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Trump huye hacia adelante en un momento crítico de su presidencia y lanza un órdago para 'comprar' el voto en las legislativas

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
12 de septiembre de 2026 21:43 h

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Denota desesperación. El presidente de EEUU prometió esta semana en la convención republicana a 50 días de las elecciones legislativas que daría un cheque de 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido salía victorioso el 3 de noviembre.

¿Hasta qué punto siente que puede perder las elecciones como para querer comprar el voto con 5.000 dólares? ¿Por qué un presidente que presume constantemente de estar viviendo una edad dorada necesita prometer 5.000 dólares a cada adulto? Si la economía es tan extraordinaria, ¿por qué hace falta un incentivo electoral de semejante magnitud?

La guerra en Irán tiene ya el galón de diésel por encima de los seis dólares en EEUU, y la popularidad del presidente de EEUU está en mínimos históricos. Pero él cree que la solución pasa por prometer 5.000 dólares por cabeza, si bien nunca más se supo de promesas similares hechas recientemente sobre los dividendos del DOGE o los aranceles. También piensa que la solución a las consecuencias del trumpismo pasa por más trumpismo.

“Por favor, levanten la mano derecha”, dijo el jueves por la noche: “Prometo lealtad al mejor presidente de la historia de Estados Unidos, que nos quiere tanto que apenas puede respirar, que saldré con mi familia, con mis amigos, no me importa si estoy registrado o no, y voy a intentar hacer trampa a lo bestia, tal como hacen ellos... Prometo que voy a reunir a mis amigos y a mi familia, y vamos a votar el 3 de noviembre, y que Dios nos asista. ¿Sabéis qué pasa si no votáis? Iréis al infierno, y no quiero que eso os pase. Así que, por favor, id a votar, porque juntos derrotaremos a los comunistas, a estos lunáticos de la izquierda radical, aplastaremos a los extremistas, fanáticos, lunáticos y criminales que quieren destruir nuestro país”.

En ese juramento, Trump juguetea con la idea de hacer trampas, del mismo modo que se reivindica como el mejor presidente de la historia, algo que muchos de los ponentes en esas 48 horas de aquelarre trumpista se preocuparon por decir.

Porque la convención republicana para poner en marcha a la militancia fue, sobre todo, una fiesta mesiánica para el presidente de EEUU, que llama al estrecho de Ormuz “estrecho de Trump” y a la paga de 5.000 dólares, “dividendos Trump”.

Con Trump, todo pasa por Trump, hasta el punto de decir: “El día de las elecciones, el 3 de noviembre, tenéis que hacerme un favor. Tenéis que salir a votar e imaginar que yo estoy en la papeleta. Porque, en cierto modo, sí estoy en la papeleta. Porque si ellos llegan al poder, nos quitarán todo lo que hemos conseguido, y no podemos permitir que eso suceda”.

Es decir, Trump está planteando las elecciones legislativas como un plebiscito sobre su presidencia, y sabe que es arriesgado, pero no puede evitarlo, y por eso promete 5.000 dólares mientras sigue estrangulado el comercio mundial de la energía por su guerra unilateral e ilegal en Irán y mientras se prolonga la crisis de asequibilidad que vive el país, con la inflación en el 3,4% y en vísperas de una posible subida de los tipos de interés en la reunión de la Fed el próximo 16 de septiembre, cuando Trump lleva meses exigiendo bajadas, y el barril de petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares.

Y la guerra de Irán, que iba a durar cuatro semanas y ha superado los seis meses, la incertidumbre económica y el enriquecimiento personal están poniendo a prueba la estrategia de Trump —su patrimonio ha crecido 2.000 millones en la Casa Blanca—. Así, solo un tercio de los adultos estadounidenses aprueba su gestión de la presidencia, según una encuesta realizada en julio por The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research. Esta cifra supone un ligero descenso respecto al 37% registrado en junio y se sitúa muy por debajo del 42% que aprobaba su tarea cuando asumió el cargo.

Una encuesta de la Universidad Quinnipiac publicada el jueves reveló que el 46% de los votantes registrados consideraba que el Partido Demócrata estaba más en sintonía con las preocupaciones de la mayoría de los estadounidenses, frente al 35% que opinaba lo mismo sobre el Partido Republicano.

A pesar de esos números, Trump promete más Trump, y se ha comprometido a hacer campaña en las próximas semanas a favor de los republicanos en contiendas reñidas. Pero la admiración por Trump puede ser una ventaja en unas primarias republicanas, donde los partidarios del presidente ejercerán una influencia considerable, pero podría ser contraproducente de cara a las elecciones legislativas, sobre todo si la popularidad de Trump no repunta.

Mapas electorales a medida

Mientras tanto, un tribunal de apelaciones ratificó este jueves el bloqueo al decreto del presidente de EEUU que limitaba el voto por correo. El tribunal de tres jueces, nombrados por el presidente Joe Biden, coincidió con los demandantes en que el presidente carece de autoridad para regular la política electoral de los estados.

La decisión se produce mientras el Supremo ya está analizando el mismo caso, el cual forma parte de una intensa actividad jurídica en un momento en que los estados empiezan a enviar papeletas por correo para las elecciones de mitad de mandato. Por otra parte, en una demanda distinta presentada en Washington DC, los demócratas y grupos de defensa de los derechos civiles también intentan frenar el decreto presidencial.

En paralelo, el Supremo rechazó el mismo jueves un nuevo mapa electoral de Misuri defendido por Trump y los suyos, que esperaban que el nuevo diseño les ayudara a ganar un escaño adicional en unas elecciones cruciales del 3 de noviembre.

Cheque problemático

No es la primera vez que Trump promete cheques esta legislatura. El presidente de EEUU había prometido anteriormente utilizar los ahorros del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) y los ingresos de los aranceles a las importaciones extranjeras para distribuir pagos de 2.000 dólares o más, pero nada de eso llegó a materializarse.

Su última idea surge en un momento en que la economía estadounidense se enfrenta a una inflación persistente y al aumento de los tipos de interés, dos factores que han perjudicado políticamente a los republicanos tras haberles ayudado previamente a recuperar el poder frente a los demócratas.

Trump afirmó que los pagos serían posibles gracias a la fortaleza de la economía; sin embargo, la confianza del consumidor es baja debido al aumento de los precios de la gasolina —provocado por la guerra con Irán— y a que los salarios tienen dificultades para seguir el ritmo de la inflación.

En una entrevista con CBS, Trump declaró que no cree que el Congreso deba aprobar los pagos que planea, aunque no especificó cómo podría gastar más de un billón de dólares sin la intervención del legislativo. “Bueno, creemos que no”, dijo Trump respecto a la aprobación del Congreso. “Creo que lo haría si fuera necesario. Pero creemos que no”.

Es decir, Trump promete el dinero condicionado precisamente a que su partido controle el Congreso, pero al mismo tiempo sostiene que no necesitaría al Congreso para aprobarlo, en un nuevo desafío al legislativo y en un nuevo órdago sobre los poderes presidenciales y los límites institucionales.

Más tarde, al ser cuestionado por un periodista en el aeropuerto antes de partir de Dallas, Trump negó que los 5.000 dólares tuvieran como fin movilizar el voto, a pesar de haber dicho inicialmente que el dinero se distribuiría “si los republicanos ganan”. En su lugar, describió los pagos como una “recompensa” para los ciudadanos que soportaron la presidencia de Joe Biden.

La propuesta del presidente, presentada durante su discurso de casi dos horas el miércoles por la noche en Dallas, supondría un coste superior a los 1,3 billones de dólares si el Congreso autorizara pagos de 5.000 dólares a los 270 millones de adultos del país.

El Tesoro ya registra un déficit anual cercano a los 1,8 billones de dólares, y la deuda nacional total supera los 40 billones este año. Según datos del Departamento del Tesoro, los gastos por intereses para el año fiscal 2026 ascenderán a unos 1,27 billones de dólares, una cifra similar al coste proyectado de la propuesta de Trump.

Trump ha situado las elecciones legislativas como un plebiscito sobre sí mismo y pide a los votantes que imaginen que su nombre está en la papeleta. Y, a cambio de ese voto, ofrece un cheque de 5.000 dólares si gana su partido.

Todo gira en torno a Trump, hasta convertir las elecciones y el Partido Republicano en una extensión de sí mismo, incluidas sus guerras y la incertidumbre económica. Y, llegado este punto, su única respuesta es más Trump.

Incluso si para ganar las elecciones tiene que ponerle precio al voto.