TRIBUNA ABIERTA
Crónica de una mudanza anunciada… ocho años después y con fecha de caducidad en la próxima década: el nuevo Centro de Salud Cea Bermúdez no abrirá hasta 2029
Lo tienen. Después de ocho largos años, ríos de tinta, preguntas parlamentarias que rebotaban como pelotas de goma y una lucha vecinal digna de mejor causa si enfrente tuviera una administración preocupada por el interés general, 23.418 vecinos y vecinas del distrito de Chamberí pueden, por fin, atisbar un futuro. Un futuro donde ir al médico no signifique sumergirse en un sótano sin ventilación, un futuro con luz natural y salas para los profesionales.
El pasado 2 de julio de 2025, la Comunidad de Madrid confirmó lo que para muchos era ya un espejismo: el Centro de Salud Cea Bermúdez se trasladará. Adiós a la “planta baja de un edificio vecinal” con “carencia extrema de salas para los profesionales que condiciona la imposibilidad de desarrollar plenamente la actividad asistencial” que el propio Plan de Inversiones de 2016 describía con crudeza. Hola a un nuevo espacio en la calle Gaztambide, 85 hasta hace un tiempo sede de la Policlínica del Instituto Social de la Marina.
Pero, como en toda gran epopeya, el diablo está en los detalles. O, en este caso, en el calendario.
Porque sí, la victoria es indiscutible. La movilización vecinal, la presión del PSOE tanto con la actuación de la Agrupación de Chamberí cómo en la Asamblea de Madrid y la cesión del edificio por parte del Gobierno de España han obrado el “milagro”. Sin embargo, al ir a soplar las velas de este triunfo, uno no puede evitar quemarse los dedos al leer la letra pequeña de las recientes respuestas del ejecutivo regional.
Apenas unos días después del anuncio triunfal, la Comunidad de Madrid, en su infinita capacidad para gestionar la ilusión, nos ha dado un baño de realidad con sello administrativo.
La pregunta era sencilla: ¿Para cuándo la apertura?
La respuesta, directamente de la Gerencia de Atención Primaria, es una obra maestra del optimismo programado y la paciencia estoica: “se estima que tendrá lugar a partir del segundo trimestre de 2029”. El “sí, pero no” o la geometría variable del tiempo
Tomen aire. 2029. No, no es una errata.
Es decir, hemos logrado el “sí quiero” después de una década de noviazgo tormentoso, pero la boda será... cuando el niño que nació cuando empezó esta reivindicación esté terminando la ESO. Los 22.855 vecinos de 2017, que ya eran 23.418 ayer, tendrán que conformarse con otros cuatro años largos de “imposibilidad de iluminación directa y renovación de aire en algunos espacios” y de profesionales sanitarios haciendo malabares en un espacio que ya era indigno cuando Obama era presidente de Estados Unidos.
¿Las obras de reforma? Son “previas al traslado”, se nos dijo. ¿Su duración? Misterio. Pero si el acta de entrega del espacio se firmó el pasado 7 de abril de 2025 y la apertura se estima para mediados de 2029... saquen sus propias cuentas. Cuatro años de reformas. Para un local. Quizás planeen construir una catedral en lugar de un centro de salud, o tal vez la burocracia viaje a la velocidad de un glaciar.
Para alegría de los futuros usuarios, el nuevo centro no será un parque temático de la salud. En un derroche de innovación, la Comunidad ha aclarado que se prestarán “los mismos servicios que viene prestando en la actualidad”. Menos mal. Uno ya se imaginaba un spa con pedicura o un servicio de zumba, pero no. Serán las consabidas consultas de medicina familiar, pediatría, enfermería y extracciones. Lo de siempre, pero con luz natural... dentro de cuatro años.
Mientras tanto, la maquinaria de la ironía sigue funcionando a pleno rendimiento. No podemos olvidar el lapsus temporal de abril de 2025, cuando la Comunidad respondía a una pregunta parlamentaria diciendo que “se había valorado el traslado a Gaztambide, pero habían surgido otras alternativas”. Lo que omitía decir es que esa valoración ya estaba tan resuelta que diez días antes, el 7 de abril, ya habían firmado el acta de entrega con la Seguridad Social. Una pequeña “confusión” que demuestra que, en ocasiones, la mano izquierda de la administración no sabe lo que la mano derecha ya ha firmado, o quizás prefieren mantener la emoción del suspenso hasta el final.
Así que felicidades, Chamberí. La victoria es vuestra. La presión ha funcionado. El nuevo centro será una realidad. El problema es que el viaje aún no ha terminado; de hecho, apenas estamos en la facturación, esperando la llamada para embarcar en un vuelo que despegará en 2029.
Ahora comienza una nueva batalla: la vigilancia constante para que estos cuatro años de reforma no se conviertan en cinco, para que los presupuestos no se “reajusten” y para que el “segundo trimestre de 2029” no acabe siendo “a partir de 2030, por causas sobrevenidas”.
La salud pública no entiende de décadas de improvisación. Pero mientras tanto, ahí seguirán, en ese sótano sin ventilación, 23.418 vecinos esperando que la luz del final del túnel no sea, esta vez, un espejismo más. ¡Seguiremos informando, presumiblemente, hasta bien entrada la próxima legislatura!