perjudicando gravemente los ingresos del país”, explica Fredrik Löjdquist, director del think tank Stockholm Centre for Eastern European Studies.
El ministro ucraniano de Agricultura, Taras Vysotskyi, explicó en una entrevista al Financial Times que si los puertos siguen cerrados, Ucrania dejará de ingresar 8.000 millones de dólares entre junio de este año y junio de 2027. Ucrania habría previsto exportar 64 millones de toneladas de productos agrícolas en 2026, pero ahora las previsiones se han rebajado a la mitad.
Además, Moscú ha dado un paso más allá con el ataque a buques de países europeos. El primer ministro de Bulgaria afirmó el pasado martes que dos buques comerciales habían sido alcanzados por drones en el primer ataque contra embarcaciones registrado en la zona económica exclusiva de este país miembro de la OTAN en el mar Negro. Además, un carguero de propiedad turca que transportaba grano fue atacado por dos drones que acabaron hundiéndolo frente a la costa de Rumanía.
Rusia y Ucrania buscan rutas comerciales alternativas
Tanto Rusia como Ucrania están buscando rutas comerciales alternativas. Moscú está planteando otras vías alternativas para exportar sus cereales, según declaró la ministra rusa de Agricultura, Oksana Lut. Por un lado, se están transportando a través de los mares Báltico y Caspio. Rusia también está utilizando una ruta que atraviesa Kazajistán y está negociando con China que crucen por su país para la venta en el sudeste asiático.
Mientras, Ucrania se encuentra con los obstáculos que le ponen tanto Polonia como Rumanía desde 2023 para aumentar el transporte de su grano por sus territorios, con el argumento de que tienen que proteger a los agricultores de sus países ya que parte del cargamento puede acabar en sus mercados.
El ministro ucraniano de Exteriores, Andrii Sybiha, conminó este viernes a la directora general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo-Iweala, porque “los ataques rusos contra buques civiles, marinos y puertos ucranianos en el mar Negro amenazan las cadenas mundiales de suministro de alimentos. Es necesario restablecer sin demora la seguridad de la navegación. Contamos con que la OMC haga oír su voz en apoyo de los esfuerzos internacionales para lograrlo”.
El problema también radica en que no hay capacidad para presionar a Rusia y que acepte un nuevo plan de paz en esta zona. Yevgeniya Gaber, investigadora del Atlantic Council, resalta que “los países ribereños del mar Negro pueden garantizar por sí solos una disuasión creíble frente a Rusia. Rumanía y Bulgaria siguen careciendo de muchas de las capacidades de defensa costera, radares, sensores y otros medios necesarios para disuadir a Rusia de forma independiente. Turquía dispone de capacidades militares y de defensa antimisiles considerablemente superiores, pero sigue gestionando una relación delicada con Moscú, combinando su apoyo a Ucrania con una cuidadosa gestión de la escalada y la cooperación con Rusia”.
“La fragmentación regional añade complejidad a la situación de seguridad. A diferencia del mar Báltico, el mar Negro reúne a países miembros y no miembros de la OTAN, así como a Estados pertenecientes y ajenos a la Unión Europea. Las herramientas diseñadas para superar estas dificultades siguen siendo limitadas. El Centro de Seguridad Marítima del Mar Negro propuesto por la UE sigue siendo, por ahora, principalmente un concepto. El Grupo de Trabajo Trilateral de Contramedidas contra Minas en el Mar Negro (MCM), creado por Turquía, Rumanía y Bulgaria, solo mantiene una presencia operativa durante solo dos meses al año, carece de capacidades suficientes y excluye al país que cuenta, con diferencia, con mayor experiencia de combate en el mar Negro: Ucrania”, explica Yevgeniya Gaber.
Como solución, Nino Lezhava, analista de Defensa y Seguridad del Center for European Policy Analysis, propone que “el caso del mar Báltico ofrece un modelo que seguir. Cuando se cortaron cables submarinos entre Finlandia y Estonia, la OTAN respondió en cuestión de semanas con la operación Baltic Sentry. El mar Negro no ha recibido nada comparable, pese al aumento de lo que está en juego. Se necesita una operación de vigilancia y protección antes de que se produzca el primer incidente, no después”.