El barrio llora el repentino cierre del Mercado de Usera por riesgo en la estructura: “Se ha muerto la vida”
“El Mercado de Usera se mueve. Los tenderos venden y los clientes compran, los productos frescos van de un lado a otro del mostrador y la gente entra y sale y, entre tanto, pasan más cosas. Lecturas poéticas, intervenciones artísticas y cuentacuentos conviven con la actividad natural de una plaza de abastos: las peras de agua bajan, el lomo de buey se mantiene y el precio del pescado fluctúa”. La web del Ayuntamiento de Madrid recoge esta literaria descripción del corazón del comercio de proximidad en Usera. Un trajín que contrasta con la situación del entorno desde el pasado viernes 26 de junio: puertas cerradas, persianas echadas y numerosos carteles con el mismo mensaje: “Mercado cerrado por obras”.
Vecinos y transeuntes se detienen curiosos ante esos anuncios o los de los establecimientos que ofrecen servicios de reparto a domicilio como alternativa. Cuando algún comerciante llega para sacar algo de su tienda, los más curiosos les preguntan qué ha pasado, aunque lo ocurrido empieza a ser una comidilla en el barrio. “Se ha cerrado todo. No sabemos hasta cuándo”, explica el propietario de la panadería Ecuabrasil a una clienta habitual. “Hasta luego y ánimo vecino”, le responde ella con cierto pesar. “Se ha muerto la vida aquí”, lamenta el comerciante en declaraciones a este periódico.
La clausura ha llegado después de de que los responsables de las obras de remodelación en el inmueble, donde se planteaba instalar un espacio gourmet en la planta superior, hayan detectado graves problemas en la estructura de un edificio que data de 1959. “Como ocurre en la rehabilitación de un edificio de esta antigüedad, durante la ejecución de las obras pueden aparecer patologías o incidencias estructurales que no eran visibles inicialmente y que obligan a adaptar los trabajos previstos”, explican fuentes del área de Economía y Hacienda a Somos Madrid. De este departamento depende la Dirección General de Consumo, Hostelería y Comercio, organismo municipal encargado de la coordinación de los mercados municipales.
“El cierre temporal del mercado responde exclusivamente a la necesidad de ejecutar estas obras con todas las garantías de seguridad, siguiendo en todo momento las indicaciones de la Dirección Facultativa, responsable técnica de la obra desde su inicio. Durante este periodo el mercado permanecerá cerrado al público y la actividad comercial está suspendida. Solo accederá al edificio el personal de obra que desarrolla los trabajos necesarios”, aclaran.
Beatriz, vecina de la calle Ampero Usera, cuenta que eran conscientes de que se estaban ejecutando unas obras en la construcción, pero “nadie pensó que iba a encontrarse tan mal”. “Se han dado cuenta de que la estructura está fatal y les llamaron un viernes a las 16.30 para decirles que cerraban al día siguiente y ya no podían abrir”, narra con tristeza. “Les han dicho que la cosa va para seis o siete meses, pero yo creo que será más bien un año o dos. Y espérate que no tengan que tirar abajo el edificio”, especula.
Desde el Ayuntamiento apuntan que “no es posible determinar una fecha de reapertura”, ya que “los plazos dependerán de la evolución de los trabajos”. Avanzan que la Dirección General de Comercio está llevando a cabo “todas las actuaciones necesarias para proteger a los comerciantes afectados y facilitar una solución lo antes posible”, sin aclarar las medidas específicas al respecto. Sí adelantan que “se está trabajando en la búsqueda de un realojo provisional para los titulares de los puestos, en colaboración con los distintos mercados municipales”.
Los titulares de puestos del Mercado de Usera ascienden a 25. “Son ellos, sus trabajadores, sus familias y los vecinos que acuden a comprar en este recinto quienes dan vida al mercado cada día. Nuestro deseo es que puedan reabrir sus puestos y recuperar su actividad lo antes posible, siempre con todas las garantías de seguridad”, recalcan en el Consistorio.
Beatriz cree que algunos serán reubicados en el Mercado Jesús del Gran Poder y lamenta que en los casi 70 años del recinto “nunca se ha llevado a cabo ninguna remodelación”. “Las tuberías estaban podridas y los forjados se venían abajo. Era un peligro”. Comparte además uno de los grandes rumores que corren por el barrio: que los movimientos de tierra para instalar un ascensor de Metro hace unos años, situado a pocos metros del Mercado, pudo influir negativamente en su estabilidad. “En aquella obra era una vibración constante”, recuerda.
Ella venía asiduamente y de entre sus productos destaca los embutidos, la fruta y el pan. “Ahora tengo que desplazarme un poco más para encontrar una buena barra y donde voy no tienen para abastecer a todo el barrio”, dice. José María, otro vecino de Usera, venía sobre todo por la carne y, de nuevo, los embutidos.
“Estuve aquí la semana pasada y venía a comprar”, lamenta. No quiere creerse que el cierre se ha producido por problemas del edificio y augura que “para septiembre habrán reabierto ya, con el nuevo espacio gourmet de arriba, aprovechando que había algunos puestos vacíos”. Su fe es tan inquebrantable como el apego que tiene al lugar: “Vengo aquí dos veces por semana, por lo menos. Es una pena, pero yo creo que no tardarán en volver. No pasa nada, y si pasa le saludamos”, comenta con humor. “Es como lo que han hecho con el Mercado de la Cebada o con el de San Miguel. Está todo estudiado”, concluye.
La realidad, por desgracia, es más dura. Una vecina acompaña a la propietaria del asador El Pollo de Oro, una joven emprendedora que viene a recoger algunos enseres. “Me la llevo a la piscina para que se anime un poco”, cuenta la señora que le echa una mano. “Hay filtraciones de agua y está que se nos hunde”, asegura esta residente. “Querían poner la parte de arriba en plan chino [en la línea del proyecto municipal de Chinatown], pero han visto que está muy mal y hay que apuntalar ya”.
Varios tenderos y la propia administración del mercado rehúsan atender las preguntas de este medio, aunque la Asociación Profesional de Comerciantes del Mercado de Usera lanzaba el jueves un comunicado en sus redes sociales. “A medida que fueron avanzando los trabajos se descubrireron y certificaron patologías estructurales que no eran visibles. Nos llevó a tomar una decisión dolorosa pero coherente con nuestros valores y los informes de los ingenieros. Priorizando la seguridad, se adoptó de forma consensuada la decisión de cerrar nuestras puertas de forma inmediata. Para quienes vivimos de nuestro trabajo no fue una decisión sencilla, ya que en muchos casos es la única fuente de ingresos de nuestro núcleo familiar”, explican. Pese a ello, entendieron que “la protección de vecinos, clientes, comerciantes y trabajadores debía prevalecer”.
Aclaran que las administraciones competentes están estudiando “todas las medidas de apoyo posibles” y piden “paciencia”, ante la falta de “una fecha clara” para la reapertura. Eso sí, hacen gala de cierto optimismo: “Os aseguramos que el Mercado volverá a lucir como el espacio que es, un sitio para todos, orgullo y centro de nuestra comunidad”. Agradecen por último la “comprensión, confianza y apoyo”.
Actitudes muy necesarias en coyunturas realmente dramáticas. Beatriz cita el caso del propietario del Manchego Café Bar, que gracias a su éxito no solo en el barrio sino en redes sociales atraía tanto a habituales del Mercado como a personas que acudían directamente al negocio. “Había comprado locales de al lado para tener más espacio y ahora se ha encontrado con esto”, lamenta la vecina. Una muestra de que, con el cierre, las grietas del edificio han pasado a abrirse en un barrio que se siente huérfano.