La Asociación Nacional del Rifle decide su propia estrategia electoral 

Lois Beckett

Louisville, Kentucky —

Pistolas en las aulas de la Universidad. Pistolas en las iglesias. Pistolas en los bares.

“A partir de mi primer día de mandato, no existirán los espacios libres de armas”, ha prometido el posible candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. 

En Estados Unidos, los defensores del derecho a poseer armas de fuego han hecho tantos avances que ahora incluso luchan por su causa fuera de su territorio. Intentar que en los campus universitarios se pueda ir armado “es como neutralizar un territorio donde todavía quedan soldados del ejército enemigo después de haber ganado la guerra”, indica el abogado Dave Kopel, un destacado defensor del derecho a poseer armas. 

Unos 80.000 miembros de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés) han empezado a llegar a Louisville, Kentucky, para participar en el encuentro anual del grupo. Lo cierto es que no todos están seguros de haber ganado la batalla final. 

Tras haber esquivado esta cuestión durante años, ahora algunos políticos demócratas han vuelto a centrar su atención en el número de víctimas causadas por las armas. El movimiento para el control de las armas cuenta con más recursos y está defendiendo su posición en las capitales de los Estados del país. Ha logrado algunas victorias y ha conseguido que los votantes aprueben en las urnas algunas medidas que refuerzan el control de armas.

La cuestión del Tribunal Supremo

La muerte del magistrado Antonin Scalia a principios de año ha situado en territorio incierto la que para muchos es la decisión judicial más favorable para la NRA en toda la historia del Tribunal Supremo de Estados Unidos. 

La resolución del Tribunal Supremo “Distrito de Columbia contra Heller”, dictada en 2008, reconoció el derecho de los estadounidenses a poseer armas de fuego para su protección personal y revocó la prohibición de llevar armas del Distrito de Columbia. Sin embargo, esta decisión se adoptó por cinco votos contra cuatro, y los magistrados más progresistas se opusieron por considerar que el reconocimiento de este derecho es una interpretación demasiado amplia de la segunda enmienda. De las elecciones presidenciales de 2016 depende que el magistrado que sustituya a Scalia simpatice con los defensores de las armas o tenga una visión más progresista e incline la balanza del tribunal. 

Jennifer Baker, una portavoz de la NRA, cree que el riesgo de que se revoque esta decisión es “muy real”. “Nuestros simpatizantes entienden las consecuencias que tiene que se elija a un candidato u otro. Saben que hay una relación entre el perfil del magistrado y sus derechos”, ha señalado: “Nunca ha habido tanto en juego como en estas elecciones”.

Los expertos legales son más escépticos e indican que es poco probable, por no decir imposible, que un Tribunal Supremo de perfil mucho más progresista pudiera revocar la decisión Distrito de Columbia contra Heller.

Baker ha indicado que si bien la NRA no ha dado su apoyo a ninguno de los candidatos, tienen un principio claro: “Bajo ningún concepto Hillary”. La candidata no ha tardado en atacar y ha indicado que para ella es un orgullo tener a la Asociación entre sus enemigos y ha criticado “la codicia y la imprudencia de los fabricantes y vendedores de armas de Estados Unidos”. 

33.000 muertos al año

Clinton ha recordado que unas 33.000 personas mueren anualmente en Estados Unidos como consecuencia de la violencia con armas y ha señalado que esta cifra es inaceptable. A lo largo de su campaña, la han acompañado madres afroamericanas cuyos hijos han muerto como consecuencia de un arma de fuego o de la brutalidad policial. También ha hecho campaña con los familiares de víctimas de matanzas. 

La tasa de homicidios con arma de fuego se ha reducido un 49% entre 1993 y 2010 pero sigue siendo significativamente más elevada que la de muchos países europeos que tienen leyes de tenencia de armas mucho más estrictas. En el mismo periodo, en Estados Unidos se ha disparado la cifra de armas; en la actualidad hay unos 300 millones. 

Dos de cada tres muertes por armas de fuego son suicidios; incluyendo las de hombres mayores en zonas rurales. La cifra total de suicidios con arma ha aumentado desde finales de la década de los noventa. A pesar de su relevancia mediática, las masacres representan una pequeña fracción de los homicidios con armas, si bien algunos estudios indican que este tipo de tragedias son cada vez más frecuentes. Los homicidios con armas afectan desproporcionadamente a los afroamericanos. Aproximadamente la mitad de las víctimas de este tipo de homicidios son adultos y menores afroamericanos. 

El hecho de que en algunas ciudades aumentara la cifra total de homicidios el año pasado, abrió un debate en torno a la posibilidad de que la violencia en las comunidades también pueda deberse a otros factores más amplios, como la falta de confianza en el cuerpo policial debido a las muertes de afroamericanos desarmados en manos de la policía. 

De hecho, la violencia con armas de fuego en algunas ciudades, entre las que se incluye Louisville, que acoge la reunión anual de la Asociación Nacional del Rifle, no tiene precedentes en las últimas décadas.

Según el principal periódico de la ciudad, el Courier-Journal, el año pasado, en Louisville se produjeron 348 tiroteos; un promedio de casi uno por día. Tanto los tiroteos como los homicidios aumentaron más del 40% en ese periodo. Si bien solo el 22% de los habitantes de la ciudad son afroamericanos, dos de cada tres víctimas era negra. 

“En nuestras calles, en nuestras casas, en nuestros barrios hay demasiadas armas”, indicó Clinton en un encuentro sobre violencia con armas que se celebró en Filadelfia el mes pasado. 

La ex secretaria de Estado está a favor de exigir responsabilidades legales a los fabricantes, distribuidores y vendedores de armas cuando estas se utilizan para cometer un crimen. Clinton es partidaria de derogar una ley de 2005 que exime de responsabilidad a los vendedores de armas cuando las venden legalmente y más tarde se utilizan para cometer un delito. 

Asimismo, Clinton ha mostrado su apoyo a la renovación de una prohibición federal de “las armas de asalto”; un foco de tensión cuya eficacia para salvar vidas no está demostrada. También ha hecho suya una ley federal que exige que se comprueben los antecedentes de los compradores de armas; una medida que según algunos expertos podría tener un gran impacto. 

En el encuentro de líderes que celebrará en Louisville este viernes, la NRA reunirá a una larga lista de importantes políticos republicanos para dar un nuevo impulso al mensaje “Bajo ningún concepto Hillary”. Donald Trump, con muchas posibilidades de convertirse en el candidato presidencial del partido, será uno de los oradores.

La NRA todavía no ha dado su apoyo formal a Trump. Baker ha puntualizado que normalmente no se pronuncian hasta una fase más avanzada de la campaña política. Algunos defensores del derecho a poseer desconfían del fervor que ha mostrado Trump hacia la segunda enmienda y recuerdan que el empresario apoyó la prohibición de armas de asalto y que durante todos los años que vivió en la ciudad de Nueva York no financió sus intentos por desmantelar unas leyes sobre propiedad de armas extremadamente restrictivas. 

Adam Winkler, un experto en la segunda enmienda de la Facultad de Derecho de la Universidad de California (UCLA) indica que si bien ahora la NRA se enfrenta a una serie de desafíos imprevistos, el panorama político es menos grave de lo que sus líderes insinúan. 

“La NRA vive en un estado de preocupación permanente”, señala: “Decían que Obama les iba a arrebatar las armas. No lo hizo. Ahora creen que Hillary Clinton les quitará todas las armas. No lo hará”. 

Winkler señala que incluso en el caso de que el Tribunal Supremo revocara la decisión Heller, es poco probable que en Estados Unidos se produjera un gran cambio en lo relativo a las leyes sobre armas: “El derecho a poseer armas no depende del caso Heller. Depende de la NRA y de su fortaleza política en cada una de las legislaturas”. 

Las nuevas organizaciones de control de armas de fuego que cuentan con el apoyo del multimillonario Michael Bloomberg, exalcalde de la ciudad de Nueva York, y de Gabrielle Giffords, una congresista de Arizona que resultó herida en un tiroteo en 2011 intentan poner a prueba esta fuerza. 

Everytown for Gun Safety, un grupo a favor del control de las armas que cuenta con el apoyo de Bloomberg, asegura tener unos tres millones de miembros en todo el país. La NRA asegura tener más de cinco millones de miembros, que pagan íntegramente sus cuotas. Esta cifra representa una pequeña fracción de la cifra de estadounidenses que poseen armas de fuego. Los defensores del control de armas señalan que en Estados Unidos hay “una mayoría silenciosa” de propietarios de armas que estarían a favor del establecimiento de medidas un poco más restrictivas que las actuales. 

“Los líderes de la NRA no representan a la mayoría de los estadounidenses, entre los que se incluyen muchos propietarios de armas e incluso miembros de la NRA que si bien apoyan la segunda enmienda también creen que el derecho a poseer armas va unido a la responsabilidad de mantenerlas fuera del alcance de determinadas personas”, ha señalado en un comunicado Shannon Watts, la fundadora de Moms Demand Action for Gun Sense in America (las madres piden que se actúe para que en Estados Unidos las armas tengan sentido). Watts empezó su campaña en un grupo de Facebook que se llamaba One Million Moms for Gun Control (un millón de madres a favor del control de las armas) tras la masacre en la escuela de Sandy Hook en 2012. 

Critica “el programa radical de los líderes de la NRA, a favor de tener armas en cualquier sitio y en manos de cualquiera”. El grupo tiene un nuevo lema “Haz que Estados Unidos vuelva a ser un país seguro, en respuesta al de Trump ”Haz que Estados Unidos vuelva a ser un gran país“. 

El sábado por la mañana, el grupo proyectará un documental sobre la violencia con armas de fuego en Estados Unidos, Under the Gun (Bajo las armas) en Louisville. En unas declaraciones realizadas a The Guardian la semana pasada, la directora del film, Stephanie Soechtig, afirmó la NRA está embaucando a los propietarios de armas. 

Traducción de Emma Reverter