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Análisis - Qué son los activos congelados que exige Irán a EEUU en las negociaciones
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Análisis

Qué son los activos congelados que Irán exige a EEUU y por qué son tan importantes en las negociaciones de paz

Descifrando la Guerra —
12 de junio de 2026 22:44 h

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El principio de acuerdo entre Irán y EEUU nunca ha estado más cerca. Prácticamente todos los términos están negro sobre blanco a expensas de los últimos detalles y la confirmación final de ambos líderes.

Los ataques de los últimos días contra Irán y las intrusiones en el espacio controlado por la República Islámica en el estrecho de Ormuz buscaban presionar a las autoridades persas para que asuman el compromiso propuesto bajo términos favorables para EEUU. Sin embargo, fuentes de Pakistán, occidentales e iraníes han revelado algunos detalles que son claramente favorables a Teherán, aunque EEUU los ha negado.

Uno de los puntos críticos parece ser el devenir de los activos congelados iraníes. ¿Pero de qué se está hablando en concreto?

Una historia de sanciones contra Irán

La ruptura entre Irán y Estados Unidos e Israel retrotrae la contienda al éxito de la Revolución Islámica; es decir, al año 1979. Este no es un conflicto que nazca en 2026 ni se fraguase en los choques de 2020 o 2025, como la Guerra de los 12 Días. Estamos ante una batalla de casi medio siglo.

Como en toda disputa, las armas que los actores en liza emplean se van adaptando a sus capacidades. EEUU ha utilizado de manera amplia el poder que ejerce sobre gran parte del mundo, especialmente desde la caída de la Unión Soviética. Y lo que en un principio eran sanciones contra un rival, en este caso Irán, se fueron transformando en sanciones globales que obligaban a los demás países a actuar contra el actor sancionado según los deseos de EEUU. Es lo que se conoce como sanciones secundarias o indirectas.

La fórmula impuesta por EEUU supone que países de todo el globo, con Qatar a la cabeza, retengan enormes cantidades de dinero y activos iraníes congelados. EEUU obligó a que empresas, bancos y fondos de terceros países paralizasen importantes activos en el extranjero para minar las capacidades de la República Islámica.

En el conflicto reciente, Donald Trump se ha empleado a fondo para forzar al mundo a que no comerciase con Irán, de ahí que el republicano decidiese romper unilateralmente el acuerdo nuclear suscrito durante el mandato de Barack Obama y reasumir la estrategia de “máxima presión” contra el país.

Aunque muchos actores han seguido comerciando con Irán, especialmente en el ámbito energético, China ha sido el primero que ha apostado en 2026 por contrarrestar las sanciones secundarias estadounidenses que le afectan. De este modo, si otros actores decidiesen acatar la orden estadounidense de no comerciar con las refinerías chinas por mantener lazos con Irán, serían sancionados por Pekín.

La fórmula impuesta por EEUU supone que países de todo el globo, con Qatar a la cabeza, retengan enormes cantidades de dinero y activos iraníes congelados. EEUU obligó a que empresas, bancos y fondos de terceros países paralizasen importantes activos en el extranjero para minar las capacidades de la República Islámica.

Unos 100.000 millones de dólares bloqueados

El monto en cuestión es difícil de concretar. Las estimaciones hablan de en torno a 100.000 millones de dólares, en su mayoría provenientes de la compraventa de combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural iraníes. No obstante, la cantidad y localización no está completamente clara dada la movilidad de los activos y los intereses que han podido generar a lo largo de los años.

Qatar es el principal tenedor de activos iraníes, especialmente ante la posibilidad de que los activos congelados en Corea del Sur se hayan trasladado a la monarquía del Golfo. De ahí que este asunto se haya negociado durante el mes de junio a través de una delegación catarí y no solo mediante la mediación pakistaní.

Tras producirse los correspondientes encuentros en Doha, Teherán ha seguido presionando para que el acuerdo al que se pudiera llegar, incluso si este era de mínimos, incluyese la liberación de una parte de sus activos en el extranjero.

El consenso sobre el que Trump hablaba presumiblemente atañía al desbloqueo de Ormuz. Conviene a todas las partes que el estrecho recupere su rol como principal vía regional de tránsito. Pero es ahí cuando Teherán quiere hacer valer el peso demostrado en la guerra de 2026. Sin compensaciones de guerra, no hay acuerdo.

La partida económica que se está negociando es cuádruple. Por un lado, se habla de un fondo destinado a la reconstrucción o a la compensación de guerra. Pero este desenlace, previo a cualquier compromiso nuclear, resultaría extremadamente costoso a nivel político para Trump y, por supuesto, para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Las vías indirectas pasan por el levantamiento de sanciones o el cobro de peajes en Ormuz, pero ambas cuestiones se enfrentan a restricciones legales internacionales y de EEUU. La opción más viable vuelve a estribar, una vez más, en los activos congelados.

La letra pequeña del acuerdo económico

Irán quiere que se le devuelvan sus activos de forma previa a cualquier concesión en el ámbito nuclear bajo los términos estadounidenses. Incluso aunque se aceptase un levantamiento parcial y condicionado de sanciones, el historial de Israel con la firma de acuerdos en Palestina y Líbano, pero sin acometer las retiradas de las zonas ocupadas, alimenta la desconfianza iraní.

Por este motivo, Irán insiste en la firmeza de sus demandas. Algunas informaciones señalan que en la mesa de negociación se planteó la cifra de una cuarta parte de los 100.000 millones de dólares. Teniendo en cuenta que el montante estimado total supondría en torno a un tercio del PIB de la República Islámica, la cantidad que se podría entregar si este extremo acaba formando parte del acuerdo sería en torno a un doceavo del PIB anual del país.

Tampoco se conoce quién desembolsaría ese dinero, que se encuentra distribuido entre países occidentales y orientales como Japón, Irak, India o Qatar. Pero la autorización debe emanar de Washington, quien garantiza la arquitectura internacional de las sanciones secundarias.

Gobierno Trump contempla la confiscación de dichos activos para su entrega a los países del Golfo en términos de compensación y reparación de guerra. El órdago cruzado está sobre la mesa

A ese respecto, las negociaciones de los últimos días de mayo y primeros de junio pusieron de manifiesto que el Gobierno Trump contempla la confiscación de dichos activos para su entrega a los países del Golfo en términos de compensación y reparación de guerra. El órdago cruzado está sobre la mesa.

Si Estados Unidos confisca una parte de los activos se estará rompiendo un tabú tan poderoso que propició la negativa de Bélgica y la Unión Europea para hacer lo propio con los activos rusos. Y, por lo tanto, Irán probablemente daría por finalizadas las negociaciones.

Una descongelación que beneficie a ambos bandos es una solución que aún no se ha podido explorar previamente, ya que en el caso ucraniano la propuesta provino de Rusia. Si se entregan, incluso si solo es una parte, Irán recibiría un balón de oxígeno para su economía, asfixiada por las sanciones y diversas crisis estructurales.

Pero además, este desarrollo de los acontecimientos se podría interpretar como una concesión que dejaría a Irán en una posición de fuerza para profundizar en demandas históricas o de gran calado como la nueva arquitectura de seguridad de Oriente Medio.