La indignación toma el relevo de Maricarmen y vuelve a su casa desde Sol: “Si ella no pudo, iremos nosotros”

Lourdes Barragán

Madrid —
8 de octubre de 2026 20:15 h

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Una mujer octogenaria pasó sus últimos siete años enredada en juicios y burofaxes; todo por conservar la casa en la entró siendo adolescente. Ese tiempo, sumado al peso de la edad, ha bastado para hundirla en un proceso de desgaste físico y emocional que terminó solo 14 días después de su desalojo, ejecutado al cuarto intento y ante una amplia contestación social. Maricarmen Abascal (1938-2026) ha muerto este miércoles estando aún en el hospital. No había logrado recuperarse del golpe pese a la negociación histórica que llegó después, en la que Urbagestión (actuales propietarios del inmueble) cedió a la presión y permitió volver a casa a una inquilina recién desahuciada, algo insólito según su abogada. Pero ya era tarde. “¡No es muerte, es asesinato!”, se oía gritar a la multitud cuando, pasadas las ocho, se inició el paso.

La de este jueves fue una marcha más silenciosa que de costumbre. Frente a los habituales coros con consignas cada pocos minutos, vistos en otras manifestaciones recientes por Maricarmen o la vivienda, esta noche pudieron oírse algunos cánticos que, en cuestión de minutos, volvían a disolverse. El ambiente era de luto y así lo fue hasta que la marcha cruzó el Palacio de Cibeles, la sede del Ayuntamiento. “¡Ayuso, Almeida, iros a la mierda!”.

En algunos casos, incluso, se oía a la gente chistar cuando alguien alzaba demasiado la voz, algo extraño de ver en una protesta multitudinaria. A las 20.50 de la noche, casi una hora después de la salida desde Sol, la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid contaba unos 20.000 caminantes en la ruta hacia la calle Alcalde Sainz de Baranda.

La noticia de la muerte de Maricarmen se supo el miércoles a última hora. Poco antes de las ocho y media de la tarde, el Sindicato de Inquilinas emitió un comunicado informando del fallecimiento, del que ya había empezado a correrse la voz. “Los acontecimientos desencadenados ante la injusticia de su desahucio sin duda son un antes y un después en la historia de este país [...] El debate de la vivienda está en el centro, pero el coste para llegar hasta aquí ha sido demasiado alto”. Lo señalaba uno de los grupos directamente implicados en la negociación para a huelga general y, hasta poco, también en el mantenimiento de las acampadas. Tenían la confianza de la vecina de 87 años, que incluso pidió su participación en conversaciones con Urbagestión.

En esas primeras consideraciones después de su muerte fueron insistentes: su historia no acaba aquí. La indignación ciudadana que estos días queda al descubierto “cumplirá” con la que, entienden, ha sido una de las principales enseñanzas de Maricarmen; o al menos de las más repetidas en declaraciones a la prensa y alegatos públicos: “Luchad, seguid luchando por lo que es vuestro”.

Guiados por un cordón policial, que formaban una decena de agentes a la cabeza, no era extraño ver caras en llanto, flores o velas e imágenes de Maricarmen, que ya ha transcendido de sí misma. Durante la primera media hora no hubo altercados y todo transcurrió al más puro estilo de una marcha funeraria. En la mitad delantera hacían una fila los miembros del Sindicato de Inquilinas, vestidos de su característico color naranja y entre quienes se pudo ver a Alicia del Río, una de sus portavoces más conocidas.

La repercusión social del caso, que encadena semanas de manifestaciones masivas, ha colmando el vaso de la indignación por la vivienda. El precio de una casa, ya sea en alquiler o en propiedad, vuelve un bien básico un lujo cada vez más inaccesible en España, especialmente en ciudades como Barcelona o Madrid, donde el precio medio ronda los 6.500 euros el metro cuadrado en caso de compra y 23,4 €/m² para el alquiler, según datos recientes de los principales portales inmobiliarios.

Así que, en paralelo a la transformación de la anciana en un símbolo contra el mercado inmobiliario, se ha ido configurando a su alrededor una campaña de desprestigio e informaciones sobre supuestos roces con otros vecinos, o que aluden a su rutina y carácter. “No solo hablan mal de ella sino que, hasta el último minuto, no la han dejado volver a su casa. Si no pudo ella, hoy iremos nosotros”, reseña Pablo, que enciende una vela mientras anda hacia Retiro.

“¡Urbagestion, asesinos!”, lanzaron algunos, y luego todos al unísono, poco antes de cruzar la esquina de la calle de Maricarmen. La marea humana continuó el sentido y, con el primer pie en Alcalde Sainz de Baranda, se acabó el silencio. “¡Maricarmen, no te olvidaremos!”. La gente irrumpió en aplausos y al grito de “vosotros, rentistas, sois los terroristas”. Las palmas, marcando el compás, empezaron a sonar por toda la calle, y lo hicieron más alto aún cuando una riña entre dos hombres tambaleó una protesta serena. “¿Cuánto ha tardado Pedro Sánchez en arreglar la vivienda, cuánto?, espetaba con ironía uno de ellos a un miembro de manifestación, que portaba una bandera palestina.

Al instante, varios se reunieron a su alrededor. “¡Fuera fascistas de nuestros barrios!”, empezaba a corearse. Poco después, se escuchó por primera vez el nombre de la empresa que propició este desahucio.

La movilización pública por Maricarmen ha encumbrado al mismo tiempo al Sindicato de Inquilinas, que ya rebasa su propio récord con más de 5.000 afiliados. Su acompañamiento durante años a la vecina de Retiro, su participación en las acampadas o el desbloqueo de una huelga general, convocada finalmente para el próximo 11 de noviembre, le han convertido en uno de los protagonistas del mes. Aunque recientemente ha ido retirando su implicación en las protestas de Sol, otras plataformas de vivienda, vecinales o políticas presentes desde su estallido han ido cobrando relevancia.

Muchas se han agrupado ahora bajo nuevas siglas: Pucvm, Proceso de Unión de Colectivos de Vivienda de Madrid; una entidad recién creada para coordinar las luchas por la vivienda en los distintos barrios o municipios, ya sea de la capital u otras zonas de la región. Aún hoy mantienen cerca de 2.000 tiendas en mitad de una de las plazas más turísticas del centro.

Poco después de saber que Maricarmen se había marchado sin poder volver a la que fue su casa durante 70 años —y que su familia había alquilado por primera vez en 1956 con un contrato de renta antigua que ella no pudo subrogar—, el Sindicato de Inquilinas llamó a concentrarse este jueves a las 20.00 horas frente a la estatua del Oso y el Madroño, símbolo de Madrid y un emblema en plena Puerta del Sol.

El recorrido anunciado arrancaba desde la acampada por la vivienda y llegaba al número 46 de Alcalde Sainz de Baranda, calle donde Maricarmen residía antes de ser sacada en camilla el mismo día de su desahucio. Una imagen para la historia. “Esa era la casa en la que solo querías permanecer hasta el final”, reseñaron desde el órgano sindical, que ha decidido volver igualmente en una marcha simbólica junto a miles de personas y rumbo a la vivienda donde empezó todo. “Si a mí me agobia el alquiler porque el contrato me cumple el año que viene y tengo a mi madre, que me ayuda, no me imagino lo que esto supone para alguien de casi 90 años”, reflexiona Carla, que ha venido con su pareja con una idea clara: “Esto no puede volver a pasar”. Frente a la casa de Maricarmen, los gritos de “no toleraremos ni un desahucio más” se hicieron cada vez más largos, en una advertencia ciudadana expresada entre silencios, lágrimas o flores; pero también rabia e indignación: “¡Esta España sí me representa, esto sí es patriotismo! ¡Maricarmen vive, y la lucha sigue!”.