Peralveche, el aeródromo republicano que fue un objetivo “muy importante” para la aviación alemana
El río Tajo como frontera, la provincia como campo de batalla. Esa fue la realidad de Guadalajara durante la guerra civil española, en el que este territorio jugó un papel clave para la defensa de Madrid. Y, gracias a ello, fue la provincia donde más aeródromos republicanos se construyeron durante esta contienda, precisamente, para proteger la capital de España de las incursiones del bando franquista.
En total, se llegaron a levantar 17 de estas infraestructuras, que jugaron un papel clave para proteger la retaguardia republicana, tal y como explica el historiador Alfonso José López Beltrán, miembro de la Asociación Española de Historia Militar y autor del libro Mientras aún había tiempo.
“Cuando se inicia la República, hay una etapa de reformas que afecta a toda la sociedad. La reforma educativa, la reforma agraria y también la reforma militar. Se produce una transformación integral del ejército que afecta también a la aviación”, detalla.
Dicha reforma militar, impulsada por el entonces ministro de Guerra Manuel Azaña, sirvió para dar un impulso a la aviación militar de nuestro país. “Y, de hecho, en la Batalla de Guadalajara de marzo de 1937, la aviación va a jugar un papel importantísimo”, añade López Beltrán.
Cuando las tropas italianas avanzaban hacia Madrid por la carretera de Francia —la actual A-2—, sufrieron la que sería una de las derrotas más sonadas del fascismo italiano en toda la contienda: la Batalla de Guadalajara.
“En ella se hicieron vuelos a baja altura para conseguir ametrallar a las columnas italianas que avanzan por la carretera de Francia. Y esa técnica de volar tan bajo nunca se había probado. Se prueba por primera vez en la historia bélica moderna, contemporánea”, cuenta el historiador.
Con casi 40.000 hombres del ejército republicano acuartelados en la mitad de la provincia de Guadalajara y la constatación de que los ataques aéreos suponían una defensa muy efectiva, no es de extrañar que, tras el enfrentamiento de 1937, se construyeran en esta zona los diecisiete aeródromos republicanos mencionados, una densidad sin parangón en la España en guerra.
Peralveche, un recinto muy espiado por la aviación alemana
Uno de esos diecisiete es el ubicado en Peralveche, levantado en la cabecera del Tajo, a apenas unos kilómetros del límite con la provincia de Cuenca. López Beltrán destaca la importancia que tenía este complejo, el cual fue ampliamente vigilado por el bando enemigo.
“De Peralveche hay muchos documentos del año 38 y 39, fotografías de aviones espía de la Luftwaffe”, explica el historiador. “Los alemanes tenían unos aviones que se iban a fotografiar diversos lugares estratégicos del bando republicano, entre ellos los aeródromos. El hecho de que haya tantísima información sobre este lugar, tantos croquis, fotografías aéreas de los alemanes, nos está diciendo que era un objetivo muy importante”.
Aquellos croquis alemanes permiten reconstruir cómo era el recinto. Escondido entre los árboles y cerca de la carretera había un puesto de guardia. Aquellos croquis alemanes permiten reconstruir cómo era el recinto. Aparte de la pista, escondido entre los árboles, había un puesto de control. Un poco más allá, un almacén que hacía de taller. También había una casa de los pilotos, con un refugio antiaéreo muy cerca para que, en caso de bombardeo, “ellos corrieran y se pudieran esconder, pues la vida de los pilotos es valiosísima, porque cuesta mucho dinero entrenarlos y los conocimientos que adquieren son vitales”, detalla el historiador. El elevado número de refugios y polvorines presentes indica, además, que desde allí también se despegaba para bombardear cuando hacía falta.
Pese a la maquinaria de guerra que envolvía el lugar, el día a día en Peralveche estaba lejos del frenesí bélico que uno podría imaginar. “Es como un trabajo, hay tiempo para todo: leer, descansar, comer. El aeródromo está lejos de Madrid, así que no creo que hubiera una actividad bélica frenética”, describe López Beltrán, que también destaca que la convivencia con el pueblo era “muy buena”.
Buena parte de la información tan precisa que manejaba el bando sublevado no llegó por el aire, sino por tierra. La detallaron los espías de la quinta columna, civiles que “comulgaban con las ideas del ejército sublevado, pero que estaban en territorio republicano, y pasaban información”, señala López Beltrán.
Sus fichas recogían con precisión milimétrica las coordenadas del aeródromo, la capacidad de los refugios —para 160 personas—, si el recinto disponía de teléfono o cualquier otro dato que pudiera interesar a quien planeara un bombardeo.
De las tres construcciones principales que documentan los planos alemanes, hoy solo sobreviven ruinas. “Una de ellas ya no existe, solo quedan las piedras, que es el puesto de guardia junto a la carretera. El almacén no tiene tejado y se está cayendo, y la casa de los pilotos está a punto de derruirse”, enumera López Beltrán. Los refugios subterráneos, construidos con vigas de madera, “están en una situación muy crítica”, añade.
“España no sabe explotar su patrimonio bélico”
Ese deterioro sucede, bajo su punto de vista, porque en España no se valora de forma adecuada el patrimonio bélico, lo que conlleva que todos los restos de este tipo languidezcan por falta de mantenimiento. Y las razones, explica, son varias.
La primera es la falta de una dirección que coordine todos estos vestigios desde arriba. “No hay una dirección centralizada única que se dedique a esto. La Guerra Civil fue un hecho histórico importantísimo que creó un trauma nacional y, de alguna manera, falta una dirección nacional que, independientemente de ideología, se dedique a recuperar todos los restos arqueológicos de la guerra”, explica López Beltrán.
A eso se suma que las prioridades de los pueblos van por otro lado. “Las administraciones provinciales tienen otras prioridades. Cuando hay riadas, con el cambio climático cada vez más, se destruyen los caminos, y los pueblos piden ayudas no ya para recuperar los restos que tienen, sino para recuperar los caminos, porque tienen que pasar los tractores”, cuenta el historiador.
Y, por último, hay una cuestión de cultura histórica que, según López Beltrán, en otros países está mucho más asentada. “He viajado mucho por el extranjero por razones de trabajo y te puedo decir que allí se tratan los restos de otra manera totalmente diferente”, apunta. Ahí entra también el argumento económico: “El turismo bélico es una industria muy importante. En Europa, mueve millones y millones de euros. Pero en España no se sabe explotar”, lamenta. “Muchas veces nos vamos de vacaciones, nos vamos a ver cosas muy lejos, y tenemos tesoros aquí, en la provincia”.
Ese desinterés tiene consecuencias muy concretas en Peralveche. Sus refugios no se están perdiendo por una catástrofe ni por el simple paso del tiempo, sino, en palabras del propio historiador, “por inacción”: nadie ha destinado dinero a limpiar los accesos, a consolidar lo que queda en pie ni a señalizar el recinto para que se entienda su valor. Tampoco existe, según López Beltrán, un estudio que catalogue de forma sistemática los diecisiete aeródromos republicanos de la provincia y determine cuáles necesitan actuar primero.
Por eso su propuesta empieza por elegir batallas. “Habría que hacer un estudio de, como hay tantos aeródromos en Guadalajara, escoger una serie para intervenir rápidamente. Entre ellos el de Peralveche. Intervenir en el sentido de recuperar, porque algunos de los refugios están cayendo por inacción. Hay que poner dinero para limpiar refugios, accesos, poner carteles que expliquen la relevancia de esos restos arqueológicos”, propone.
Después, en una segunda fase, llegaría el resto de aeródromos menores, que a su juicio podrían servir “para reivindicar la España vaciada, dinamizar la vida de esos pueblos mediante el turismo”.
Una esperanza que vendría muy bien al pueblo de Peralveche, cuya población, al igual que el aeródromo, ha ido mermando con el paso de las décadas: e los más de 400 habitantes que llegó a tener durante la guerra civil, apenas quedan hoy 52 personas.
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