Arapiles y Vallehermoso, dos barrios construidos sobre huesos humanos

La mayoría de habitantes de Chamberí no lo sabe, pero cuando pasea por sus calles está pisando el suelo de lo que una vez fue el mayor camposanto de Madrid. Sus calles eran en el siglo XIX los campos de las afueras de la ciudad, el lugar perfecto para enterrar durante décadas a los muertos, cuyo número iba creciendo en una urbe con notable desarrollo económico y demográfico.

Cuatro eran los lugares para sepulturas que poblaban esta zona de Madrid. El más grande de todos, el Cementerio General del Norte, que ordenó levantar José Bonaparte al otro lado de la Puerta de Fuencarral, como medida de salubridad para la capital en lugar de enterrar a los muertos en las iglesias, como se hacía antiguamente. Si hoy subimos por la prolongación de la calle San Bernardo, después de la Glorieta Ruiz Jiménez, veremos una iglesia a la izquierda, Nuestra Señora de los Dolores. Este templo marcaba una de las entradas al camposanto, que se extendía hacia el norte sobre los terrenos que hoy ocupan los edificios de oficinas y el Corte Inglés de Arapiles.

Además del Cementerio del Norte, que había sido diseñado por Juan de Villanueva (el arquitecto del Museo del Prado), en la zona aparecieron otros tres campos para dar cabida a los sepulcros de afiliados a varias archicofradías y sacramentales de Madrid. Fueron el de La Patriarcal, el de San Luis y San Ginés y, más al norte, el de San Martín , San Ildefonso y San Marcos. Todos ellos se pueden apreciar (marcados con el número 59) en este anteproyecto del ensanche de Madrid, de 1861.

Había un camino que recorría las tapias de todos ellos y que era conocido popularmente como el Callejón de los Cementerios, pues discurría desde la calle Magallanes hasta la zona donde actualmente empieza la calle Guzmán el Bueno, junto al Metro del mismo nombre. También lo llamaban Vereda de los Aceiteros, por estar transitado de forma habitual por arrieros que transportaban aceite hasta la capital.

Siguiendo esta vereda, después de pasar el Cementerio General del Norte, se llegaba a la Sacramental de San Ginés y San Luis, el camposanto más interesante desde el punto de vista arquitectónico (obra de Pascual y Colomer) y abierto en 1831. A continuación aparecía el Cementerio de La Patriarcal, dedicado al enterramiento de soldados, funcionarios y sirvientes de la Casa Real. Este era el más pequeño en su zona de nichos, pero el que se establecía sobre el terreno más amplio, donde también se produjeron abundantes sepulturas con tumbas.

El fin de los cementerios de Chamberí

Con la intención de organizar los enterramientos y dar cabida al abundante número de fallecimientos que tenía lugar en Madrid, a finales del XIX la ciudad proyectó construir sendos cementerios en sus laterales. Aunque el del Oeste nunca se llegó a ejecutar, sí que salió adelante el del Este, que ha pervivido hasta nuestros días como el más grande de la capital: el Cementerio de La Almudena. Su apertura en 1884 motivó el cierre oficial de todos los de Chamberí, aunque en algunos se siguieran produciendo enterramientos durante los veinte años posteriores a esa fecha.

La clausura originó un periodo de abandono y unos años que podemos imaginar tétricos si nos imaginamos paseando por estos lugares sin mantenimiento, llenos de tumbas rotas, nichos derruidos, a la espera de un ordenamiento urbanístico que obligara a la exhumación y traslado de todos los cuerpos. Esta situación se hizo notar especialmente sobre los terrenos de La Patriarcal, que empezó a ser conocido como el Campo de las Calaveras, por ser escenario de juegos infantiles de pelota y similares, en los que se acababan encontrado huesos de los allí enterrados décadas atrás. El topónimo alcanzó tal fama que fue utilizado incluso por Fernando Fernán Gómez en uno de sus artículos en el diario ABC.

Hubo un cementerio de Chamberí que resistió al cierre de 1884, tal vez por ser el más alejado. Era el de San Martín, San Ildefonso y San Marcos, cuyo emplazamiento coincide con exactitud con el que actualmente ocupa el Estadio de Vallehermoso. También fue el único cuyos terrenos fueron dedicados a dotaciones y zonas verdes en un distrito que ya desde principios del XX adolecía de parques y equipamientos. El historiador Pedro de Répide solicitaba, en 1921, que se conservaran estos espacios de alguna forma, pero los planes urbanísticos acabaron construyendo edificaciones sobre los otros tres terrenos. Destaca en este aspecto el Cementerio de la Patriarcal, sobre cuya superficie se erigió el actual Parque Móvil del Estado.

¿Viven los vecinos de Chamberí en casas construidas sobre estos camposantos? Pues lo cierto es que unos cuantos sí. Para identificar los edificios que se elevaron sobre los cementerios del distrito, trazamos un plano aproximado de su ubicación, basado en el Anteproyecto del Ensanche de Madrid, publicado en 1961. Es este:

Bibliografía principal:

  • Los antiguos cementerios del ensanche norte de Madrid y su transformación urbana. Jiménez Blasco, Beatriz Cristina. 2008.
  • Ensanche de Madrid: Anteproyecto. Plano General de la zona de ensanche y del emplazamiento y distribución del nuevo caserío. 1861
  • El Campo de las Calaveras. ABC, Fernando Fernán Gómez en ABC