Vía libre a la urbanización del enorme solar de Cuatro Caminos que lleva 35 años paralizado por una estafa
Este jueves, 9 de julio, se ha aprobado en Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid el proyecto de urbanización del API Tiziano-Dulcinea, conocido anteriormente como PERI Tiziano-Dulcinea. Un plan de regeneración urbana dentro del barrio de Cuatro Caminos que lleva 35 años encallado por la quiebra de la primera junta de compensación encargada de desarrollar parte del ámbito, una estafa inmobiliaria y su judicialización durante años. La manzana afectada está delimitada por las calles de Teruel, Dulcinea, Jaén y Tiziano, a orillas de Bravo Murillo
La operación está promovida por la junta de compensación rectora con la supervisión del Área de Obras y Equipamientos. Contará con un presupuesto de 4,8 millones de euros para un ámbito de 22.000 metros cuadrados y se construirán 165 nuevas viviendas (a sumar a las que ya se habían construido a lo largo de la tortuosa historia de la operación). También, dotaciones públicas aún por determinar a falta de ver el proyecto.
Se llevará a acabo la mejora del viario existente y, sobre todo, la conversión de la mayor parte del solar de Tiziano en una plaza pública. Actualmente, el espacio es un enorme vacío de 2.715,14 m2 en estado de abandono. Su calificación urbanística es de zona estancial –aunque en la documentación de hace años figuraba como verde–y está por ver cómo se resolverá en el proyecto o si el espacio público se lleva algún bocado en su configuración final.
El ámbito tiene también –en el planeamiento previo al proyecto– una parcela calificada como dotacional deportivo básico de 1.454,79 m2 en San Antonio y otra más estrecha al otro lado de la misma calle de 712,07 m2, que es dotacional para equipamiento público básico. Habrá que ver en qué se emplean.
La única recreación por ordenador que ha trascendido por el momento no permite saber si estas parcelas permanecen exactamente igual que en el planteamiento de partida o no. Las nuevas dotaciones públicas vendrán a sumarse a la escuela infantil de la calle Tiziano, la única de la operación que llegó a construirse en su momento.
Las novedad más importantes a nivel viario es la apertura de nuevos tramos de calles que llevan décadas parados e interrumpidos por solares. Hay calles que se habrán de prolongar y unir, para lo que será necesario derribar algunas casas. Así sucede con la de San Antonio, que se comunicará con la calle Jaén y con la de Lérida, atravesando para ello la calle de Teruel. Además, la calle de Tiziano, cuyas antiguas aceras aún se ven abandonadas en medio del gran descampado que hay en el centro del área, volverá a tener continuidad hasta la calle de Dulcinea.
La edificación del ámbito se llevó a cabo mayoritariamente hace años, si bien habrá que esperar a que el proyecto sea público para saber dónde irán las 165 viviendas que ha anunciado el Ayuntamiento este jueves. Por el momento, en la imagen que acompaña al anuncio se aprecia un gran edificio con un brazo longitudinal en la parte sur del solar.
La del PERI Tiziano-Dulcinea es una historia urbanísitca con una dolorosa vida detrás y decenas de vecinos afectados que está lejos de cerrarse del todo, a pesar del gran avance que supone la aprobación del proyecto.
El origen del caso hay que buscarlo en la operación de regeneración urbana de la manzana, que comenzó por iniciativa municipal en 1991, cuando el Ayuntamiento la declaró zona de especial degradación y planteó un Plan Especial de Reforma Interna. Se abrió, así mismo, una doble vía para los realojos: la iniciativa pública y la privada, para la que se creó una junta de compensación gestionada por la compañía Courbasa. Las familias cedían sus viviendas o locales a cambio de recibir una casa de protección oficial en el nuevo barrio, mientras que el Ayuntamiento recibía una serie de parcelas para dotaciones públicas.
Todo transcurría con aparente normalidad –y los habituales retrasos– cuando, a principios de los 2000, entró en escena el empresario sevillano Bernardo Martín Moreno y la empresa Somersen, que sustituyó a la anterior e incurrió en un embrollo registral y bancario nunca del todo resuelto, que dejó el ámbito suspendido y abocó a que numerosos vecinos aportantes perdieran sus casas.
El Banco Santander se hizo con los activos después de que estos pasaran por distintas manos y, a la vez, una parte de estos llegó a manos de Blackstone en 2018. El caso agotó su largo recorrido judicial el 30 de octubre de 2024 en el Juzgado de lo Mercantil número 7, lo que ha permitido reactivar la urbanización.
Durante estos años muchos vecinos han luchado en silencio por lo que consideraron un robo, individualmente o agrupados en la asociación APITEDU. Actualmente todavía hay realojos pendientes y el Sindicato Vivienda de Tetuán presentó el pasado 19 de junio los bloques en lucha del ámbito, que, según explicaron, agrupan a unas treinta familias amenazadas de desahucio dentro de diferentes casuísticas.
El proyecto tendrá que pasar ahora a fase de alegaciones y después podrá empezar a andar la urbanización, aunque los mencionados asuntos pendientes auguran que aún queda camino por delante. En todo caso, la noticia es que la ciudad se mueve en este lugar a orillas de Bravo Murillo varias décadas después de haber dejado de ser el viejo barrio de casas bajas que era.