Una escapada a Ávila para viajar a la Edad Media entre murallas, palacios, juglares y caballeros
¿Te imaginas llegar a una ciudad y encontrarte con una muralla medieval prácticamente intacta, palacios, iglesias románicas y una catedral que también parece una fortaleza? Pues no hace falta viajar muy lejos ni ponerse a buscar un decorado de película. Ávila tiene todo lo necesario para que una escapada de fin de semana se convierta en un pequeño viaje en el tiempo.
Y si además vamos en septiembre, podemos ser testigos de un ambiente aún más auténtico: del 3 al 6 de septiembre, las calles del casco histórico acogen las Jornadas Medievales, cuatro días en los que la ciudad se llena de artesanos, músicos, caballeros, campamentos, espectáculos y personajes de otras épocas. Es el Mercado de las Tres Culturas, una de las grandes citas del calendario abulense y una celebración declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.
La propuesta es sencilla: aprovechar las Jornadas como excusa para visitar Ávila, pero no quedarnos solo en ellas. Porque aquí hay mucho que ver, vayamos cuando vayamos: podemos caminar por la muralla, entrar en palacios e iglesias, seguir las huellas de Santa Teresa, descubrir alguna que otra historia curiosa, contemplar la ciudad desde los Cuatro Postes y sentarnos después a probar unas patatas revolconas o unas buenas yemas, como manda la tradición.
La muralla es solo el principio
Empezar la visita por la muralla es casi obligatorio. No solo porque sea el gran símbolo de Ávila, sino porque caminar sobre ella ayuda a entender de golpe cómo era aquella ciudad medieval que hoy seguimos recorriendo. La construcción que vemos actualmente es del siglo XII y suma unos 2,5 kilómetros de perímetro, 87 torreones y nueve puertas. Se puede subir a diferentes tramos y recorrerla mientras descubrimos la ciudad desde las alturas.
Pero lo bueno es que, una vez intramuros, la visita no ha hecho más que comenzar. Ávila está llena de palacios y casas fuertes levantados entre finales del siglo XV y el XVI, cuando la ciudad vivió una época de gran poder nobiliario. El Palacio de los Verdugo, el de Polentinos, el de Superunda o el de los Dávila son algunos de los que podemos encontrarnos mientras paseamos por el casco histórico.
Y luego está la catedral, que merece una parada aparte. Considerada la primera catedral gótica de España, fue concebida también como fortaleza y su ábside forma parte de la propia muralla. A poco que levantemos la mirada descubriremos además detalles curiosos, como la casa del campanero situada en una de sus torres. Y si queremos seguir con el patrimonio religioso, la basílica de San Vicente es una de las grandes joyas del románico abulense. Entre unas cosas y otras, también nos iremos cruzando con las huellas de Santa Teresa, que nació en la ciudad y dejó aquí numerosos lugares vinculados a su vida.
Y durante cuatro días, la ciudad viaja en el tiempo
Todo esto ya sería motivo suficiente para acercarse a Ávila, pero hacerlo entre el 3 y el 6 de septiembre tiene un añadido importante. Durante las Jornadas Medievales el casco histórico se llena de actividad y buena parte de la ciudad se convierte en un gran escenario. El Mercado de las Tres Culturas ocupa calles y plazas con puestos de artesanía y gastronomía, mientras músicos, juglares, cetreros, caballeros y todo tipo de personajes se mezclan con quienes han llegado para disfrutar de la fiesta.
La ambientación empieza incluso antes de que uno se detenga a buscar una actividad concreta. El programa de 2026 anuncia pasacalles de gran formato, músicos y danzas árabes, personajes fantásticos, bufones, malabaristas, zancudos, espectáculos de fuego, títeres, cuentacuentos y juegos infantiles, entre muchas otras propuestas. Lo mejor, en realidad, es dejarse llevar un poco y recorrer el mercado viendo qué aparece en la siguiente calle.
Eso sí, hay algunas citas que merece la pena tener controladas. Una de las más llamativas será la de la compañía francesa Rouge Sauvage, que llevará por las calles sus marionetas articuladas Tendrá varios pases durante el viernes, el sábado y el domingo en la calle de San Segundo. Y el sábado a mediodía llegará uno de los momentos más esperados, el Gran Desfile de las Tres Culturas, que recorrerá diferentes calles del centro histórico.
También habrá espacio para los clásicos de cualquier viaje a la Edad Media: caballeros, arqueros y torneos. En la zona de San Isidro se instalará la liza de los combates a caballo, mientras que en los Jardines de San Vicente estará el campamento de los arqueros, con entrenamientos, exhibiciones y un gran torneo de tiro con arco. El sábado incluso habrá lanzamiento de flechas desde la propia muralla.
Y cuando caiga la noche, las Jornadas tampoco descansan. El programa incluye conciertos de música medieval y celta, espectáculos de fuego y propuestas como La Orden del Umbral Oscuro, que recorrerá la calle de San Segundo y el Paseo del Rastro en varios pases nocturnos. El domingo, Brujos del fuego pondrá el punto final a buena parte de la programación escénica.
Las Jornadas Medievales son posibles gracias a la masiva participación popular. Hay concursos de atavíos, fotografía, escaparates y fachadas, y hasta una Carrera de las Tres Culturas para los más pequeños. Así que no hace falta ser un experto en historia medieval ni llegar con una capa bajo el brazo para disfrutar de la fiesta. Aunque, viendo cómo se implica la ciudad, tampoco sería tan mala idea.
Los pequeños detalles también cuentan
Entre tanta muralla, catedral y espectáculo es fácil quedarse con los grandes nombres, pero Ávila también se disfruta cuando empezamos a fijarnos en esas cosas que normalmente pasan desapercibidas. Una de ellas está, precisamente, en la catedral: la casa del campanero. Se encuentra en las alturas de la torre que nunca llegó a completarse y fue la vivienda de quien se encargaba de las campanas hasta los años 50 del siglo XX. Conserva habitaciones, cocina, chimenea y hasta la antigua polea que servía para subir agua y alimentos.
Otro pequeño descubrimiento son los verracos. Estas esculturas de animales fueron realizadas por los vetones siglos antes de que existiera la Ávila medieval y se han convertido en uno de los símbolos de la ciudad. Hay más de 50 repartidos por la provincia y algunos aparecen escondidos a simple vista por el casco histórico, en lugares como el Palacio de los Verdugo, la plaza Adolfo Suárez o la calle Brieva.
Y entre las historias que merece la pena conocer está la de Ximena Blázquez. Según cuenta la tradición, cuando Ávila quedó prácticamente desprotegida ante un posible ataque musulmán, reunió a las mujeres, mayores y niños que permanecían en la ciudad y los hizo aparecer sobre la muralla ataviados como soldados. Los atacantes creyeron que la ciudad estaba mucho mejor defendida de lo que parecía y desistieron del asedio. Por ello, hoy una estatua en la plaza de San Miguel recuerda aquella historia.
Una última mirada a Ávila desde los Cuatro Postes
Después de recorrer la ciudad por dentro, merece la pena salir un momento del recinto amurallado. Cruzando el puente sobre el Adaja llegaremos hasta el Humilladero de los Cuatro Postes, uno de los mejores lugares para contemplar Ávila al completo. La tradición cuenta que hasta aquí llegaron de niños Santa Teresa y su hermano Rodrigo cuando pretendían marcharse hacia el sur, aunque lo realmente importante para el viajero es la panorámica: desde aquí se entiende mucho mejor la dimensión de la muralla y cómo encaja la ciudad en el paisaje.
Y, después de tanto paseo, toca sentarse a comer. El chuletón de ternera Avileña-Negra es probablemente el plato más conocido, pero no debería ser el único. Las patatas revolconas, la sopa castellana y las judías del Barco de Ávila forman parte también de la cocina tradicional, mientras que las Yemas de Santa Teresa ponen el toque dulce. Durante las Jornadas, además, el propio mercado añade puestos gastronómicos a la experiencia.
Porque esa es, al final, la gracia de esta escapada: Ávila no necesita inventarse una ciudad medieval para recibirnos. La muralla, las iglesias, los palacios y buena parte de sus calles ya están ahí. Las Jornadas Medievales simplemente añaden durante cuatro días personajes, música, caballeros, mercados y espectáculos, sirviendo de excusa para visitar una ciudad que ya tiene mucha historia que contar.