Bosch ensaya la conducción autónoma a 120 km/h en tráfico real
La multinacional Bosch ha comenzado a probar en China sistemas de conducción automatizada de nivel 3 capaces de asumir el control del vehículo a velocidades de hasta 120 km/h. Los ensayos se realizan en Wuxi, en autopistas urbanas y vías rápidas abiertas al tráfico, y buscan comprobar hasta qué punto esta tecnología puede desenvolverse con seguridad en situaciones reales de circulación.
Durante las pruebas, el sistema se encarga de acelerar, frenar y dirigir el vehículo. También puede adaptar la velocidad al tráfico y realizar cambios de carril sin que el conductor tenga que intervenir de manera permanente. La clave está en que no se trata solo de una ayuda avanzada a la conducción, sino de un sistema capaz de asumir temporalmente la tarea de manejar el coche cuando se cumplen unas condiciones determinadas.
Ese matiz distingue el nivel 3 de las funciones de asistencia que ya incorporan numerosos vehículos nuevos. En los sistemas de nivel 2 -los más habituales hoy-, el automóvil puede controlar al mismo tiempo la velocidad y la trayectoria, pero el conductor continúa siendo responsable en todo momento y debe mantener la atención en la carretera. En el nivel 3, en cambio, el coche puede hacerse cargo del manejo durante determinados periodos en tanto que el usuario puede dejar de supervisar constantemente lo que sucede alrededor; eso sí, tiene que estar siempre preparado para recuperar el control cuando el sistema se lo pida.
El salto no convierte al coche en completamente autónomo. La automatización solo funciona dentro de los escenarios para los que ha sido diseñada y validada. A partir del nivel 4, la intervención humana sí puede dejar de ser necesaria en determinadas zonas o situaciones concretas, mientras que el nivel 5 corresponde al horizonte de un vehículo capaz de circular en cualquier entorno sin conductor. La industria, y más aún la legislación, todavía están lejos de ofrecer esta última posibilidad de manera generalizada.
Los ensayos de Bosch permiten observar hacia dónde se dirige, al menos a corto plazo, la evolución tecnológica del automóvil. La prioridad no es ahora eliminar de golpe al conductor, sino ampliar progresivamente las circunstancias en las que el coche puede asumir determinadas tareas por sí solo. Poder hacerlo a 120 km/h y en vías abiertas al tráfico supone elevar considerablemente la exigencia frente a las demostraciones realizadas en circuitos cerrados o a velocidades reducidas.
Para conducir de forma independiente, el vehículo debe conocer con precisión lo que sucede a su alrededor prácticamente de manera instantánea. Cámaras, radares y otros sensores recogen información del entorno y alimentan a los ordenadores instalados a bordo. Esos equipos tienen que reconocer vehículos, carriles, señales, peatones y obstáculos, además de interpretar cómo evolucionará cada situación durante los siguientes segundos.
Ahí entra en juego la inteligencia artificial. Los algoritmos deben identificar los objetos que rodean al automóvil, además de valorar su comportamiento y decidir qué maniobra resulta más adecuada. Un coche que circula delante puede mantener su trayectoria, reducir bruscamente la velocidad o iniciar un cambio de carril, y el sistema automatizado tiene que ser capaz de detectar esas variaciones, anticipar posibles riesgos y responder en un margen de tiempo muy reducido.
Bosch trabaja en buena parte de los elementos que hacen posible este proceso. La compañía desarrolla sensores, sistemas avanzados de asistencia a la conducción, programas dedicados a interpretar el entorno y ordenadores de altas prestaciones para automoción. La integración de todos estos componentes se ha convertido actualmente en uno de los grandes campos de competencia entre fabricantes y proveedores.
Esta carrera tecnológica coincide con otro cambio de fondo en el sector, el avance hacia el llamado vehículo definido por software. Cada vez más funciones dependen de programas informáticos y de grandes capacidades de procesamiento, mientras las actualizaciones digitales permiten introducir mejoras o modificar prestaciones después de que el automóvil haya salido de fábrica.
Seguridad ante todo
La automatización también persigue mejorar la seguridad vial. Una parte muy significativa de los accidentes está relacionada con errores humanos, desde las distracciones hasta una decisión incorrecta o un tiempo de reacción demasiado lento. Los sistemas automatizados pretenden reducir parte de ese riesgo manteniendo una vigilancia constante del entorno y respondiendo con rapidez ante una situación peligrosa.
El reto de hoy consiste en garantizar que esa respuesta sea suficientemente fiable cuando aparecen circunstancias a las que el sistema no se enfrenta frecuentemente. Conducir por una autopista despejada plantea una dificultad muy diferente a reaccionar ante una incorporación inesperada, un vehículo detenido, una obra o un objeto en la calzada. De ahí que la validación en tráfico real se considere una fase esencial antes de extender este tipo de funciones a un número elevado de coches.
La tecnología avanza, además, al mismo tiempo que las administraciones intentan construir un marco legal para utilizarla. España dispone del Programa Marco de Evaluación de la Seguridad y Tecnología de Vehículos Automatizados, conocido como ES-AV, impulsado por la DGT para regular las pruebas de estas tecnologías en vías públicas.
El programa incluye proyectos situados entre los niveles SAE 2 y 5, además de sistemas de conducción remota. Su finalidad es establecer condiciones para autorizar los ensayos, evaluar la madurez de cada propuesta y garantizar que las pruebas se realizan con unas medidas de seguridad adecuadas. A la vez, pretende favorecer que España pueda participar en el desarrollo de una tecnología que concentra inversiones de fabricantes, proveedores y empresas especializadas. Nuestro país, recuerda a este respecto Bosch, ya ha acogido ensayos con autobuses autónomos, lanzaderas automatizadas y otros proyectos piloto en entornos urbanos e interurbanos.
Las pruebas de la multinacional en Wuxi representan otro avance en la progresión hacia la conducción autónoma, toda vez que alcanzar los 120 km/h con automatización de nivel 3 en carreteras abiertas supone acercar esta tecnología a situaciones habituales de desplazamiento por autopista.