El pisito

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Mateo dice que no termina de confiar en el tsunami de propuesta sobre vivienda que prometen unos y otros. Advierte que no cree eso de que todos sean iguales, pero aun así no confía. ¿Por qué no las han puesto en marcha ya cada uno donde puede? Mateo duda. Mateo está cabreado.

Mi amigo Mateo lo ha dejado con su chica y busca piso. Ambos buscan piso. La vivienda que compartían era demasiado grande, y demasiado cara. Un capricho que solo era viable con dos sueldos y justito. Ambos han roto también con el lugar donde han vivido los últimos siete años. Mateo confiesa que en ese piso ha pasado los mejores años de su vida. “Mejor aún que la universidad -asegura-, y ya es decir”. Con menor euforia reconoce que ahora está complicado encontrar una nueva vivienda. 

Argumenta que ya tiene unos años y que el sentido común le dice que compre, pero que las piernas y el bolsillo le tiemblan cada vez que se sienta en una inmobiliaria para valorar opciones. Siempre está la posibilidad de alquilar, le dicen cuando observan su gesto de frustración. Mateo está mosqueado, cabreado con el Sistema y, especialmente, con el último agente inmobiliario que le aconsejo tener los pies en el suelo y hacerse a la idea de cuál era la realidad. Y sobre todo su realidad. Mateo asegura que escuchó perfectamente como pronunciaba SU REALIDAD en mayúsculas. Haciéndole ver que residía en una sociedad paralela que compartía con la mayoría de la población, pero que no era la real, al menos desde el punto de vista inmobiliario. Mateo dice que empieza a estar harto del mito de la caverna, de Matrix, y de tener que descifrar a cada paso en que realidad vive. 

Mateo recuerda que desde el colegio siempre le mostraron la Constitución del 78 como valedora de sus derechos y obligaciones como ciudadano. Ese librito que también unos y otros utilizan cómo y cuándo les viene en gana, principalmente como arma arrojadiza. Como decía, Mateo está muy enfadado porque piensa que si para él con un sueldo decente y contrato indefinido acceder a una vivienda es complicado cómo será para los jóvenes, las nuevas familias o personas en situación precaria. ¿Qué ha sido de aquello de que todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada que promete el artículo 47 de la Constitución? Sí, con mayúscula, Mateo pronuncia Constitución con mayúscula como el agente inmobiliario.

Mi amigo Mateo no ve claro la opción del alquiler. Han subido aún más que las cuotas de las hipotecas a treinta años. Lo cierto es que comprar una vivienda o alquilar un piso es de nuevo una misión extremadamente complicada por no decir imposible. No aprendemos ¿Cómo es posible que algo reconocido por la Constitución como un derecho implique ataduras por 30 años y más del 65% de tu sueldo? ¿Dónde está la dignidad de ese derecho que garantiza la Carta Magna?

El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad. Comprar o alquilar un piso es una quimera para jóvenes, familias y para cualquier persona que tenga esa aspiración. Salvo si eres un magnate ruso o similar. Los precios son desorbitados. Es urgente actuar, y la solución pasa por incrementar la oferta de vivienda protegida a precios accesibles. Pero no basta con medidas puntuales -que no están mal-; se necesita un Plan de Vivienda Municipal que perdure en el tiempo y transforme el mercado desde la raíz. No hace tanto que Logroño dispuso de un Plan Municipal de Vivienda que ofertó cerca de 2.000 viviendas protegidas a lo largo de cinco o seis años. Como alguien dijo, la ciudad del futuro no es un lugar sino una idea.

Mateo cree que unos y otros empujan a los ciudadanos a tratar de revivir ‘El Pisito’ -ya saben la película de Ferreri con guion de Azcona-, pero no todo el mundo tiene una casera en las últimas con la que contraer matrimonio y heredar; y tampoco vivimos en 1959 cuando los españoles no contaban con una Constitución que garantizara su derecho a una vivienda digna. ¿No?