La semana del reality, docureality y ZP

Rioja2

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A a una semana de la final de Gran Hermano 10, las cadenas ya están trabajando para que la audiencia que seguía el reality de Telecinco se desplace a otras franjas, y se entretenga con otros personajes.

Hace un par de semanas que podemos ver las noches de los lunes en Cuatro el reality de 'Granjero busca esposa', por no hablar de la segunda edición del programa: 'Fama ¡a bailar¡ que la misma cadena guarda para la sobremesa.

Ahora la cosa está en el estreno de 'La Caja' en Telecinco, una caja mágica e ilusoria que parece arreglar todos los 'desaliñados' psicológicos, traumas, fobias... de las personas que se presenten. Los participantes se enfrentarán en solitario a episodios de fuerte impacto emocional que han marcado sus vidas. La productora ha vendido los derechos de 'La Caja' internacionalmente antes de su estreno.

De vivir en la actualidad, es probable que Sigmund Freud jamás hubiese imaginado que un programa de televisión pudiese ofrecer una sesión de terapia personalizada, puntual, como un manual rápido de 'autoayuda'.

Una terapia capaz, eso dicen en las promos y en la presentación del programa, de transforma la visión que tiene el paciente de los problemas. Telecinco estrena La Caja y mete a los pacientes en un cubo donde se enfrenta a sus miedos a través de una descarga de estímulos sensoriales que impactan directamente en su cerebro. Pero, ¿con qué temores se encuentran los que entran en allí?.

LA TRAGEDIA DE SPANAIR

El espacio, producido por La Fábrica de la tele presenta esta noche a tres de las cincuenta personas que han decido participar en esta experiencia. Casos impactantes (por no decir morbosos y económicos para la cadena de Fuencarral) como el de un hombre que perdió a tres miembros de su familia en el trágico accidente ocurrido en Barajas, una mujer con pánico a las cucarachas o una ruptura sentimental.

Un equipo de seis psicólogos colegiados ha analizado a lo largo de varias sesiones previas cuál es el origen y por qué está producido en cada caso el conflicto emocional. A partir de ahí y, utilizando sus conocimientos en psicoanálisis, el conductismo, la terapia sistémica o de la Gestalt, se han diseñado de forma personalizada las experiencias que se vivirán en el cubo mediante técnicas que se usan normalmente en una consulta psicológica.

EL LADO OSCURO DE LA CAJA

Una vez dentro, el participante debe sentarse en una butaca situada justo en el centro del plató cúbico que está completamente cerrado y revestido por cuatro pantallas gigantes. Todo perfectamente estudiado para favorecer la intimidad e incrementar su experiencia sensorial. Allí, y durante sesenta segundos, se proyectarán imágenes de fuerte impacto emocional para el individuo a la vez que se intercalan estímulos sonoros y olfativos.

Cuatro cámaras robotizadas e instaladas en puntos estratégicos del plató captarán las reacciones que surjan. Dos de ellas realizarán movimientos rotatorios alrededor del protagonista, mientras que los dos dispositivos restantes permitirán al espectador presenciar las imágenes impresionadas sobre las cuatro pantallas.

La Caja es un potenciador de emociones. Al salir, las personas que han pasado por ella sienten un enorme “desahogo” y la describen como “una sensación increíble” o “una bofetada virtual” que les hace despertar. Una experiencia que te remueve por dentro y te hace reflexionar sobre tu vida.

El éxito que se prevé es tal que la productora ha vendido los derechos de su reality a Endemol Internacional antes de su estreno. De esta forma, podría emitirse muy pronto en Holanda, Italia, Alemania, Francia, Reino Unido y Estados Unidos.

¿TE ACUERDAS DE LA CASA DE CRISTAL?

No obstante, Cuatro ya mostró interés por este tipo de programas en 2006 cuando la cadena de Prisa adaptó 'Starting over', un reality norteamericano que en España se llamó 'La casa de Cristal'. Presentado por Ana García Lozano, en él seis mujeres con diversos conflictos emocionales convivían en un lujoso chalet en Madrid donde una serie de expertos diseñaban la estrategia de ayuda para cada participante. Una vez que se superaban los problemas se abandonaba la casa.

'21 DÍAS' O 'CAMBIA DE VIDA'

Más que de arreglar tu vida, se trata de empeorarla en busca de situaciones de riesgo. Es llevar al extremo los reportajes de programas como 'Está Pasando' ... o meterte en la piel de 'Vidas Anómimas' o 'Callejeros'.

En este caso se trata de '21 días' no es la película, se trata de meter a la reportera de turno, Samanta Villar en la piel de otras personas en su nuevo docureality de Cuatro que se estrena este viernes a las 23:15 horas.

Cuatro estrena '21 días', un formato donde la periodista Samanta Villar (“España Directo”) se pone al límite viviendo durante 21 días, 24 horas al día, una vida que no es la suya. La intrépide reportera intentará desprejuiciarse de toda su experiencia anterior y, a través de una mirada virgen, experimentar el día a día de otras personas.

Bajo la premisa “no es lo mismo contarlo que vivirlo”, Villar vivirá durante tres semanas, o lo que es lo mismo, 21 días, en las mismas condiciones de aquellas personas que retratará cada mes. “Hay problemas que sólo se entienden cuando se viven en la propia, piel”. Así lo asegura la periodista que contará la realidad que nos rodea “con lágrimas, con sonrisas, con miedos, con angustias… como sea, pero siempre con la verdad”.

Para eso, se meterá en la piel de muchas personas con un objetivo, comprenderles mejor. Sin juicios ni prejuicios. Con una mirada limpia. Abierta a lo que suceda cada minuto de las 24 horas que cada día viva a su lado.

VIVIENDO LA CRISIS AL EXTREMO

En su primera entrega, '21 días' dará a conocer el cruel mundo de la indigencia. Durante esas tres semanas completas, Samanta Villar convivirá en algunos de los rincones del núcleo urbano junto a los “sin hogar”.

Situaciones tan duras y difíciles como dormir al raso se pondrán de manifiesto en esta primera entrega. Una tienda de campaña detrás de un centro comercial o los soportales de la Plaza Mayor de Madrid son lugares donde Villar compartirá experiencia con otros protagonistas cuya vida transcurre entre cartones, frío y soledad.

Porque la dureza de la vida no es igual para todos. La suerte va por barrios, aunque esa fortuna jamás se haya detenido en algunos puntos de nuestra sociedad. Una de las características comunes a infinidad de personas son los sueños.

Pero mientras muchos sueñan con una vida mejor, con el deseado lujo o con millones de euros en el bolsillo; otros, simplemente, lo hacen con una segunda oportunidad. Con volver a sonreír. O con retroceder en el tiempo para no cometer los mismos errores que en el pasado. En el ambiente, la piel y las intimidades de estas últimas personas se sumerge 21 días.

En su estreno, la periodista convivirá con personas como Manuel, un “sin hogar” de 51 años que vive a la intemperie. Cualquier sitio es válido para dormir, desde cajas de cartón en la céntrica Plaza Mayor de la capital de España, hasta cajeros automáticos, pasando por tiendas de campaña. Igualmente, los lavabos de los parking o del aeropuerto se convierten en improvisados aseos. UN PROGRAMA PARA ADELGAZARY no lo digo porque la reportera viva en una isla desierta durante tres meses... sino porque deja de comer, literal.

Tras pasar tres semanas en la calle, Samanta se meterá en otra realidad no menos traumática, los trastornos alimenticios.

“Voy a dejar de comer durante 21 días”. Así de contundente se mostrará la periodista para su segundo programa. Controlada siempre por un equipo médico y psicológico antes, durante y después de cada vivencia.

Villar nos abrirá de nuevo los ojos como nunca se ha hecho en nuestro país, con un retrato único y sorprendente. Serán 21 días, vividos y contados por Samanta Villar.

21 DÍAS, APRENDIENDO A SER MAYOR DE EDAD...

Porque tres semanas es el periodo de tiempo mínimo que nos acerca a la verdad de las cosas, a vivirlas en primera persona con una mirada limpia. Porque en un plazo inferior, la verdad sobre las distintas realidades en las que el programa ahonda no terminarían de salir a la luz, se quedarían a medias. Y porque en un plazo superior, las propias vivencias podrían acabar distorsionando la objetividad del programa.

Tres semanas es, por tanto, el escenario temporal adecuado para que la periodista del programa, Samanta Villar, deje su vida al margen y conviva durante 24 horas al día con el tema escogido. En la cuarta semana del mes, Samanta tratará de “desintoxicarse” de la experiencia, antes de pasar a convivir durante otros “21 días” con la siguiente vivencia.