La importancia del marco
La actualidad ha estado marcada por varios hechos destacados en los uÌltimos diÌas. En primer lugar, la corrupcioÌn vuelve a revelarse como un elemento estructural por un lado en el seno del PSOE con el cobro de comisiones en el amanÌo de contratos de obras puÌblicas y audios de absoluta obscenidad, asiÌ como en el PP con la trama econoÌmica creada para beneficiar a empresas con la aprobacioÌn de reformas legales y normas fiscales a medida a cambio igualmente del pago de cuantiosas sumas de dinero.
Todo ello ha coincidido en el tiempo con la dimisioÌn de sus cargos de la ya exdiputada Noelia NuÌnÌez despueÌs de sus mentiras sostenidas respecto a unas titulaciones utilizadas como mero escaparate distintivo, lo cual deja al discurso de la meritocracia de su partido deshacieÌndose como un azucarillo. A lo mejor la universidad en la que apareciÌa como profesora a pesar de no contar con ninguna titulacioÌn y la comunidad autoÌnoma que fomenta este modelo privado de centros, que ademaÌs otorga tiÌtulos en Madrid pero que solamente valen para Guatemala, tienen igualmente que dar alguna explicacioÌn. TambieÌn deberiÌa hacerlo el Partido Popular para clarificar el criterio de por queÌ NuÌnÌez dimite y no lo hace Moreno Bonilla con una formacioÌn menguante.
MaÌs allaÌ de los partidos a nivel institucional y de recalcar que cualquiera que haya mentido en su curriÌculum no puede ocupar un cargo puÌblico, merece la pena detenerse sobre el alcance que ha tenido un suceso, que a su vez se conecta con otro. La reciente aprobacioÌn de la reforma en relacioÌn con la acreditacioÌn periodiÌstica para acceder a la cobertura de la actividad en el Congreso ha dejado la encarnacioÌn de Vito Quiles en una suerte de emblema de la defensa de la libertad de expresioÌn y el periodismo porque ese reglamento va a suponer su expulsioÌn de la CaÌmara Baja. Contrariamente a lo que expone, mucho antes se teniÌa que haber adoptado esta medida precisamente en nombre de la libertad de expresioÌn y el periodismo.
A quienes estudiamos Periodismo (y acabamos la carrera) nos ensenÌaron que lo que hace Quiles nada tiene que ver con ello, ya que su objetivo no es la informacioÌn ni el rigor, sino la agitacioÌn, la provocacioÌn y el propagandismo. Solamente hace falta ver a quieÌnes se dirige persistentemente, las formas que emplea y sobre queÌ partidos, personas y hechos nunca ha abierto la boca. De hecho, que sus praÌcticas sean ubicadas en la categoriÌa de periodiÌsticas es como equiparar la medicina con la homeopatiÌa. Por mucha pose de incorrecto, atrevido y, como consecuencia de ello, quiera vender una dimensioÌn paralela de que sufre la censura de una dictadura, la realidad es bien distinta.
En el Congreso hay normas, en el ejercicio del periodismo tambieÌn. Simple y llanamente, eÌl no las cumple. No ha sido el Gobierno, sino la AsociacioÌn de Periodistas Parlamentarios, compuesta por profesionales de medios de diferentes liÌneas ideoloÌgicas, quien pidioÌ que se reformara el reglamento de acreditaciones. Su propuesta se basaba en el rechazo a que personas vinculadas a partidos, como el caso de Quiles y el partido Se AcaboÌ La Fiesta, dada su participacioÌn en su lista electoral y el desempenÌo como jefe de prensa de Alvise PeÌrez, pudieran contar con una credencial en el Congreso debido a la incompatibilidad con la eÌtica periodiÌstica.
Tras esa superficie, estaÌn los comportamientos de Quiles y sus adlaÌteres, donde han llegado a insultar, senÌalar y amenazar con hacer puÌblico el domicilio de periodistas con posiciones contrarias a las suyas. A Quiles no se le echa por lo que pregunta, ya que preguntas incoÌmodas realizan muchos/as periodistas y no se pone en duda su acreditacioÌn, sino que esta se le retira por las faltas de respeto continuas, impedir un clima miÌnimo de convivencia, reventar las ruedas de prensa y el acoso que ejerce. Esto no deberiÌa dar lugar a debate alguno, ya que nadie asiÌ puede contar con una credencial en la maÌxima sede puÌblica institucional. No se trata, por tanto, como dice, de silenciarlo, sino de no permitir que ejerza en el Congreso a alguien que ataca, intimida o acosa a periodistas y representantes del aÌmbito poliÌtico.
En el Congreso se puede afrontar lo que provocan con un reglamento que tipifique las infracciones, pero el problema es lo que hacen fuera del mismo: contenido claramente racista con hechos que no habiÌan sucedido, una coleccioÌn de bulos como la mentira de que estaban tirando la ropa donada en un vertedero cuando sucedioÌ la dana en Valencia, viÌdeos publicados de diputados/as con sus familias y amistades, gritos en pleno eÌxtasis de “que te vote Txapote” en un bar con adolescentes o senÌalamientos a periodistas inventaÌndose que estaban en una rueda de prensa cuando era falso.
En la esfera puÌblica conviven contenidos y personas con finalidades divergentes. Hay quienes buscan mostrar o interpretar desde la precisioÌn, quienes tienen un sesgo tan pronunciado que se dedican a la reafirmacioÌn en lugar del anaÌlisis o quienes directamente intoxican mediante la desinformacioÌn por su relacioÌn de intereses poliÌticos, econoÌmicos y sociales. Por ello, de cara a percibir de manera adecuada la forma y el fondo de la escena mediaÌtica, resulta fundamental identificar el marco, los actores y el lenguaje, sobre todo para tener claro quieÌnes son estos uÌltimos.
Vito Quiles, Bertrand Ndongo, Javier Negre o Alvise PeÌrez, entre otros, los pseudomedios y los tabloides ultraconservadores no actuÌan solos. A las denuncias y condenas que acumulan por sus praÌcticas se suma la financiacioÌn puÌblica que reciben desde los gobiernos autonoÌmicos de derecha y ultraderecha. Si bien la libertad desde un marco progresista conlleva una defensa feÌrrea de sus principios y a la vez un precio debido a la obligada convivencia con quienes la pervierten mediante el derribo de la deontologiÌa periodiÌstica, ese marco estructural de financiacioÌn con fondos puÌblicos de la fabricacioÌn y propagacioÌn de bulos es necesario abordarlo porque estaÌ en juego el funcionamiento democraÌtico.
Con ello deforman y alteran la percepcioÌn puÌblica con el peligro que ese fango supone. Lo ocurrido en Torre Pacheco se entiende mediante la conexioÌn existente entre los autores intelectuales y materiales. Hay quienes senÌalan al diferente, quienes legitiman esos discursos y quienes actuÌan como escuadristas contra el conjunto de la poblacioÌn migrante aprovechando la agresioÌn de un joven marroquiÌ a un senÌor mayor. Convertir un caso infame en causa contra todo un colectivo nos lleva a una sociedad deshumanizada.
A diferencia de ese esparcimiento del odio supremacista xenoÌfobo, Domingo pidioÌ a los ultras que se fueran porque grupos como Deport Them Now (cuyo liÌder fue detenido y habiÌa asistido anteriormente a protestas racistas convocadas por Vox), NuÌcleo Nacional (que llama a actuar “contra la invasioÌn extranjera”) o Desokupa (su cabeza visible, Daniel Esteve, junto a Vito Quiles fueron expulsados por los vecinos y vecinas asiÌ como las propias
autoridades debido al descontento e inseguridad por la manifestacioÌn ultra contra la migracioÌn que convocaron) acudieron al territorio para desplegar su campanÌa de hostigamiento y montar una caceriÌa.
“Limpiar Murcia”, “justicia directa para reunirlos con AlaÌ” o “caza al magrebiÌ” fueron algunos de sus mensajes. ¿QuieÌn puede pensar que unos tipos armados, con la cara tapada, simbologiÌa neonazi y que quieren extender la violencia racista defienden EspanÌa? Aunque hayan nacido en otro paiÌs, quienes siÌ defienden a EspanÌa, que igualmente tiene una historia de emigracioÌn, son quienes trabajan como cuidadores/as o en el campo e impulsan nuestra diversidad cultural.
Esa turba destrozoÌ un local de kebabs y dio una paliza a un menor, hijo de padre marroquiÌ y madre vasca, al que confundieron en una manifestacioÌn de apoyo a Domingo con uno de sus presuntos agresores debido a la difusioÌn de un bulo en redes. La gran amenaza que supone la combinacioÌn de la desinformacioÌn y el odio produce viÌctimas en forma fiÌsica o del miedo infundido, como todas las personas y familias migrantes atemorizadas viendo lo que sucediÌa en las calles de la localidad con el discurso incendiario de que iban a por ellas. DespueÌs les pediremos que se integren.
Si hay una caceriÌa racista, no se puede asumir el encuadre de la inmigracioÌn que quieren imponer asociaÌndolo a la delincuencia, que, por otra parte, no se sostiene con los datos. Por lo que sea, estos distinguidos patriotas no se han levantado en Murcia contra los trece empresarios condenados por prostitucioÌn de menores o contra quienes se aprovechan de la precariedad de trabajadores y trabajadoras migrantes para su explotacioÌn.
Las acreditaciones en el Congreso y los sucesos en Torre Pacheco son un siÌntoma, pero tambieÌn una advertencia. Precisamente de eso es de lo que hay que hablar, pero no de la manera que ellos pretenden. Normalizar la actividad de quienes promueven la desinformacioÌn y el odio xenoÌfobo, comprar sus marcos y no poner sus praÌcticas en el foco de la prioridad democraÌtica supone la antesala de la barbarie. SeraÌ entonces cuando ya sea tarde. AuÌn estamos a tiempo.