El Hospital de Hellín prescinde de su única nefróloga y deja en el aire la atención a cientos de pacientes renales
No habrá nadie sentado en la silla de la consulta de Nefrología del Hospital de Hellín el lunes que viene. Su titular actual, la doctora Sara Piqueras, verá a sus pacientes por última vez este viernes, ya que la gerencia del Hospital le ha comunicado que su contrato no será renovado. De esta manera, este servicio de Nefrología se quedará sin la única médica especialista que trabajaba en él.
Con ello, quedan en el limbo los pacientes que atiende este servicio —577 en 2024—, que en principio pasarán a lista de espera, pues no hay citas agendadas a partir de la semana que viene y ni el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam) ni la gerencia del Hospital de Hellín han ofrecido explicación alguna sobre qué sucederá con el servicio.
Esta situación “preocupa” al Colegio de Médicos de Albacete. Su presidente, Blas González Montero, habla abiertamente de la “desaparición” de la Unidad de Nefrología del Hospital de Hellín y asegura que esto supondrá una “disminución de la calidad asistencial” para los pacientes que eran atendidos en ella.
“Tendremos peor control de los enfermos de riñón: los atenderemos peor y los atenderemos menos veces. Eso repercutirá también en la sobrecarga del servicio de medicina interna de Hellín, que ya tienen bastante. Y, además, esos enfermos que no se vean en Hellín se tienen que valorar en el servicio de nefrología del Hospital General de Albacete”, añade González Montero.
Para protestar contra este cierre, se ha convocado para este jueves una concentración ciudadana en los alrededores del Hospital de Hellín bajo el lema “Por una Sanidad 100% pública”.
34.000 kilómetros de desplazamientos ahorrados
El servicio de Nefrología del Hospital de Hellín comenzó su andadura en enero de 2024. Como única especialista fue designada la doctora Sara Piqueras, quien meses antes había presentado un proyecto para abrir dicha unidad en la localidad albaceteña y así evitar que los pacientes tuvieran que recorrer el trayecto de 50 minutos y 65 kilómetros que los separa de la capital de la provincia, a cuyo hospital tenían que acudir hasta entonces cada vez que tocaba pasar consulta.
Piqueras califica su trabajo como “proyecto asistencial de alto valor”, ya que su puesto permitía “cambiar las cosas” de la enfermedad renal. “Es una enfermedad muy silenciosa y muchas veces no se detecta hasta fases muy avanzadas. El tener esta especialidad cerca podía facilitar que los pacientes llegasen antes a ese diagnóstico a una valoración más integral”.
La doctora proporciona un dato: entre los pacientes que llegan a iniciar diálisis, aquellos que no habían sido valorados por Nefrología durante los 24 meses previos presentan una mortalidad del 51%, frente al 36% de quienes sí habían tenido seguimiento nefrológico.
Aquellos que no habían sido valorados por Nefrología durante los 24 meses previos presentan una mortalidad del 51%, frente al 36% de quienes sí habían tenido seguimiento nefrológico
Por encima de todas las ventajas de tener esta unidad en funcionamiento en Hellín, Piqueras destaca una: no tener que ir hasta Albacete para una consulta de Nefrología. “Es un desplazamiento que supone bastante para la gente de la zona porque la media edad de los pacientes que yo atiendo, es de 65 años. Es una población mayor que es independiente y viven solos, pero que ya no conducen. Desplazarse a Albacete, que tampoco se puede hacer en tren, es difícil para ellos”, añade la médica.
Esos desplazamientos a la capital de la provincia los conoce muy bien Soledad. A sus 52 años, lleva casi 30 siendo paciente de Nefrología. Antes del año 2024, cuando se abre la Unidad en el Hospital de Hellín, tenía que desplazarse hasta Albacete para ser atendida.
“Me acuerdo que, al principio, cuando detectaron que mi riñón era más pequeño de lo normal, tenía que ir a Albacete cada tres meses para tenerlo controlado”. Posteriormente, según la situación se estabilizaba, las revisiones se espaciaron a una cada seis meses y, más tarde, a una vez al año.
“A los viajes a Albacete, como yo no tengo coche, tenían que llevarme mi padre o a algún hermano que perdiera ese día de trabajar. No podemos depender de la familia de que estén perdiendo trabajo para poder subir”, añade la afectada.
Para Soledad y su familia, la creación de la Unidad de Nefrología en Hellín supuso un gran cambio, ya que también su tío y su padre son pacientes renales. “Mi padre está ahí con un hilo para la hemodiálisis y ella lo ha controlado muy bien”, asegura la paciente.
Según cálculos de la propia Piqueras, la aparición de este servicio en Hellín ha ahorrado a los pacientes más de 34.000 kilómetros en desplazamientos hasta Albacete, solo teniendo en cuenta la primera visita.
A la desaparición de la consulta se suma una reivindicación más antigua de los pacientes renales de la comarca: Hellín tampoco dispone de una unidad de hemodiálisis propia. Quienes necesitan este tratamiento —que obliga a acudir a una sesión dos o tres veces por semana— siguen teniendo que desplazarse hasta Albacete, una demanda histórica de la Asociación de Enfermos Renales del área de Hellín (ADERHE). De hecho, las Cortes de Castilla-La Mancha aprobaron por unanimidad en noviembre de 2024 estudiar la creación de un centro de diálisis en la comarca, un compromiso que a día de hoy sigue sin concretarse.
“Nefrología era yo”
Sara Piqueras recibió la semana pasada la confirmación de que su contrato no sería renovado. Ella ya sospechaba que algo no iba bien cuando, a primeros de agosto, le pidieron que no continuase citando a pacientes para septiembre. Fue la puntilla para un servicio que prácticamente solo la tenía a ella como recurso humano.
“Nefrología era yo”, resume resignada, mientras lamenta que no pudiera contar a su lado con un profesional de enfermería para ayudarla en la labor. Pidió formalmente dicho refuerzo, además de la incorporación a corto plazo de un segundo especialista en Nefrología y la asignación de recursos técnicos y administrativos. Nada de eso llegó.
No solo no le fueron proporcionados esos refuerzos que había solicitado, sino que la nefróloga fue reclamada para reforzar el servicio de Medicina Interna, que también sufría falta de personal.
La suma de ambos factores la llevó a una baja laboral entre enero y mayo de este año porque se vio “desbordada”. “Intenté solicitar ayuda por varios medios para tener un soporte mejor y para ofrecer un mejor trato a los pacientes. Como este no llegaba, me vi superada”.
Por eso, Antonio González Cabrera, médico de familia, explicaba en un artículo publicado en este medio que esta realidad asistencial a la que se enfrentaba Sara “ha sido un desgaste profesional sistemático hasta el agotamiento, el abandono presupuestario, sin la dotación comprometida de enfermería, y la posterior no renovación del contrato que le han comunicado”.
Pretender que un proyecto asistencial de alto valor dependa únicamente del esfuerzo individual es una negligencia organizativa que termina penalizando al de siempre: el usuario
González Cabrera sostiene que “pretender que un proyecto asistencial de alto valor dependa únicamente del esfuerzo individual es una negligencia organizativa que termina penalizando al de siempre: el usuario”.
“No se sabe qué pasará con los pacientes”
Desde el Colegio de Médicos de Albacete aseguran que, en los últimos meses, siendo conscientes de este problema, han mantenido reuniones “cordiales y constructivas” con el director gerente del Sescam, Alberto Jara, y con los gerentes del Hospital General de Albacete y del Hospital de Hellín.
“Me consta que el gerente del Sescam tenía toda la información de la evolución de la unidad de Nefrología de Hellín, y me mostró su preocupación también. Lo que ocurre es que solo con buena voluntad no se ha llegado a más”, explica Blas González Montero, presidente del Colegio de Médicos de Albacete, que afirma haber pedido nuevas reuniones con los gerentes de Albacete y Hellín para alcanzar una solución.
Por el momento, ante la falta de una explicación oficial del Sescam y de la gerencia del Hospital de Hellín, ni el Colegio de Médicos de Albacete ni Sara Piqueras tienen claro qué va a suceder a partir del lunes. “Los pacientes están en lista de espera. Así que no se sabe y eso es preocupante, porque tengamos en cuenta que estos enfermos necesitan atención continuada”.
Este medio se ha puesto en contacto con la gerencia del Hospital de Hellín para tratar de obtener su versión de los hechos y conocer cuál será el futuro de su Unidad de Nefrología, sin haber obtenido respuesta en el momento de publicación de este artículo.
“Muchas cosas se quedan en el aire y no sabes las consecuencias que pueden traer. Es mi mayor intranquilidad, porque si lo pienso solo por mí, pues tenemos trabajo más que de sobra en el ámbito médico”, concluye Sara Piqueras, que este viernes se sentará por última vez en la consulta de Nefrología del Hospital de Hellín, sin que se sepa si alguien ocupará su lugar a partir del lunes.
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