Dolor y rabia en la despedida a Maricarmen, símbolo de la lucha por la vivienda: “No toleramos ni un desahucio más”
Poco antes de las ocho y media de la tarde, el Sindicato de Inquilinas enviaba un comunicado que ha dejado a la sociedad española con el corazón helado. Maricarmen, convertida en símbolo de la lucha por la vivienda después de haber sido desahuciada por una empresa especuladora, ha fallecido este miércoles. Ya no podrá volver a su casa del barrio del Retiro en la que vivía desde hace siete décadas. “No son muertes, son asesinatos”. “Maricarmen vive, la lucha sigue”. Centenares de personas se han movilizado desde la asamblea de Sol –corazón neurálgico de las protestas desde el 26 de septiembre– para manifestarse frente al Congreso de los Diputados.
Varias lecheras acordonan la entrada de la sede de la soberanía nacional mientras otros tantos policías vigilan varias entradas y salidas para que los manifestantes no crucen el perímetro policial. El enfado es enorme entre los asistentes. Hay una mezcla de rabia, tristeza, indignación, pena, frustración. “Estoy enfadadísima, la verdad”, explica Aza. “Cuando se echa de su casa a una señora de 87 años, y se muere a los pocos días después, lo único que demuestra [ese hecho] es que la han asesinado quienes la han echado en primera instancia”. “Estoy cabreadísima, me siento muy triste, porque parecía que Maricarmen iba a volver a su casa”, lamenta. “Aunque fuera un parche, daba cierta esperanza, pero la realidad es otra”.
“La realidad es que esta señora ha sido apaleada por los medios, por el Estado, por los fondos buitre y por todos aquellos que han sido cómplices en su asesinato”, afirma la joven. “Porque es un asesinato”, insiste“. ”Asesinos, asesinos“, es otro de los gritos de indignación que se escuchan durante esta noche en la Carrera de San Jerónimo. Sobre las nueve y media de la noche, hay un minuto de silencio en respeto a Maricarmen. La gente extiende las manos y rota rápidamente las muñecas, en señal de homenaje. ”No toleramos ni un desahucio más“, gritan todos ellos, mientras los agentes de la Policía Nacional siguen cerrando el paso.
“A Maricarmen la ha matado el capital”, responde Gema, de 30 años, cuando es preguntada. Esta joven, que se siente muy orgullosa de su generación por haber impulsado este movimiento, cree que el camino lo marca el trabajo de base, siguiendo el ejemplo del Sindicato de Inquilinas. “La única solución es la organización, a corto y largo plazo. En tu barrio, con tus vecinas, con tus amigas”, afirma.
Gema cree que el capitalismo rentista, en este caso, no ha conseguido lo que quería. “Que estemos dormidas”. “Querían hacer que sintiéramos frío ante las desgracias de los demás, y en cambio, estamos más despiertas que nunca, porque lo que le afecta al resto, me afecta a mí también”, añade. Aza coincide en que hay que concebir la vivienda “como un bien social, como algo filosóficamente intrínseco a la vida”. “No puede ser algo que esté completamente desligado de ella y que sea un bien de mercado”, advierte porque, de lo contrario, Maricarmen solo será uno de otros tantos casos que se seguirán repitiendo, agrandando la crisis de vivienda que acaba derivando en una crisis social. “Esto no se puede repetir: jugar con la vivienda es jugar con la vida de la gente”, protesta esta joven.
Alejandra, de 22 años, lleva desde el domingo –un día después de la primera manifestación– protestando. “Estos días han sido muy emocionantes, aunque también estamos cansadas. Seguimos, sobre todo, con fuerza”, afirma. Pese a la lluvia, pese a los intentos de grupos ultraderechistas y neonazis de sabotear la acampada, y pese al paso de los días. Su amiga Irinea, de 26 años, se siente “devastada”, después de haber conocido la noticia del fallecimiento de Maricarmen.
“Siento que esta última semana ha sido bastante cansada. Estamos muy empoderadas pero el cansancio se nota. Y esto ha sido un bajón”, reconoce. La joven siente el peso del paso de los días, como otros muchos jóvenes. “Creo que esto podría ser un punto de inflexión, que nos lleve un poco más arriba porque estos días están siendo duros”, repite. “La han asesinado”, añade y emplaza a las instituciones a la reflexión.
“Las protestas son contra los especuladores, sean de derechas o de izquierdas, contra todos los especuladores que están jodiendo la Comunidad de Madrid y este país”. Alejandra, en la misma línea, cree que una de las enseñanzas del 15M es que “hay que luchar desde los barrios, todas juntas, mediante la organización sindical”, en lugar de crear nuevos partidos políticos que terminen apoderándose de la fuerza social. “Es muy frustrante como persona que está ahí luchando, ver cómo se politiza, no de una manera buena, la lucha”, lamenta, en referencia a la tendencia de la política institucional de sacar rédito a los movimientos sociales.
Desde que el Sindicato de Inquilinas convocara la manifestación del 26S, la vivienda ha pasado a ocupar el debate político. Tanto es así que se llevaron al Congreso de los Diputados dos decretos por la vivienda que se aprobaron en Consejo de Ministros y fueron derogados el pasado viernes –con los votos en contra de PP, Vox y Junts, y también del PNV, en el caso del segundo–. Un nuevo decreto –el que pedía aprobar el Sindicato fue bautizado como Decreto Maricarmen– ha sido aprobado esta semana en el Consejo de Ministros y espera ser convalidado en la Diputación Permanente, después de que Pedro Sánchez haya convocado elecciones generales para el 29 de noviembre.
“Siento mucha pena, mucha tristeza”, dice Alejandra, tras el fallecimiento de Maricarmen. “Lo primero que he pensado es que ella no ha muerto, ha sido un asesinato”. Este es el sentir mayoritario entre las personas que se agolpan esta noche frente al Congreso. “Rentistas culpables, Gobierno responsable”, vuelven a gritar al unísono.
Naiara, de 22 años, cree que hay que seguir “luchando juntas”, en las plazas y en los barrios. “Me gusta mucho que, al menos, por fin nos estén escuchando. No solo se hace ruido desde un lado, desde la izquierda también hacemos ruido”, opina. “Estamos muy enfadadas pero también muy unidas y somos un montón”. A pocos minutos antes de las diez de la noche, la Carrera de San Jerónimo sigue llena. Algunos turistas miran atónitos a su alrededor, sin entender lo que pasa.
En Sol, los acampados han estado achicando agua y arreglando las goteras estos días para poder dormir. “El ambiente está decaído por Maricarmen, pero tenemos ganas de seguir aquí”, asegura Pablo, de 21 años, que añade que estos días han sido “tensos” y “difíciles” por la lluvia. “Aun así, nos hemos organizado bastante bien, arreglando goteras y haciendo comunidad”. “Cuando hay problemas los solucionamos con mediación y con paz. Estamos bastante orgullosos, todo se ha hecho con pacifismo”, explica. Y que él, como tantos otros jóvenes de Sol, sueña con “un cambio de verdad”.