Comerás flores
Cuando compré en Cerezo este librito, mi autoregalo de Reyes, Javier Sádaba me dijo: «No lo he leído, pero me dicen quienes lo han leído que les ha volado la cabeza». Como no temo a las voladuras y menos si son de mi cabeza, empecé a leer con unas expectativas desconocidas, imposibles de definir. Me pareció una lectura agradable, sin pretensiones. Con temas recurrentes como el duelo por el fallecimiento del padre, la inestabilidad de una joven del siglo XXI que va y viene, tiene amigos, acude a fiestas, se divierte… En algún momento de la lectura he pensado que la protagonista era un poco «simplona». Después he ido dándome cuenta de que la autora, me atrapa a mí lectora, como en la novela Jaime atrapa a Marina.
Con otros muchos ingredientes que «Comerás flores» tiene, lo sustancial es/son los malos tratos. La sibilina seducción que un hombre de 45 años, ejerce sobre una joven de 25, hasta llegar a anularla como persona, hasta aislarla y bloquearla. Hasta alejarla de sus amigos, compañeros, familia. Él es Dios. Él le da todo. Él se lo quita todo. Ella no es nadie, no sirve para nada. No hace planes. Él ordena y manda. A veces, ordena con ternura. Otras con gritos y huidas. Nunca con violencia física. Él tiene vida propia, con ella y con quien quiere. Ella solo está y se debe a él.
Él es un narcisista que es agradable con la familia de ella, para que no sospechen, ni tengan quejas, para que le digan a ella, que es muy afortunada estando con él. Él es desagradable e impertinente con los amigos de ella, porque sabe que le van a cuestionar su conducta, que le van a decir que lo deje, que está dejando de ser ella, que le está anulando.
Tan pronto le regala lo más caro y le invita a los mejores restaurantes, cómo le dice que no vale nada, que no sirve para nada… Dicen que el miedo es el peor enemigo y el miedo se va adueñando de Marina. Se convierte en una bulímica, porque tiene que expulsar lo que lleva dentro y no encuentra otro modo que provocándose el vómito de unos alimentos que no ingiere.
Su mascota tiene miedo, pero ella no entiende el lenguaje de un animal que se esconde debajo de la cama, se refugia entre sus piernas o llora, cuando huele, escucha, intuye… El peligro de Él.
Salir de los malos tratos no es fácil. El maltratador no se da tan fácilmente por vencido. El maltratador acosa a su víctima, le vigila, sabe dónde y con quién está. La situación es tan agobiante e insufrible como parece. El lector, en este caso la lectora, también se agobia.
Comerás flores es la “ópera prima” de Lucía Solla Sobral. ¡Cómo serán las que le quedan por escribir!
Entrar en los detalles del lenguaje literario es innecesario. Se sobreentiende que si la escritora es capaz de conseguir una atmósfera de esta categoría es porque sabe utilizar el lenguaje y lo demuestra en esta novela que ayuda a conocer la vida de las jóvenes. ¡Una vida tan distinta a la de sus madres! Lucía Solla Sobral consigue que la lectora se sienta protagonista de la narración porque es imposible no tomar partido y querer ayudar, “quitar la venda de los ojos”, a una Marina ciega.
Ahora que llega el 8 de marzo esta novela debiera ser una de las más recomendadas para las jóvenes que se encuentran entre los veinte y los treinta y también muy aconsejable para quienes superan esta edad, no solo les ayuda a ellas, sino que pueden entender qué les está pasando o les puede pasar a sus hijas.