Un estudio desvela que los niños y niñas alérgicos triplican el riesgo de padecer dificultades psicológicas
Dificultad para respirar, estornudos, erupciones cutáneas o incluso riesgo grave para la salud. Las formas en las que se representan las alergias son múltiples y variadas, también entre los más pequeños. En los últimos años, las alergias no dejan de aumentar, especialmente entre los menores de países industrializados. En España se calcula que hay aproximadamente 795.000 niños y niñas con alguna alergia; además, se estima que en Europa uno de cada cuatro niños en edad escolar convive con algún tipo de alergia alimentaria.
Más allá de las afecciones puramente físicas, estas alergias infantiles tienen consecuencias que van más allá. Un estudio revela que las niñas y niños españoles de entre 6 y 11 años diagnosticados con alergias presentan además un impacto emocional y conductual. Se ha observado a través de una muestra compuesta por 366 familias que los niños alérgicos tienen puntuaciones significativamente más altas en las escalas que indican la prevalencia de problemas emocionales y de comportamiento. De hecho, se estima que tienen casi el triple de riesgo de desarrollar dificultades psicológicas en comparación con los niños y niñas que no padecen alergias.
¿Cómo se explica esto? “En las consultas íbamos viendo un patrón de sensibilidad no sólo a ciertos alérgenos sino también a nivel de carácter”, explica María Pilar Berzosa-Grande, psicóloga clínica, profesora del Departamento de Ciencias de la Salud de UNIR e investigadora en este estudio, “si bien no hay datos para corroborar esa mayor sensibilidad, si pudimos estudiar los comportamientos y las emociones y vimos que los niños y niñas con alergia sufrían mayor vulnerabilidad al cansancio, tenían más rabietas, alteraciones del sueño, menos paciencia, déficit de atención y pensamientos rumiantes, entre otras alteraciones”.
Insiste la investigadora en el que “el cuerpo y la mente están unidos y no se pueden ver como compartimentos estancos” y señala que “a veces, si no se tienen en cuanta los factores que pueden alterar a los menores, se puede caer en el simplismo de creer que pueden ser impertinentes, o rabiosos, o contestones, pero a lo mejor es que estos niños al llegar a las ocho de la tarde ya no pueden más porque su organismo no aguanta el ritmo que se les está imponiendo y que tal vez un niño sin alergia sí puede soportar”.
Por eso considera que la coordinación con las familias y la adaptación del entorno y las condiciones de vida son fundamentales. “No podemos exigir a los niños que rinden pase lo que pase porque tal vez les estamos exponiendo a situaciones que no pueden soportar”, continúa, “de hecho, en el caso de las alergias alimenticias se suele entender mejor porque el riesgo es tan grande que se tiene mucho más cuidado, pero la rinitis alérgica es lo que más afecta psicológicamente a los niños y niñas y nos encontramos por ejemplo con familias que tienen perros o gatos aun sabiendo que su hijo es alérgico o con niños obligados a salir al patio cuando en ese entorno hay árboles que no le permiten respirar bien”. Los padres y madres alérgicos tienen un mayor nivel de comprensión y empatía cuando sus hijos también padecen una alergia. “Si hay una rinitis alérgica o asma, es importante que no haya alfombras ni peluches”, continúa, “eso puede crear una frustración en el niño si tiene un peluche preferido, pero hay que explicarle que le hace daño, que lo acepte y se le ofrezca otra alternativa”.
Berzosa-Grande recomienda en cualquier caso reajustar las pautas familiares y establecer parámetros generalizados. “Cuando un niño padece una alergia alimentaria, eso genera mucho estrés en casa y muchas veces se tiende a aumentar la protección sobre ellos, creando en los hermanos una sensación de desatención. Es importante que las pautas que se establezcan en casa sean iguales para todos”, explica.
Recomienda además hacer partícipe a todo el entorno de la alergia que padece el niño. “Es importante que el colegio conozca todas las alergias e intolerancias para que se evite lo que pueda hacer daño al niño y para que se tengan en cuenta las posibles afecciones psicológicas que esto genera”, señala la investigadora de UNIR, “porque han aumentado tanto las alergias que se han terminado normalizando sin que realmente se haga nada al respecto”.
Los expertos recomiendan especialmente la observación de los menores teniendo en cuenta que las alergias pueden provocar alteraciones y descartando tanto que se deban a otros factores de carácter o comportamiento. “Si vemos que mejoran el fin de semana, puede ser un indicador de que durante la semana lo pasan mal porque la alergia les impide llevar el ritmo de extraescolares. Si notas que en primavera está más cansado, igual es que es alérgico”, señala.
Por eso se recomienda observar, escuchar y readaptar los tiempos y los entornos con pautas generales que sirvan a todos los hijos de la familia para que no haya problemas por el hecho de prestar más atención a uno de ellos. Se ha editado también una guía gratuita con consejos para paliar en la medida de lo posible los efectos psicológicos que las alergias pueden provocar en los menores.