La UE extiende su influencia económica y militar en el Ártico frente a la vorágine de Trump, Rusia y China
El cambio climático ha hecho que la región del Ártico se convierta en una prioridad para la Unión Europea. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, han presentado este martes una nueva estrategia para la zona con un claro perfil geopolítico donde la defensa ante la apertura de nuevas rutas por el deshielo y la explotación de nuevos recursos centrados en los minerales críticos, pero la UE mantiene su postura conjunta sobre el Ártico de 2021: “garantizar que el petróleo, el carbón y el gas permanezcan bajo tierra” frente a las intenciones de Donald Trump de incrementar las exploraciones de combustibles fósiles.
“La apertura de nuevas rutas marítimas y el descubrimiento de recursos están reconfigurando el panorama económico y de seguridad de la región, lo que provoca un aumento de las tensiones geopolíticas, la competencia estratégica y la actividad militar”, argumentan en la Comisión Europea.
La nueva estrategia europea llega tras el acuerdo firmado por la Administración de Donald Trump y Groenlandia y Dinamarca. El gobierno de la isla danesa rebatió la semana pasada las declaraciones del presidente de Estados Unidos, que señaló en su red social que “¡Una exploración masiva de petróleo, gas y minerales se está preparando para comenzar en nuestra nueva y hermosa Groenlandia!”.
El viceministro groenlandés de Minería, Jørgen Hammeken-Holm, admitió que “hay actividades de empresas estadounidenses, pero muy lejos de una exploración gigantesca. Hay muchas exploraciones de menor envergadura en curso, pero podrían pasar años antes de que entren en funcionamiento”. El pasado septiembre la UE firmó un pacto de asociación con Groenlandia para frenar la obsesión anexionista de Trump, que “reconoce la creciente importancia estratégica de Groenlandia” y se destinaban 200 millones de euros en diferentes proyectos para fortalecer los vínculos europeos de la isla danesa.
Haya o no más perforaciones petrolíferas de empresas estadounidenses en Groenlandia, es evidente que EEUU ha logrado expandir de forma notable su presencia e influencia militar en el Ártico. Es un territorio donde Rusia controla la mitad de la zona económica terrestre y marítima al norte del Círculo Polar Ártico y dos tercios de los habitantes de la región ártica viven en territorio ruso, además de contar con la mayor capacidad para utilizar las nuevas vías que se han abierto por su flota de buques rompehielos, algunos de propulsión nuclear, y submarinos nucleares. De hecho, Trump utilizó el argumento de defensa frente a rusos y chino para tratar de hacerse con Groenlandia.
Rusia ha intensificado el uso de la ruta polar para transportar petróleo y gas a China desde 2022, tras la invasión de Ucrania y la aprobación de sanciones comerciales contra el Kremlin. Mientras que China ha mostrado un claro interés por incrementar el transporte marítimo por “la ruta de la seda polar”. En 2024, China y Rusia empezaron a realizar patrullas conjuntas en la zona del ártico, según la CNN.
Ante esta situación, la UE va a poner en marcha una serie de movimientos para mantener su capacidad de respuesta en una zona donde más de medio millón de ciudadanos europeos viven en la región. Dinamarca, Finlandia y Suecia son Estados miembros de la UE con territorios árticos y la Unión mantiene estrechos vínculos con Noruega, Islandia, el Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. “Los acontecimientos en el Ártico afectan directamente a la seguridad, el clima y la prosperidad de Europa”, aseguran desde la Comisión Europea.
Von der Leyen ha declarado que “el Ártico es el vecino septentrional de Europa: una región cercana, conectada y crucial para nuestro futuro. Y está cambiando. Las nuevas rutas marítimas y los recursos están alimentando la competencia estratégica. Con nuestra nueva estrategia, invertimos en reforzar la seguridad, desarrollar infraestructuras resilientes y generar oportunidades económicas”.
Kallas ha comentado que “el Ártico se ha convertido en una primera línea de la competencia por el poder mundial. La estrategia actualizada de la UE para el Ártico refleja esta nueva realidad al situar la seguridad en el centro de sus prioridades”.
“El petróleo, el carbón y el gas permanecerán bajo tierra”
Ahora bien, aunque hay planes para desarrollar más actividad económica y militar, en Bruselas subrayan que “se garantiza que el petróleo, el carbón y el gas permanezcan bajo tierra, también en las regiones árticas”. La UE resalta la intención de “cumplir los objetivos del Acuerdo de París, incluida la transición para abandonar los combustibles fósiles de manera justa, ordenada y equitativa”.
“El Ártico está experimentando un cambio climático sin precedentes y se calienta casi cuatro veces más deprisa que la media mundial. Como regulador del clima mundial, las transformaciones que se producen en la región tienen consecuencias que van mucho más allá de sus fronteras, entre ellas la subida del nivel del mar y la alteración de los patrones meteorológicos. Estos efectos ya se sienten directamente en toda Europa. Desde las olas de calor mortales hasta los cambios en los ecosistemas, Europa se calienta al doble de velocidad que la media mundial”, explican desde la Comisión Europea.
Por este motivo, a UE reforzará la investigación y el seguimiento del clima para comprender mejor el cambio climático y facilitar respuestas eficaces. La Unión trabajará con los Estados miembros y sus socios para compartir datos a través de OceanEye, la nueva iniciativa europea de observación y vigilancia de los océanos.
Protección de infraestructuras críticas y cables submarinos
Ahora bien, el papel que quiere jugar la UE también tiene una vertiente económica y el papel de doble uso civil y militar. De hecho, el aspecto de Defensa es el más amplio. En colaboración con la OTAN y los países del entorno se va a reforzar “la protección de infraestructuras críticas y reforzar la capacidad de Europa para operar en las condiciones del Ártico, entre otras medidas mediante la ampliación de la capacidad europea de rompehielos”.
También se centrará en mejorar a largo plazo la preparación y la capacidad de respuesta ante posibles amenazas, garantizando la resiliencia de las cadenas de suministro, protegiendo las fronteras marítimas septentrionales y salvaguardando las infraestructuras submarinas críticas. Para mejorar el conocimiento compartido de la situación y la vigilancia, se creará un nuevo centro de seguridad marítima (Maritime Security Hub) que ayudará a los Estados miembros y a los socios a compartir información y mejorar la supervisión de las actividades marítimas en el Ártico.
La UE apoyará la creación de un centro de cables del Ártico (Arctic Cable Hub) para supervisar y proteger los cables submarinos del Atlántico Norte y el Ártico, así como contribuir a su reparación. Uno de los objetivos de la guerra híbrida de Rusia contra Europa han sido los cables submarinos de telecomunicaciones. También invertirá en tecnologías inteligentes para detectar posibles amenazas contra estas infraestructuras críticas y ampliará progresivamente sus funciones para incluir “el seguimiento de los buques de la flota fantasma, la detección de la pesca ilegal y la contaminación y la mejora de la coordinación de las operaciones de búsqueda y salvamento”.
El Ártico ya es una zona fuertemente militarizada. La Simons Foundation realizó un informe en el que contabiliza hasta 60 bases militares en la zona, de las que 30 pertenecen a Rusia y otras 36 están en territorios de países que pertenecen a la OTAN, la mayoría en territorio noruego (15), seguido de Canadá (9), Estados Unidos (8), Groenlandia e Islandia.
En el ámbito económico, Bruselas pretende en la zona ártica desarrollar más actividad económica en ámbitos como las energías renovables, las tierras raras y los minerales críticos, el transporte de doble uso, la conectividad digital y las industrias marinas sostenibles.
Bruselas pretende incrementar las conexiones de las infraestructuras europeas (puertos, las conexiones ferroviarias, las terminales energéticas y las infraestructuras satelitales y digitales) en las nuevas redes comerciales y de transporte del Ártico. Además, se abrirá un nuevo centro europeo de investigación polar (EU Polar Research Hub) reforzará los vínculos entre la ciencia y la formulación de políticas.