Putin eleva con la amenaza nuclear la retórica bélica contra Europa en su estrategia por expandir el miedo
Rusia ha escalado sus amenazas y ataques contra Ucrania y el resto de Europa. El Kremlin ha encendido aún más su retórica de la guerra contra los europeos con la advertencia de utilizar su arsenal nuclear. Si el pasado jueves, la OTAN confirmó que el Kremlin amenazó con utilizar armas nucleares si la Alianza Atlántica bloqueaba el territorio de Kaliningrado, posteriormente, el presidente ruso, Vladimir Putin, confirmó las advertencias extendiéndolas a todo el territorio de la Federación Rusa. Los analistas explican que la actual apuesta del Kremlin por una escalada no es una señal de fortaleza, sino de debilidad, que responde a la pésima situación económica y a la capacidad de Ucrania de llevar la guerra al interior de Rusia, que ha provocado escasez de combustible y la sensación de inseguridad en las ciudades, además de un frente bélico, que tras cuatro años de combates y miles de muertos en los dos bandos, no avanza.
El analista ruso Andrei Kolesnikov explica en Foreing Affairs que “desde hace semanas, hay numerosos indicios de que Putin se está preparando para una nueva etapa en el conflicto de Rusia con Ucrania y Occidente”. “El Kremlin ha estado alimentando una sensación permanente de emergencia, difundiendo amenazas —lo que el fallecido politólogo ruso Gleb Pavlovski denominaba la 'cinta transportadora del conflicto ruso', una máquina que nunca debe detenerse—. Al mismo tiempo, el Gobierno ha impuesto a la población una mentalidad de asedio, junto con la necesidad de mantener una unidad absoluta, una dinámica que se ha visto reforzada por la intensificación de los ataques aéreos ucranianos en el interior de Rusia”, escribe.
Tras la amenaza en negro sobre blanco de utilizar el arsenal nuclear si el territorio de Kaliningrado era bloqueado por tropas de la OTAN, Putin dio un paso más esta semana y aseguró: “Si llegamos a un ataque directo contra la Federación rusa, y me refiero a Kaliningrado, pero también puede pasar con cualquier otro territorio, por supuesto, en la agenda figurará inevitable e inmediatamente la cuestión del empleo por parte de Rusia de todo el armamento a su alcance. Eso es inevitable”.
“Si nos topamos con una agresión, tenemos que responder”
“Nosotros no asustamos a nadie, esas no son intimidaciones, sino la respuesta a los intentos de amedrentarnos. Nosotros no amenazamos a nadie, no tenemos intención de atacar ni en 2029, ni en 2030, ni en 2050. Pero si nos topamos con una agresión, tenemos que responder”, argumentó el jefe del Kremlin, que ya ha agitado el fantasma atómico en otras ocasiones desde un país donde el lenguaje nuclear es el pan de cada día de los sectores más radicales del poder, así como de algunos de los académicos y propagandistas con mayor presencia en los medios. Sin ir más lejos, en 2024, Putin reiteró su amenaza nuclear cuando Francia planteó la posibilidad de desplegar tropas de paz en Ucrania.
"Podría tratarse simplemente de otra campaña destinada a generar miedo entre los europeos mediante la amenaza de una guerra directa con Rusia y a debilitar el apoyo a Ucrania. Pero teniendo en cuenta las advertencias de los servicios de inteligencia europeos sobre posibles operaciones rusas de falsa bandera, existe otra posibilidad que al menos deberíamos tener en cuenta. Rusia tiene una larga tradición de crear una amenaza, culpar de ella a sus adversarios y utilizar después esa amenaza para justificar sus propias acciones
El Gobierno ruso está en una campaña para justificar que los europeos y la OTAN se están preparando para una guerra contra Rusia que tendría lugar cerca de 2030. El Kremlin pone como ejemplo las maniobras recurrentes de la Alianza Atlántica en el Báltico o las actuaciones contra la flota en la sombra, que realmente son barcos rusos tratando de sortear las sanciones.
Olga Lautma, analista del Center for European Policy Analysis, explica que la estrategia del Kremlin “podría tratarse simplemente de otra campaña destinada a generar miedo entre los europeos mediante la amenaza de una guerra directa con Rusia y a debilitar el apoyo a Ucrania”. “Pero, teniendo en cuenta las advertencias de los servicios de inteligencia europeos sobre posibles operaciones rusas de falsa bandera, existe otra posibilidad que al menos deberíamos tener en cuenta. Rusia tiene una larga tradición de crear una amenaza, culpar de ella a sus adversarios y utilizar después esa amenaza para justificar sus propias acciones”, agrega.
Y en esta espiral de amenazas por parte de Rusia, Europa está entre sus objetivos. En una reunión con periodistas en Ginebra, Rodión Miroshnik, embajador ruso para “los crímenes de Ucrania”, advirtió: “Si los países europeos continúan con su política de escalada, siguen implicándose estrechamente con Ucrania, incluso quizás participan directamente en el conflicto, no descartamos la acción directa para protegernos”.
Miroshnik no dudó en utilizar el doble lenguaje de víctima y verdugo: “Rusia no desea ser el origen de otro conflicto mundial que pueda extenderse a territorios de otros Estados, sin embargo, no descartamos el uso de medidas militares cuando se trate de defendernos, de proteger a nuestra nación”.
Desde hace meses Moscú ejerce una fuerte presión sobre los países europeos de la OTAN, que va desde el juego del gato y el ratón con incursiones de drones y cazas en la frontera europea oriental a ataques cibernéticos o estrategias de desinformación urdidas por el Kremlin.
Alexander Gabuev, director del Carnegie Russia Eurasia Center, cree que desde el punto de vista del Kremlin, existen “al menos tres razones para intensificar su guerra híbrida contra Europa”. “En primer lugar, muchos fabricantes europeos de armamento están trabajando para suministrar material al enemigo de Moscú. La segunda razón es la venganza: el Estado ruso es consciente de que cientos de miles de sus militares han muerto a causa de las armas suministradas o financiadas por Europa o utilizando información de inteligencia proporcionada por la OTAN. Por último, en el Kremlin confían en que los europeos acabarán abandonando a Ucrania porque sus Gobiernos se verán sometidos a la presión de unos votantes indiferentes al destino de Kiev”.
Cuando se le preguntó ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, por la guerra híbrida respondió: “¿Se refiere al hecho de que destruimos los drones y misiles que Gran Bretaña y Europa suministraron a Ucrania y que luego fueron disparados contra nosotros?”. Lavrov llegó a decir que los países europeos “se están preparando para la guerra” con Rusia y que “lo afirman a diario”. “No tenemos ninguna intención de declarar la guerra a Europa... eso es totalmente absurdo”, afirma.
Sin embargo, el lenguaje utilizado por Moscú frente a Europa se ha llenado de referencias bélicas en las últimas semanas. Minna Alander, analista del centro de pensamiento Stockholm Centre for Eastern European Studies, explica que “Rusia ha comprendido el valor informativo de que se señalen públicamente sus acciones, lo que contribuye a generar entre la población europea una sensación de inseguridad permanente y refuerza la imagen de Rusia como un actor capaz de representar una amenaza omnipotente. Por ello, Rusia ya no intenta con tanta frecuencia ocultarse tras el velo de la 'negación plausible', sino que, por el contrario, se atribuye el mérito de sus acciones”.
La investigadora sueca asegura que la nueva estrategia rusa “plantea un dilema para los países europeos, ya que 'señalar y avergonzar' públicamente a Rusia no la disuade de continuar con su guerra híbrida. Por tanto, la atribución de estas acciones solo desempeña un papel como base jurídica para posibles contramedidas, pero puede acabar favoreciendo los intereses de Rusia en el terreno de la información”.
De hecho, aunque numerosos dirigentes europeos han pedido rebajar el calado de las amenazas de Moscú, señalando que son parte de su estrategia de ampliar al miedo para rebajar el apoyo de Europa a Ucrania, la espiral bélica también empuja a dirigentes de la UE a elevar el tono. El ministro de Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, apuntó como “ataque terrorista y actos de sabotaje” el incendio provocado en agosto en un edificio de Tallin utilizado por Milrem Robotics, una empresa de defensa que suministra vehículos no tripulados a Ucrania. Tsahkna pidió al resto de dirigentes de la UE que dejen de llamar “híbridos” a los ataques de Rusia en suelo europeo para calificarlos como “un tipo de guerra”.
En el mismo sentido, el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, subrayó: “Si Rusia ataca nuestras fábricas en territorio europeo, eso sería el artículo 5 [que establece la defensa mutua entre los miembros de la OTAN en caso de ataque]”. El secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, ha tratado de rebajar la tensión y pidió “mantener la calma, seguir adelante y apoyar a Ucrania”.
Objetivos civiles
En pleno ascenso de la retórica bélica, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, declaró al Financial Times que el presidente ruso ha ordenado a sus mandos militares que abandonen las reglas de la guerra y ataquen objetivos civiles. Según los servicios de inteligencia ucranianos, Putin habría eliminado restricciones en los bombardeos y señalado como objetivos a escuelas, hospitales y centros de datos como respuesta a los ataques sobre las infraestructuras energéticas rusas.
Zelenski situó el nuevo objetivo de los ataques “presionar a la población e infundir miedo”. El Kremlin ha negado que las Fuerzas Armadas de Rusia ataquen escuelas u hospitales, pero la Organización Mundial de la Salud ha verificado ataques contra más de 3.000 instalaciones sanitarias desde que comenzó la invasión rusa a gran escala en 2022.
Además, el Kremlin estaría acentuando la utilización de la inmigración como arma para presionar a los países europeos en un momento en el que hay una fuerte contestación con políticas más duras en la UE contra la inmigración. Las tensiones con la vecina Polonia han aumentado este año, lo que ha provocado un incremento de los ataques contra ucranianos.
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